La Guarnielería Alfonso Vélez es la única de su tipo en el municipio de Fredonia, dedicada a preservar la tradición artesanal del carriel.
La historia comenzó cuando Alfonso Vélez, un campesino oriundo de Jericó, recibió 3.000 pesos de su padre tras una buena cosecha de café. Con entusiasmo, salió al pueblo y entró al taller de Darío Agudelo, en la famosa Casa Grande de Jericó, donde aún reside. Al ver los carrieles en el taller, Alfonso quedó fascinado y le pidió a Darío que le enseñara a hacerlos. Aunque Darío se rió irónicamente, aceptó, pero con una condición: Alfonso debía trabajar tres meses gratis y pagar 1.500 pesos por el aprendizaje. Sin dudarlo, aceptó y comenzó a aprender los fundamentos del corte y tejido.
Con el tiempo, Alfonso se casó con Magdalena, y de su matrimonio nació Gustavo, quien ha mantenido viva la tradición. “Mi motivación es seguir con el legado de mi familia. Hace apenas 10 años me uní a este proyecto. Yo trabajaba en Bogotá en otras cosas y, un diciembre, vine de paseo y vi a mi papá trabajar. Fue entonces cuando decidí: ‘Tengo que aprender a hacer carrieles’. Se lo conté a mi papá, y se puso muy contento, aunque al principio no me creyó. Cuando empecé a trabajar con mis padres, ellos eran muy tradicionales, se enfocaban sólo en carrieles clásicos. Entonces, empecé a hacer mercadeo y fui a Guatapé a buscar nuevos clientes. Vi carrieles de colores y regresé a Fredonia con esa idea. Cuando se lo conté a mi papá, se quedó callado, pero así fue como todo empezó”, relata Gustavo.

Don Alfonso, doña Magdalena y su hijo Gustavo Vélez conforman una familia de guarnieleros que continúa posicionando el carriel como un patrimonio que, en cada uno de sus bolsillos, guarda historias y tradición.
Lea también: En Titiribí: Circo Teatro Girardot







