Han pasado más de dos semanas desde aquella mañana del 10 de agosto en la que el terremoto sacudió buena parte del país. El movimiento terminó en cuestión de minutos, pero para muchas familias y comunidades todavía no ha sido posible volver a la normalidad.
El Suroeste fue la región más afectada de Antioquia. Aquí, en Támesis, se registró la única víctima mortal que dejó el terremoto en el departamento: Rafael Toro, de 73 años. A su muerte se sumaron viviendas destruidas o averiadas, familias evacuadas y daños en escuelas, templos, edificios públicos, bienes patrimoniales y redes de servicios en distintos municipios.
Los primeros días fueron los de la emergencia: recorrer los territorios, identificar los daños, evacuar las viviendas en riesgo, restablecer servicios y atender las necesidades más urgentes. Pero cuando pasan los primeros días, disminuye la atención sobre la emergencia y comienzan otros tiempos, menos visibles y mucho más largos: los de reparar, reconstruir y recuperar.
No se trata solamente de reparar paredes, levantar techos o reconstruir edificaciones. Se trata también de recuperar la tranquilidad, la cotidianidad y la posibilidad de habitar nuevamente los lugares que hasta esa mañana parecían seguros. Es, en ese sentido, un tiempo para volver. Un regreso que no será inmediato ni igual para todos. Habrá quienes puedan hacerlo pronto y quienes tengan por delante meses de espera; lugares que podrán repararse y otros que tendrán que levantarse de nuevo. Incluso habrá pérdidas frente a las cuales volver significará, inevitablemente, empezar de otra manera.
En ese camino también ha aparecido una respuesta que conocemos bien en nuestros municipios: la solidaridad. Han surgido iniciativas comunitarias, aportes ciudadanos, empresariales e institucionales y distintas formas de acompañamiento a las familias afectadas. Andes y Ciudad Bolívar han mostrado ejemplos visibles con jornadas que lograron movilizar recursos, mientras desde distintos municipios del Suroeste han salido caravanas con ayudas hacia comunidades del Chocó. La respuesta solidaria ha traspasado así los límites de cada municipio e incluso los de nuestra propia región. Una emergencia de esta dimensión también pone a prueba nuestra capacidad de acompañarnos y de responder colectivamente.
La solidaridad, tan valiosa y necesaria, no puede reemplazar la responsabilidad de los gobiernos. A las administraciones municipales, a la Gobernación de Antioquia y al Gobierno Nacional les corresponde garantizar que los censos se conviertan en soluciones, que los recursos anunciados efectivamente lleguen a los territorios y que las familias afectadas encuentren respuestas más allá de la atención inicial de la emergencia.
Los próximos meses serán también un tiempo para hacer seguimiento: a las viviendas que deben repararse o reconstruirse, a las familias que tuvieron que salir de sus casas, a las instituciones educativas afectadas y a la recuperación de templos, edificios públicos y bienes patrimoniales. Porque la respuesta no puede medirse solamente por lo anunciado después del terremoto, sino por lo que finalmente logre recuperarse.
Por supuesto, este también es un tiempo para volver a apreciar y agradecer: la vida, el hogar, nuestros pueblos, lo que hemos construido y a quienes tenemos cerca.


