En el Suroeste antioqueño, un territorio atravesado por montañas, ríos y múltiples formas de habitar, pensar el ambiente es también preguntarse por las decisiones humanas que lo transforman. Esa fue la base de la más reciente sesión de la Cátedra Suroeste, un espacio de investigación y creación del Colegio Nueva Paideia.
“No se trata solamente de un desarrollo individual de los estudiantes, sino de un desarrollo para la subregión. Nos pensamos como un centro de pensamiento del Suroeste antioqueño”, explicó Jorge Andrés Londoño, profesor de Ciencias Sociales.
La conversación se centró en los impactos ambientales de las actividades humanas. Algunos visibles, como la minería; otros más naturalizados, como la agricultura o la ganadería. De fondo, una pregunta constante: qué significa realmente el desarrollo en un territorio como el Suroeste.

Ecosistemas en diálogo
Uno de los momentos centrales fue la presentación del proyecto estudiantil Notiambiental 2, un noticiero realizado por estudiantes, que en esta entrega documentó distintos ecosistemas del Suroeste, entre ellos territorios clave como los Farallones del Citará, una cadena montañosa ubicada en la cordillera Occidental entre Antioquia y Chocó, considerada un núcleo hídrico de la región y visible desde municipios como Andes, Betania y Ciudad Bolívar. También la reserva Las Orquídeas en Jardín, la cuenca del río San Juan, el Salto de los Monos en Pueblorrico y distintos escenarios asociados a la actividad minera en municipios como Támesis, Jericó y la Cuenca de La Sinifaná.
“Los estudiantes fueron los primeros en hablar, presentando sus investigaciones y respondiendo a provocaciones que iban ampliando la conversación”, señaló el profesor Londoño.
Entre el arte, la ciencia y el territorio
La discusión no se quedó en lo técnico. También hubo espacio para el arte como forma de pensamiento.
Sara Betancur y Sebastián Villegas compartieron experiencias que conectan creación artística y territorio, incluyendo procesos con comunidades mineras artesanales. Desde ahí, el arte apareció como una manera de leer los impactos sociales y ambientales.
Por su parte, Nicolás Pinel, director del Observatorio de Suelos y Ecosistemas del Suroeste -OSESA, una iniciativa liderada por la Universidad EAFIT, centró su intervención en el suelo, uno de los elementos menos visibles del debate ambiental:
“El suelo del Suroeste es especialmente rico por su geología, pero nuestras prácticas agrícolas, especialmente el uso de químicos, están acelerando su degradación”.
Preguntas abiertas
El cierre no buscó conclusiones definitivas, sino abrir nuevas preguntas. Entre ellas, una que atravesó toda la conversación: ¿es posible una minería sostenible? Además, quedó planteada la necesidad de revisar críticamente el concepto mismo de desarrollo, explorar sus alternativas y las prácticas que se han vuelto cotidianas: «cuestionar lo que hemos naturalizado, como la forma de hacer agricultura, es parte del camino”, explicó el profesor Londoño.
Otra idea que atravesó el encuentro fue la relación directa entre la forma de vida humana y la transformación del entorno. No sólo desde lo ambiental, sino también desde lo social y cultural.
“Los estudiantes entendieron que hay una conexión muy fuerte entre cómo vivimos y cómo se transforma el entorno del que dependemos”.
Lo que sigue
Más que cerrar el tema, la Cátedra Suroeste deja abierta una línea de trabajo. La próxima sesión, programada para el 12 de junio, abordará la multiculturalidad en el Suroeste antioqueño, con énfasis en los pueblos indígenas, especialmente las comunidades embera.
En un territorio donde confluyen múltiples formas de vida, la pregunta por la tierra sigue siendo, en el fondo, una pregunta por nosotros mismos.
Iniciativas como Cátedra Suroeste aportan a la construcción de pensamiento propio, conectan a los jóvenes con su territorio y abren conversaciones que no siempre encuentran lugar en otros escenarios.





