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Por Cristian Alejandro Agudelo Sánchez
Colaborador municipio de Amagá

Hay momentos en que la emoción se desborda superando a la expectativa, en ello, no sólo se proyecta un deseo que nos sobrepasa, sino también la inmensidad misma, parece un dato curioso, que aún en estas épocas nos cueste tanto reconocer nuestro tamaño comparados con la naturaleza y el universo. La sociedad actual e instrumental ha convertido al hombre moderno en reflejo de estereotipos y vanidades, privándonos de las relaciones sensibles, cercanas con la consciencia del bien-estar tanto para nuestra especie, y la de otros seres, así mismo como el cuidado de la casa común.

Me asalta tantas preguntas producto de mis dudas, y la convergencia de pensamientos que han sido mediados por esa casa de los libros, la biblioteca; desde mis tempranos años de infancia, en los cuales pude descifrar el lenguaje escrito, quizás porque en cada uno de ellos, los libros, me ayudaban a evadir por instantes la realidad, los conflictos humanos que desgarran profundamente, y que nos amenazan con la latente “crisis” de la extinción. Es cierto, pocas veces logramos advertir el flujo y contra flujo de la vida, en el reflejo de nuestro verdadero ser, el rostro que, proyectado en el agua, esta última haciendo las veces de espejo, nos devuelva al menos una sonrisa que no fuere impostada para poder continuar.

Schopenhauer, retomará de Aristóteles, el filósofo clásico, el concepto de la Eudaimonía “Felicidad”,  para el pensador alemán se trata de la ausencia de dolor, introduzco este pensamiento de una forma nominativa, para percibir mis emociones con lo que a continuación introduciré, una narrativa en torno a cómo las emociones selectas tocan nuestro espíritu en la conmemoración de un momento esperado, y así nos capturan nuestros sentidos y demás; más que dirigir un tratado filosófico en las líneas que prosiguen, por objeto de lo que produce la reflexión en cuanto al anterior tópico, la felicidad como una ausencia de dolor.

Quiero recordar en mi ser, que las percepciones de la realidad también son alteradas de acuerdo al estado en que nos ubiquemos, anular el dolor como presupuesto es como quitarle a la vida esa posibilidad de cuidado, o esa necesidad de reconocer nuestra finitud ante la pérdida o el vacío. Pero no siempre, nuestras afugias terminan en soledad, también a veces nos procuramos brindar sentido a nuestras luchas personales, a exaltar incluso el esfuerzo que otras personas han hecho antes que nosotros. La noche del pasado viernes 20 de febrero de 2026, es esta narrativa de la que deseo hablar, mientras en un acto solemne se reinauguraba la Biblioteca Pública Municipal Emiro Kastos, y los cambios notorios en sus instalaciones tras cerca de (3) meses de haber iniciado la obra, el abrir de nuevo sus puertas a la comunidad fue una sensación indescriptible. Los lugares como este, van guardando las edades del mundo, todo forma parte de esa aleatoriedad que nos entre cruza entre el ir y venir, comprendiendo que todo en su estructura orgánica termina por desaparecer, pero los libros parecen esquivos ante ese hecho, aún llenos de polvo, o sobrevivientes a incendios como lo ha marcado la historia, se resisten como las 7 vidas de un gato a sortear el tiempo y el olvido. Visitar una biblioteca, es transportarse a muchos espíritus que nos han habitado sin siquiera notar su presencia física, apreciar la nueva imagen renovada de la biblioteca adentrar-se en ella, no sólo para advertir un cambio, una trasformación en su área física, sino también, para sentir el aire fresco que imperceptible a la vista, acompaña gratamente los pasos de quiénes trasponen sus umbrales, cuando se desplazan a cada uno de los espacios existentes, y la disposición de conocer los nuevos.

