Entre el 24 y el 27 de septiembre, Jardín fue nuevamente escenario de películas, conversaciones y encuentros alrededor del cine. La edición 11 del Festival de Cine de Jardín tuvo como eje “Ecos de voces silenciadas: vida y muerte de líderes sociales en Colombia”, una propuesta que puso en el centro las historias de quienes ejercen liderazgos en sus territorios y las violencias que han enfrentado.
Conversamos con Alejandro Rivas, gerente del Festival de Cine de Jardín, sobre el balance de esta edición, los encuentros y reflexiones que surgieron alrededor de su temática y los desafíos de un Festival que, después de once ediciones, sigue pensando su relación con Jardín y su futuro.

Después de cuatro días de Festival, cuando termina la última actividad y comienza a desmontarse todo, ¿con qué sensación se queda usted de esta edición?
- Cuando terminó la última función, lo que quedó fue una sensación de comunidad. Nos vamos con la certeza de que estos espacios de encuentro deben repetirse, porque aprendimos de quienes defienden sus territorios y sus luchas, escuchamos sus historias y entendimos que hay realidades que necesitan ser vistas y defendidas, y que el arte y la cultura son un medio para lograrlo.
¿Cuáles son los principales resultados que dejó la edición 11 del Festival de Cine de Jardín y qué cifras permiten dimensionar su alcance?
- Durante la edición 2026, desarrollada bajo el eje temático “Ecos de Voces Silenciadas: vida y muerte de líderes sociales en Colombia”, el Festival de Cine de Jardín desarrolló 87 actividades entre proyecciones, conversatorios, paneles, talleres y encuentros académicos. En total se realizaron 67 exhibiciones audiovisuales acompañadas por procesos de mediación con públicos y la participación de más de 40 invitados entre cineastas, líderes, defensores de los derechos humanos, investigadores, críticos, gestores culturales y representantes de instituciones aliadas. Estas acciones permitieron consolidar espacios de reflexión, formación y encuentro cultural en torno a la defensa de los liderazgos sociales.
Las actividades del Festival beneficiaron a más de 7.000 personas, incluyendo población afrodescendiente, víctimas del conflicto armado, líderes, comunidades indígenas, personas con discapacidad, población LGBTIQ+ y público general. La programación tuvo presencia en el casco urbano de Jardín y sus alrededores, ampliando el acceso a la cultura y al cine.

Esta edición puso en el centro las voces de los líderes sociales y las violencias que han enfrentado en Colombia. ¿Qué conversaciones logró abrir esta temática durante el Festival y qué encontraron en la respuesta del público?
– Esta edición abrió conversaciones sobre la defensa de los líderes sociales, del territorio y de la cultura, y sobre el arte como lenguaje universal y como herramienta política, capaz de generar diálogo y crear comunidad. Escuchar directamente a quienes han enfrentado estas violencias permitió que el público se acercara a realidades que suelen llegar como cifras o titulares, y las entendiera desde las historias y las personas. El público fue muy diverso y se involucró de distintas maneras: quienes se reconocieron en las historias por su propia experiencia, y quienes llegaron con la pregunta de cómo encontrar esperanza en medio de la violencia contra los derechos humanos y los territorios. De esos intercambios surgió una reflexión sobre la importancia de la unión, de dar y recibir desde el amor y la comunidad, para dejar de dividirnos y poder luchar juntos.
¿Cuáles fueron los ganadores de Caleidoscopio y qué destacaron los jurados de los cortometrajes reconocidos en esta edición?
Hubo seis ganadores, dos menciones y dos premios del público. Se destacan cortometrajes que desde sus modelos de producción independientes lograron con fuerza unos discursos y una exploración de formas y temas novedosos y potentes, que más allá de los recursos y niveles de producción, se destacan como miradas autorales y críticas de la realidad, que a través del arte y lo plástico audiovisual formalmente, llevan la imagen y el sonido a lugares ricos de apreciar y novedosos para la audiencia.
En la categoría de Cortometraje Experimental:
1er puesto – Somnolítico. Dir. Abril Velásquez
2do puesto – Deus ex necro machina. Dir. Mateo M. Correa
Mención de honor: – Una vez un cuerpo. Dir. María Cristina Pérez
En la categoría de Cortometraje de Ficción :
1er puesto – Futuros luminosos Dir. Ismael García Ramírez
En la categoría ficción el jurado destacó el cortometraje Futuros Luminosos, por su búsqueda original, sobresaliente, de un lenguaje propio, sutil, enrarecido pero muy honesto, con un gran trabajo de actores y de temas profundos. Creando una pieza única y conmovedora.
2do puesto – Jiru Iuiai “Algo malo” Dir. Yon Arley Agreda Jamioy
En la competencia de cortometrajes Caleidoscopio del Décimo, el jurado decidió destacar 6 ganadores, 2 menciones de honor y dos premios del público.
Comentario del jurado. En el segundo puesto, Algo Malo, del departamento del Putumayo, es un cortometraje realizado por una comunidad indígena y se valoró el nivel alto de producción con un lenguaje cinematográfico pulido y profesional, que logró con sutileza pero con mucha fuerza, contar una historia que nos ha marcado por décadas, resulta importante y novedosa, se sale de los lugares comunes, resultando en un cortometraje con mirada autoral y producción artística.
En la categoría de Cortometraje Documental
1er puesto – Un aparato para detectar fantasmas. Dir. Mauricio Maldonado
Comentario del jurado. El documental y la ficción se entrelazan de una manera imperceptible pero clara, La grabación de unos audios muy íntimos y cargados de dramatismo genera una atmósfera tenue, de evocación, el trabajo del preparador de actores crea un mundo donde existe la mística y el trabajo profundo para desentramar recuerdos, sensaciones pero a la vez la cercanía y en ocasiones la risa, un escenario habitual para sus personajes que se convierte en muchos momentos en un lugar onírico, el cambio de intenciones en la lectura da cuenta de un trabajo de interiorización profundo. Resalta la amistad entre sus protagonistas, también su forma de ser y de ver el mundo.
2do puesto – Lecciones de primavera. Dir. Antonio Mariño Lizarazo
Mención de honor – Madres de nacimiento. Dir. Gloria Isabel Gómez

Después de once ediciones, ¿hacia dónde quieren llevar el Festival de Cine de Jardín y cuáles son los principales retos para los próximos años?
Después de once ediciones, queremos que el Festival de Cine de Jardín se siga consolidando como un proceso cultural permanente, con identidad propia y proyección nacional e internacional. Para ello buscamos incluir más cine colombiano, latinoamericano e internacional, y crear espacios de encuentro entre cineastas, investigadores, líderes y comunidades, de modo que el cine y el pensamiento se discutan desde el territorio. Esta apuesta parte de la convicción de que la cultura también se construye desde los municipios y no sólo desde las grandes ciudades. Además, queremos formar nuevas generaciones para que niños y jóvenes de Jardín y del suroeste antioqueño sean participantes, realizadores y gestores culturales. Nuestro principal reto es crecer en incidencia, calidad artística, formación de públicos y función social del cine sin perder la independencia ni la identidad.
Contenido publicado en la edición 220 de EL SUROESTE



