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Dos acontecimientos recientes nos invitan a reflexionar sobre el presente y el futuro de nuestra región. El primero tiene que ver con la historia de EL SUROESTE y los reconocimientos que acabamos de recibir. El segundo, con la participación democrática de miles de ciudadanos del Suroeste que acudieron a las urnas para elegir al nuevo presidente de Colombia.

Hace unas semanas recibimos tres reconocimientos que nos honran profundamente: la Ordendel Congreso de Colombia en grado de Comendador, la Orden al Mérito Cívico y Empresarial Mariscal Jorge Robledo de la Asamblea Departamental de Antioquia y una exaltación de la Alcaldía de Amagá.

Cuando llegamos a la edición número 100, en el año 2013, también recibimos una distinción del Congreso de la República. En aquel momento nuestro padre, Álbaro de J. Valencia Cano, recibió la Orden de la Democracia Simón Bolívar de la Cámara de Representantes. Durante su intervención recordó que provenía de una familia de campesinos, soñadores y librepensadores; destacó las enseñanzas de sus padres sobre el trabajo, la escucha, la conciliación y la confianza, y reconoció en sus maestros el amor por el estudio, la búsqueda de la verdad y el compromiso social. También compartió una reflexión sobre el periodismo que hoy conserva plena vigencia: más allá de las transformaciones tecnológicas, la humanidad siempre necesitará “contadores de historias, magos de la palabra, investigadores y conocedores de la realidad social”.

Tras la partida de nuestro padre asumimos el compromiso de continuar el proyecto que él soñó y construyó durante tantos años. Trece años después de aquella primera distinción del Congreso, estos nuevos reconocimientos nos animan a seguir trabajando con el mismo rigor, la misma pasión por la región y la misma convicción de que el periodismo contribuye a la construcción de ciudadanía.

Si algo nos ha enseñado el periodismo es que una sociedad se fortalece cuando sus ciudadanos participan, se informan y dialogan. La reciente jornada electoral es una muestra de esa confianza: la confianza de miles de ciudadanos que siguen creyendo en el voto como el camino para decidir el presente y el futuro del país.

Hace cuatro años, durante la segunda vuelta presidencial de 2022, 150.267 habitantes del Suroeste antioqueño acudieron a las urnas. En aquella ocasión, Rodolfo Hernández obtuvo 112.350 votos en los 23 municipios de la región, mientras Gustavo Petro alcanzó 32.928. El resultado nacional ya lo sabemos: Petro fue elegido presidente de Colombia con 11.281.013 votos frente a los 10.580.412 obtenidos por Hernández.

Este año, 173.219 ciudadanos participaron en la segunda vuelta presidencial en los 23 municipios del Suroeste antioqueño, cerca de 23.000 más que en la segunda vuelta de 2022 y más de 18.000 por encima de la primera vuelta presidencial de este año. Además de los 126.993 votos obtenidos por Abelardo de la Espriella y los 41.453 alcanzados por Iván Cepeda, se registraron 2.834 votos en blanco, 1.444 votos nulos y 495 tarjetas no marcadas. Con un potencial electoral de 313.913 ciudadanos, la participación alcanzó el 55,18 %.

En el país, según datos del preconteo, De la Espriella obtuvo 12.959.542 votos frente a los 12.708.712 alcanzados por Cepeda. En esta ocasión, la candidatura respaldada mayoritariamente por los electores del Suroeste coincidió con la que obtuvo la victoria presidencial.

Los resultados nacionales muestran un país profundamente dividido. La diferencia entre las dos candidaturas fue estrecha y evidencia que millones de colombianos tienen visiones distintas sobre el rumbo que debería tomar el país. Precisamente por eso, la democracia nos plantea un desafío más complejo: seguir aprendiendo a convivir después de los resultados. Ningún gobierno podrá responder por sí solo a todos los desafíos del país. Tampoco ninguna región puede construirse desde la exclusión o el enfrentamiento permanente. El respeto por quien piensa distinto sigue siendo una condición indispensable para la vida democrática.

Durante 21 años, desde EL SUROESTE hemos promovido la participación ciudadana, el diálogo y el acceso a la información. Por eso valoramos especialmente estas jornadas electorales en las que miles de personas deciden involucrarse en los asuntos públicos. Una democracia fuerte no se mide únicamente por quién gana una elección, sino por la capacidad de sus ciudadanos para participar, vigilar, proponer y construir colectivamente el futuro.

Los reconocimientos que hemos recibido nos recuerdan la responsabilidad de seguir aportando a esa conversación pública. La participación ciudadana en las urnas nos recuerda por qué vale la pena hacerlo. Ambos hechos, aunque distintos, tienen algo en común: son expresiones de confianza. Confianza en las instituciones, confianza en la democracia y confianza en el valor de una ciudadanía informada y comprometida.

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