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Preguntó la mula Linda hace unos días a su amigo el buey Sócrates:  —Oiste, hombe Sócrates, ¿por qué la gente está tan alborotada con eso que llaman elecciones? – Era este uno de esos días en los que, luego de haber terminado la jornada de trabajo, Linda y su amigo Sócrates generalmente dedicaban un tiempo a hablar de las cosas de la vida, aprovechando las horas de reposo y tranquilidad de la incipiente oscuridad. Los rayos de una luz moribunda dibujaban aun la tenue mancha luminosa del sol de los venados sobre las lejanas praderas situadas al costado sur del rio San Juan.

– ¿A qué viene esa pregunta, hombe Linda? – respondió Sócrates con curiosidad. La mula se tomó unos segundos para aclarar sus pensamientos: – Sucede, hombe Sócrates – dijo Linda pensando cada una de sus palabras — que en estos últimos días he escuchado cada vez con más frecuencia a mis hermanos los humanos tener fuertes discusiones, en las que hablan de asuntos que llaman partidos políticos, así como también de unos señores y señoras dizque muy importantes que llaman candidatos, acerca de cómo ellos prometen gobernar, si es que la gente les da su voto. Lo que más me ha asombrado es el sesgo tan agresivo que con frecuencia toman esas discusiones, con agrias confrontaciones dentro de las cuales afloran manifestaciones de odio o también de admiración (casi de sumisión) incondicional según de qué personaje estén hablando; cosas incomprensibles para los animales como nosotros. Incluso hasta llegar a pelearse entre sí. ¿Me podés explicar eso, amigo filósofo?

No era fácil explicarle a Linda – pensó Sócrates –, de manera comprensible, esas cosas que ocurren entre los hermanos humanos, algo tan ajeno y extraño para la mentalidad de los animales. De todas formas, decidió que haría el esfuerzo. — Vea hombe Linda – empezó el buey; las palabras salían de su mente como la suave corriente del agua que brota del manantial cercano, cuyo sonido le da a los montes, matorrales y cafetales de los que está rodeado el ambiente de paz propicio para hablar de estos temas. – Lo primero que tengo que decir es que la palabra Política tiene un sentido muy hermoso y positivo. La gente dice que Política es el arte de gobernar, y gobernar significa dirigir un país, un departamento, o un municipio como este en el que vos y yo vivimos, con el objetivo de garantizar que todos los miembros de la comunidad (país o región) dispongan de los medios necesarios para lograr la satisfacción de sus necesidades, así como las oportunidades para crecer tanto intelectual como materialmente y poder construir su proyecto de vida como individuos, como familia y, desde luego, como comunidad –. Aparte de lo anterior – continuó Sócrates – la política tiene un componente adicional de mucha importancia: la facultad que tienen los ciudadanos y ciudadanas de elegir con su voto a quien los va a gobernar y de ejercer control sobre la manera como el gobernante, una vez elegido, lleva a cabo su gestión. A esto se le llama democracia, que es lo mismo que decir que es el pueblo el que tiene el poder. ¿Lo entendés, Linda? –. Las orejas de la mula, orientadas hacia los ojos de Sócrates, le indicaban al buey que Linda seguía con mucho interés su explicación.

Algo, sin embargo, le decía a Sócrates que su explicación no había sido tan completa como él lo pensaba. – Qué es lo que no entendés, hombe Linda – preguntó por fin. – Vea hombe Sócrates – dijo Linda –, si Política es algo tan bello y tiene una finalidad tan bonita, ¿cómo es que eso termina convertido tantas veces en motivo de odio, peleas y agresión mutua entre los humanos cuando hablan del tema? Viendo la manera como se comportan nuestros hermanos, me parece que sin la política estarían mucho mejor. Fijate que nosotros, que no tenemos presidentes, gobernadores ni alcaldes, vivimos en paz. Entre nosotros no hay odios, respetamos nuestro instinto; nos limitamos a vivir siguiendo las leyes que nos dio la naturaleza y me parece que de esa forma somos felices.

¡Las palabras de la mula cayeron en la mente de Sócrates como un mazazo en la cabeza; un extraño escalofrío recorrió, desde la cabeza hasta la cola, su espinazo! ¿Cómo explicar ahora que, si bien los humanos tienen algo que se llama capacidad de raciocinio, que se materializa en una facultad llamada conciencia y libertad para usar la herramienta de la Política como mecanismo de desarrollo humano, también tienen la libertad para utilizar su potencial a fin de hacerse daño mutuamente, para promover el odio y oprimir al más débil cuando de satisfacer intereses propios se trata? ¿Cómo explicarle que una de esas herramientas nefastas es, precisamente, el uso equivocado de la Política (la politiquería), como estrategia para acumular riquezas y poder, ya individualmente o como grupos de interés y que eso genera odio e incluso violencia?  Linda bajó las orejas y desvió su mirada hacia la Cordilleras del Citará. Evidentemente había puesto a su amigo en una situación muy difícil, pero sabía que Sócrates le daría las respuestas y que estas se las tendría en los días siguientes, talvez dentro de un nuevo atardecer. Algo similar pensó Sócrates. Ambos se conocían lo suficiente como para adivinar sus pensamientos solo con mirarse a los ojos. Por ahora, cada uno tomó su lugar en el pequeño rellano del potrero y se dispuso a pasar la noche, al arrullo de los grillos, el croar de las ranas y a la vista fantástica del vuelo de las luciérnagas. La sesión no había terminado, solamente había quedado suspendida y Sócrates sabía que le debía muchas respuestas a su amiga Linda.



Por Rubén Darío González Zapata 
Nacido en la vereda La Lindaja 
Corregimiento Alfonso López 
(San Gregorio) - Ciudad Bolívar

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