Investigación de Daniel de Jesús Granados Rivera Maestro investigador, formador de formadores de la I.E.N.S.A. Magister en Educación en la línea de Formación de Maestros UdeA
La Escuela Rural Mixta de la vereda Pasonivel abrió sus puertas en 1968 con 44 estudiantes, bajo la dirección de la señorita Amparo del Socorro Franco Martínez, maestra fundadora de los grados primero y segundo. Ese mismo año, la profesora recibió un telegrama de la Secretaría de Educación Departamental invitándola a participar en una capacitación sobre un nuevo modelo pedagógico: la Escuela Unitaria. Lo que parecía una simple invitación se convirtió en un hecho histórico, pues la pequeña institución de Pasonivel se convirtió en la primera Escuela Unitaria de todo el departamento de Antioquia, un modelo en el que un solo educador asumía la enseñanza de los cinco grados de primaria en el medio rural. La maestra Amparo aceptó el reto y conoció de primera mano esta metodología innovadora, concebida para enfrentar la falta de maestros, reducir el analfabetismo y combatir la deserción y el ausentismo escolar. Haber podido entrevistar a la señora Amparo, pionera de esta experiencia, permite rescatar un capítulo extraordinario de la historia educativa de la región.
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Soy Amparo del Socorro Franco Martínez. Mi familia integrada por mi padre José Manuel Franco Maya y mi madre Ana de Jesús Martínez Fernández, además de mis 12 hermanos entre ellos, Martha Elena, Jairo y Jaime.
Me gradué en el año 1967 como Normalista Superior en la Normal Departamental Victoriano Toro Echeverri de Amagá, en la dirección de la señorita Stella Calle Viveros. La maestra Inés Baena me orientó la práctica profesional que realicé en la Escuela Anexa María Auxiliadora y Urbano Ruiz en Camilo C. En esa época aún no se hablaba en nuestro contexto cercano de la metodología de escuela unitaria; las prácticas se realizan con un sólo grupo.
Soy Licenciada en educación básica primaria de la Universidad de San Buenaventura y especialista en Administración Educativa de la misma Universidad sede Medellín.
Me desempeñé como maestra durante 35 años al servicio de la educación de los niños en edad escolar, siete de los cuales en la escuela rural mixta de la vereda Pasonivel, creada en 1967 con la colaboración del municipio y la Federación Departamental de Cafeteros de Antioquia, hoy CER Enrique Muñoz Villa, en honor a tan baluarte benefactor, quien también donó los terrenos y parte de la edificación de la Institución Educativa Escuela Normal Superior Amagá, que antes fue el centro médico de la localidad en los años cuarenta hasta finales de los 50.
Las capacitaciones para los maestros de Escuela Unitaria se realizaban en tiempo de vacaciones. Nos explicaban con tarjetas el trabajo que debíamos realizar con los estudiantes en todas las áreas, la teoría y la práctica. Para enseñar sobre agropecuaria nos llevaron a una granja al municipio de Rionegro, con el área de matemáticas trabajamos la teoría de conjunto en la Universidad de Antioquia con el profesor Bayardo. Dichos cuadernillos compuestos por las llamadas tarjetas, tenían un encabezado con preguntas basadas en los temas o contenidos y otras actividades. Según el trabajo que se orientara en cada área del conocimiento, el maestro cumplía el rol de guía, orientador del proceso de aprendizaje de los estudiantes. Nuestra meta consistía en pasar de grado en grado estudiante por estudiante resolviendo dudas o dificultades presentadas en cada proceso, lo que conllevaba al estudiante a un autoconocimiento de la guía de trabajo propuesta en cada cuadernillo, que se desarrollaban en forma flexible y de manera autónoma, de acuerdo con el ritmo de aprendizaje de cada estudiante, donde se podía presentar la promoción anticipada.
Cada vez dichos encuentros se hacían más exigentes para los maestros, según la experiencia en cada escuela se iban resolviendo dudas y nos entregaban materiales para ir perfeccionando el trabajo en la escuela. También recibíamos vistas por parte de la Secretaría de Educación, los supervisores llegaban a observar la cotidianidad escolar para evaluar los resultados y hacer los ajustes pertinentes de acuerdo con las necesidades, intereses y problemas de la escuela y de la comunidad.
Recuerda la maestra Amparo que el salón de clase lo organizó con un tablero principal de cemento pintado de color verde para escribir con tiza, luego consiguió otro tablero, para la separación de un grado de otro. A partir de 1969 fueron aumentado los estudiantes, llegaron a ser 60 distribuidos en el espacio físico de primero a quinto, algunos niños llegaban a estudiar desde la vereda Pueblito de los Sánchez y otros del sector de La Cruz. Tal fue el impacto que la escuela se convirtió en referente por los logros alcanzados frente a la metodología de Escuela Unitaria materializados en el proceso orientado por la maestra, evidenciado en sus alumnos y la comunidad.