Aquella noche, entre el brindis y la alegría de personas con quiénes se compartía, el acto público que confluía en medio de singulares detalles, las luces y los centros de mesas, algunas mariposas amarillas y hojas de un libro que ya deshojado por el paso del tiempo, pendían de las lámparas que iluminan la estancia, esto sumado al corte de la cinta, me llevaron a estar en silencio, y absorto en mis pensamientos. Cuando termine de hacer algunas menciones al escritor del que acogemos su nombre para dar vida a este espacio, Emiro Kastos. La realidad se me alteró un poco y recordé aquel célebre cuento del escritor argentino Jorge Luis Borges, titulado La Biblioteca de Babel, allí su autor imagina un universo compuesto por una serie indefinida de galerías y estanterías hexagonales que contienen todos los libros posibles, además de la reproducción de una serie de premisas que se perciben tales como lo que ya se escribió, lo que se escribirá y cada combinación absurda de letras. Borges, percibe la biblioteca como el cosmos, pero es un cosmos asfixiante, caótico y, de algún modo inabarcable para el conocimiento y capacidad humana:

“El universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un universo indefinido, y tal vez infinito de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas bajísimas. Desde cualquier hexágono, se ven los pisos inferiores y superiores: interminablemente. La distribución de las galerías es invariable. La distribución de las galerías es invariable. Veinte anaqueles, a cinco largos anaqueles por lado, cubren todos los lados menos dos; su altura, que es la de los pisos, excede apenas la de un bibliotecario normal”.

Entonces, comencé a gravitar entre un espejo y un laberinto, si la palabra que ha edificado la manera de traducir el lenguaje de las emociones estaba limitada, y no tenía manera de traducir mis propias emociones, comprendía aquella frase de Wittgenstein en su Tractatus Logico-Philosophicus “los límites de mi mundo son los límites de mi lenguaje”.

El espejo era el lenguaje, y el laberinto esa sensación de perderse entre una alegría- nostálgica, de ese modo la renovación de la Biblioteca Emiro Kastos me era inconmensurable, si ampliaba el espectro de un análisis ontológico con diferencia a la Biblioteca de Babel, suponía que mi apreciada Biblioteca es una antítesis humanista al mito borgeano, mientras que la de Babel atisba la soledad con respecto al tiempo y el infinito, por su parte la Emiro Kastos, más modesta en un tiempo moderno, reconstruye como un nodo finito de encuentro, propósito social superior. Ahora bien, eso lo podía tener claro, como las estancias que aparecen en el cuento de Borges, y las estanterías a las que mis manos acarician los libros cuando son entregados como un precioso tesoro a quiénes lo soliciten. Los hombres en la biblioteca de Borges, se extralimitan en su capacidad de entendimiento por obtener una verdad, y fallecen. Sin embargo, la figura del niño que acude a la Emiro Kastos con ese fervor de la inocencia, el encuentro con el álbum libro, con los ávidos sentidos, entre tomar el ajedrez, y no tener la ambición de ganar el juego lógico, sino el acto de apreciar cómo han sido esculpidas y talladas las piezas nos reconforta esa superación de un conflicto, si esto lo logra una niñ@, que deberíamos aprender en ese ejercicio, el que evidencia esta pequeña para los tiempos actuales de la humanidad.

Parece ser, un hallazgo, porque en esa idea anterior, encuentro la misma calidad de inocencia, del que se deja habitar por los espacios, así el adulto se convierte de nuevo en un infante al rememorar la distancia en el hexágono donde nació en la biblioteca, así lo enuncia el texto borgeano:

<<Como todos los hombres de la Biblioteca, he viajado en mi juventud; he peregrinado en busca de un libro, acaso del catálogo de catálogos; ahora que mis ojos no pueden descifrar lo que escribo, me preparo a morir a unas pocas leguas del hexágono en que nací>>.

Quien, al tomar un libro en sus manos, identifica que ya no es el mismo ser, luego de terminar la lectura, es porque comprende que su función de descubrir la verdad sobre la vida y el universo, adquiere la necesidad de una introspección mayor, advertir la conciencia. Las historias humanas, ligadas a nuestra respuesta personal nos posibilitan un marco de referencia más universal. El microcosmos de esta biblioteca que honra a Juan de Dios Restrepo (Emiro Kastos), reclama una historia local, una lengua y un territorio-. La remodelación no solo ha pulido los muros; ha rescatado el legado de un escritor que entendió la realidad de su tiempo. De ese modo, hacemos una poética del espacio, el lugar donde la esperanza es tangible, donde los colores vivos, capturan la luz y reproducen entre niños que juegan con ajedreces, poemas, versos, palabras tejidas, hilados por mujeres, el café que acompaña las lecturas, y el bibliotecario quién con un ceño de alegría en sus ojos sonríe cuando las personas acuden a salir del laberinto de la duda, iluminando de sentido las estancias de una casa creada para condensar el cosmos.

 

Lectura recomendada:

https://periodicoelsuroeste.com/que-es-una-biblioteca-una-respuesta-desde-las-cenizas-y-la-luz/

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