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Cafestival, en Andes, del 30 de octubre al 1 de noviembre, y Bolívar Sabe a Café, en Ciudad Bolívar, del 6 al 8 de noviembre, reunirán a productores, emprendedores y consumidores alrededor de una actividad que representa cerca del 65 % de la producción cafetera de Antioquia.

En el Suroeste antioqueño, el café no sólo hace parte del paisaje y de la tradición campesina, también es uno de los principales motores de la economía rural. Detrás de cada cosecha hay familias que dependen de su comercialización, emprendimientos que buscan posicionar sus marcas y una cadena productiva que conecta las fincas con los mercados nacionales e internacionales. En este contexto, Andes y Ciudad Bolívar se preparan para recibir dos encuentros que tendrán al café como protagonista: Cafestival y Bolívar Sabe a Café.

La importancia de estos eventos se entiende mejor al revisar las cifras del sector. Según la Federación Nacional de Cafeteros, durante 2025 el valor de la cosecha nacional alcanzó los 24,4 billones de pesos, mientras que la producción fue de 13,7 millones de sacos de 60 kilogramos. Aunque esta última cifra representó una disminución del 2,3 % frente a 2024, las exportaciones crecieron un 6,6 %, hasta alcanzar los 13,14 millones de sacos.

En Antioquia, el Suroeste concentra cerca del 65 % de la producción departamental, de acuerdo con información del Comité Departamental de Cafeteros. De los 23 municipios que conforman la región, 22 tienen actividad cafetera, lo que da cuenta de la importancia de este cultivo para las economías locales.

Sin embargo, la relevancia del café no se mide únicamente por la cantidad de sacos producidos o por los ingresos que genera su exportación. También está en las oportunidades que encuentran los pequeños productores para transformar su cosecha, crear marcas propias y acceder directamente a los consumidores, un proceso en el que las ferias comerciales pueden desempeñar un papel importante.

Dos municipios, una apuesta por el café

Del viernes 30 de octubre al domingo 1 de noviembre, Andes será sede de la tercera edición de Cafestival, un encuentro que reunirá actividades empresariales, espacios de formación, competencias de baristas, muestras comerciales y experiencias relacionadas con el café. Las dos ediciones anteriores, realizadas en Jericó y Fredonia, contaron en conjunto con la participación de 60 marcas de 25 municipios y 3.500 asistentes, cifras que reflejan el alcance que ha tenido este evento en la región.

Uno de los componentes anunciados para esta edición será la presentación del Sello Café Especial de Antioquia, una iniciativa relacionada con el reconocimiento y la diferenciación de los cafés producidos en el departamento.

Una semana después, del viernes 6 al domingo 8 de noviembre, Ciudad Bolívar recibirá una nueva edición de Bolívar Sabe a Café. El evento tendrá lugar en uno de los municipios de mayor tradición cafetera del Suroeste, donde el cultivo del grano ha estado históricamente ligado al desarrollo económico y social de sus comunidades rurales.

En su edición de 2025, Bolívar Sabe a Café tuvo una muestra comercial con participación proyectada de 24 empresas del sector, una iniciativa que permite dimensionar el interés por generar espacios de promoción y relacionamiento entre los actores de la cadena cafetera.

Aunque cada feria cuenta con una propuesta propia, ambas comparten una oportunidad: acercar a los productores a nuevos mercados y fortalecer la visibilidad de los emprendimientos que se desarrollan alrededor del café.

Del grano a la marca propia

Durante décadas, buena parte de la actividad cafetera se ha concentrado en la producción y venta del grano como materia prima. Sin embargo, los procesos de transformación y comercialización han abierto nuevas posibilidades para que los productores participen en otras etapas de la cadena de valor.

La tostión, el empaque, la creación de marcas propias y la venta de cafés especializados son algunas de las alternativas que permiten ampliar la oferta comercial. No obstante, también representan desafíos para los pequeños emprendimientos, que deben asumir costos de producción, adquirir conocimientos técnicos y encontrar canales de distribución para llegar a sus compradores.

En este panorama, las ferias representan una vitrina para presentar productos, establecer relaciones comerciales y acercarse a consumidores interesados en conocer el origen de lo que compran. Su impacto económico no necesariamente termina en las ventas realizadas durante los días del evento; el verdadero reto está en lograr que los contactos establecidos se conviertan en negocios sostenibles, capaces de mantener la demanda y generar ingresos más allá de las jornadas comerciales.

Esta discusión cobra relevancia en una región donde la caficultura continúa siendo una actividad desarrollada por miles de familias. Según cifras compartidas por el Comité Departamental de Cafeteros en 2026, Antioquia cuenta con 74.593 familias cafeteras y una producción anual aproximada de 2,2 millones de sacos, cuyo valor se estima en 3,6 billones de pesos.

A pesar de estos resultados, los ingresos de los productores dependen de factores que van más allá del precio de venta. Las condiciones climáticas, los costos de recolección, el mantenimiento de los cultivos y las fluctuaciones del mercado inciden directamente en la rentabilidad de las fincas.

Durante 2025, el precio interno base promedio del café pergamino seco se ubicó en 2.861.890 pesos por carga de 125 kilogramos, según la Federación Nacional de Cafeteros. Sin embargo, este valor no corresponde a la utilidad neta del caficultor, pues debe cubrir los gastos asociados a todo el proceso productivo.

Una oportunidad que trasciende las ferias

El café también ha encontrado nuevas posibilidades en actividades relacionadas con el turismo, la gastronomía y las experiencias de origen. Las visitas a fincas, las cataciones y los establecimientos de especialidad permiten acercar a los consumidores a los procesos que hay detrás de una taza, mientras generan oportunidades de diversificación económica para los municipios.

En el Suroeste, donde el paisaje cafetero forma parte de la identidad territorial, estas iniciativas pueden contribuir al fortalecimiento de otros sectores como el comercio, el alojamiento y los servicios turísticos.

Sin embargo, el desarrollo de esta oferta plantea una pregunta sobre la distribución de los beneficios: ¿cuánto de la riqueza que genera la promoción del café permanece realmente en las familias productoras?

La realización de Caféstival y Bolívar Sabe a Café permitirá observar cómo se articulan los productores, las instituciones, los emprendimientos y los consumidores en torno a esta actividad económica. También será una oportunidad para reconocer los avances de una cadena productiva que busca ampliar sus posibilidades de comercialización sin perder su relación con el territorio.

Más allá de las competencias, las degustaciones y las muestras comerciales, estos encuentros pondrán sobre la mesa el papel de quienes cultivan el café y sostienen una parte importante de la economía regional.

El desafío será que las oportunidades generadas en Andes y Ciudad Bolívar trasciendan los días de feria y se traduzcan en relaciones comerciales duraderas. Porque si bien el café es uno de los productos que más identifica al Suroeste antioqueño, su verdadero valor económico también dependerá de las posibilidades que tengan sus productores para crecer junto con el mercado que abastecen.

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