Algunas normales, entre ellas las de Envigado, Copacabana y Amagá, de donde fui egresada, empezaron a visitarnos. Mi escuela fue laboratorio de la práctica pedagógica de la Normal de Amagá, dichas prácticas iniciaban con un proceso de observación y luego yo asignaba a los alumnos practicantes los temas para su planeación con los parámetros establecidos de Escuela Unitaria. Después de la revisión, procedía a asignar un practicante para cada nivel como estaban clasificados: nivel inferior: grado primero; nivel medio: segundo y tercero; nivel superior: grado cuarto y quinto. Los practicantes trabajaban con guías y yo tenía un formato de calificación donde me correspondía como maestra consejera dar un valoración frente al desempeño del alumno maestro.
De la comunidad de Pasonivel la maestra recuerda que fue muy acogedora, atenta y dispuesta para el trabajo integrado, desarrollaron una huerta escolar con los productos que se cosechaban en la misma comunidad gracias a la colaboración de las familias López, Gallego, Morales, entre otras, además de la participación de la Secretaría de Agricultura del departamento de Antioquia. También se observaba mucha cooperación y trabajo en equipo con la Asociación de Padres de Familia para las celebraciones de la Fiesta del Niño, la Familia la Navidad, y en el mes de mayo rezaban el Rosario en honor a la Virgen María.
En el año 1974 solicité traslado ante la Secretaría de Educación Departamental. En ese entonces estaba en la jefatura de Normales la señorita Gloria Fajardo Avendaño, quien me colaboró. Así llegué a la Escuela Anexa de la Normal de Envigado como docente de primaria en el grado tercero, y en mi reemplazo quedó mi hermana Martha Elena, quien se había graduado como maestra el año anterior en el Centro Educativo de Formación de Antioquia –CEFA.
Ya en Envigado me visitaron los señores supervisores Fabio Restrepo y Maduk Sánchez para solicitarme que conformara un grupo de niños de la misma Normal para que aplicara la metodología de Escuela Unitaria, que por mi experiencia ya había trabajado en el municipio de Amagá. Con la rectora Inés Saldarriaga de Bedout, se llegó a este acuerdo, sensibilizando a los padres de familia y alumnos.
A partir de 1986 se da un cambio de Escuela Unitaria a Escuela Nueva. De la Secretaría de Educación Departamental enviaron los nuevos folletos y guías con cambios tanto en su diseño curricular como en su estructura metodológica. Las actividades estaban clasificadas de la siguiente manera:
Actividad A: Motivación
Actividad B: Lecturas
Actividad C: Evaluación
También enseñé canciones colombianas, poesías y el uso adecuado de la Biblioteca Escolar.
Otro de los componentes novedosos de la Escuela Nueva era la elección del Gobierno Escolar elegido por los mismos estudiantes en forma participativa y democrática; elegían presidente, vicepresidente y monitores. Los estudiantes presentaban un programa de gobierno, realizaban sus campañas y hacían la elección vivencial para obtener dichos cargos.
También había comités integrados por los mismos estudiantes: jardinería, tienda escolar, cruz roja, civismo, ornato y aseo. Además, el autocontrol de asistencia era una estrategia que permitía asumir el compromiso y la responsabilidad de asistir clase, lo que motivaba la permanencia de los estudiantes en el sistema educativo. Así mismo tenían el diario de campo para escribir sus reflexiones, vivencias cotidianas en la escuela y en sus familias. Además de la realización de los actos cívicos y culturales, las reuniones de padres de familia, el historial, el archivo escolar, los libros de calificaciones y el control de préstamos.
Y cómo olvidar la propuesta de los rincones de aprendizaje hoy llamados Centros de Aprendizaje (organizados en diferentes espacios del aula de clase) alusivos a cada área de conocimiento para el desarrollo de un pensamiento crítico y reflexivo, la resolución de problemas de la vida cotidiana, el trabajo por centros de interés y el trabajo colaborativo: todos estos aspectos teorizados y documentados por Decroly, Dewey, Montessori y Rousseau.
Después recibí una visita por parte de la Administración Municipal y el Concejo Municipal de Envigado en cabeza del doctor René Mesa con la propuesta de construir, en el predio aledaño a la Normal, un salón de clase con todos los requerimientos de Escuela Nueva que funcionara independientemente de la Anexa y de la administración de la Normal, con una inversión de dos millones de pesos.
Una de las experiencias más significativas es mi felicidad de ser maestra donde entendí que mi misión era servir a las comunidades educativas, además que muchos de mis estudiantes hoy son profesionales en diferentes campos de la ciencia la tecnología y las artes. Esto me llena de mucha satisfacción personal en mi ser de maestra.
Mi invitación después de mi retiro en 2002 es precisamente que los nuevos maestros lleven muy en alto su profesión y comprendan la cotidianidad de la escuela, que el cariño, el esmero, la paciencia y el amor por lo que se hace en este oficio den cuenta de que se debe enseñar, no instruir.
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