La maestra Doris Aleyda Vargas: enseñar donde nace la esperanza
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Investigación de Daniel de Jesús Granados Rivera
Maestro investigador, formador de formadores de la I.E.N.S.A.
Magister en Educación en la línea de Formación de Maestros UdeA
La maestra Doris Aleyda Vargas Navarro ha construido su vocación en las aulas rurales del Suroeste antioqueño, acompañando a niñas, niños, jóvenes y comunidades en contextos donde la educación representa una verdadera oportunidad de transformación.
Su trayectoria refleja compromiso, adaptación y un profundo sentido social de la enseñanza. En cada vereda y municipio donde ha trabajado, ha sido maestra, orientadora y referente comunitario, promoviendo valores, conocimiento y esperanza.
A continuación, compartimos su narrativa de vida, testimonio de una educadora que ha hecho de la ruralidad su principal escenario de servicio.
Mi nombre es Doris Aleyda Vargas Navarro. Soy la tercera entre tres hermanas, hija de Miguel Vargas, agricultor de profesión, y de la señora Luz Mila Navarro, ama de casa. Soy oriunda del municipio de Urrao, paraíso escondido del Suroeste antioqueño, bañado por el río Penderisco y rodeado de extensas llanuras donde las orquídeas engalanan el paisaje primaveral y los atardeceres se llenan de esplendor.
Realicé mi educación básica primaria en la vereda Montañita, del mismo municipio. Mis estudios secundarios los cursé en la Escuela Normal Superior Sagrada Familia de Urrao, donde obtuve el título de Normalista Superior. Posteriormente, realicé la Licenciatura en Educación Básica con énfasis en Humanidades y Lengua Castellana en el Tecnológico de Antioquia.
Durante mi formación como normalista, mi práctica pedagógica la desarrollé con adultos en procesos de alfabetización de lectura y escritura, en jornadas nocturnas de lunes a viernes, entre las 6:00 p. m. y las 9:00 p. m., ya que ellos trabajaban durante el día. Esta experiencia me permitió comprender las diferencias del aprendizaje en contextos rurales y las múltiples condiciones que generan brechas e inequidades frente a las niñas y niños de zonas urbanas. Estos procesos se articulaban con la investigación formativa y la proyección comunitaria.
Soy campesina y, por esta razón, viví en el Hogar Campesino de la localidad, donde permanecía desde los domingos en la tarde hasta los viernes. En ese espacio aprendí la convivencia, el respeto por el otro y la capacidad de trabajar en equipo.
Inicié mi labor docente el 24 de octubre de 2005 en el municipio de Concordia, en la Fundación Codesarrollo – Corporación de Desarrollo Educativo (CODESAT), entidad privada que brindaba educación a niñas, niños y jóvenes campesinos que no podían acceder a la educación secundaria por la escasez de recursos o la lejanía de sus territorios. Allí orienté procesos educativos con estudiantes de sexto a undécimo grado, bajo una metodología semipresencial apoyada en módulos y cartillas, en veredas como Burgos Medio, La Raya, Las Ánimas y Llenaditas. Permanecí aproximadamente siete años mediante contratos anuales. Esta experiencia representó un profundo aprendizaje profesional y humano, marcado por la vulnerabilidad, pero también por el deseo de superación. Una de mis estudiantes de ese tiempo, Tatiana Cartagena, de la vereda La Raya, hoy es abogada, ejemplo vivo de que querer es poder.
Mi labor en este sector culminó el 22 de agosto de 2012, cuando di el paso al sector oficial. El 23 de agosto de 2012 ingresé a la Institución Educativa Lázaro Restrepo González, también en Concordia, con nombramiento en provisionalidad. Allí trabajé bajo el modelo de telesecundaria, orientado a estudiantes de sexto a noveno grado en contextos rurales. Permanecí en esta institución hasta el 20 de enero de 2015.
Del 21 de enero al 1 de julio de 2015, laboré en el municipio de Caramanta, conocido como la “Tierra de la Ruana”, en la Institución Educativa Juan Pablo Gómez Ochoa, atendiendo los grados sexto y séptimo.
Posteriormente, del 2 de julio de 2015 al 9 de junio de 2018, trabajé en el municipio de Hispania, en la Institución Educativa Aura María Valencia, sede El Silencio, en básica primaria, atendiendo estudiantes desde preescolar hasta quinto grado. Esta experiencia fortaleció mi práctica pedagógica en los primeros niveles de escolaridad.
El 10 de junio de 2019 fui trasladada al municipio de Salgar, en la Institución Educativa Rural Abelardo Ochoa, sede El Cedro. Allí trabajé bajo el modelo de postprimaria, orientando inicialmente todas las áreas desde sexto hasta undécimo grado. Posteriormente, con la llegada de otro docente, se distribuyeron las asignaturas. Permanecí en esta institución hasta el 15 de febrero de 2024.
El 16 de febrero de 2024 llegué al municipio de Támesis, “La Tierra del Siempre Volver”, a la Institución Educativa San Antonio de Padua, sede Eladia Mejía, donde me desempeñé en básica primaria bajo metodología graduada, orientando todas las áreas como monodocente. Allí laboré hasta el 2 de junio de 2025.
El 3 de julio de 2025 ingresé a la Escuela Normal Superior de Amagá, sede María Auxiliadora, institución en la que actualmente continúo ejerciendo mi labor docente, orientando el grado segundo de primaria.
He trabajado la mayor parte de mi vida en la ruralidad, un ámbito que me ha permitido desarrollar procesos de adaptabilidad, compromiso y responsabilidad social. Allí he encontrado un gran potencial humano, aun cuando los medios y las mediaciones no siempre llegan por la distancia u otras condiciones del entorno. En estos contextos, el maestro se convierte en líder social y en representación del Estado, promoviendo valores, capacidades y potencialidades en la comunidad. Los procesos educativos deben permitir el progreso y el desarrollo de las poblaciones vulnerables, y la labor del maestro es, sin duda, un reto permanente.
Invito siempre a navegar con amor por lo que se hace, dentro de los procesos educativos y en las comunidades donde interactuamos, ya sea en contextos rurales, urbanos o urbano-marginales, enfrentando los retos sociales, económicos, políticos y culturales a los que está sujeta la escuela y, en especial, el maestro. Cada uno de los lugares donde he trabajado ha dejado una huella significativa en mi vida personal y profesional: en cada uno he dejado un pedacito de mí, aprendiendo y desaprendiendo constantemente, pero siempre con la convicción de dar lo mejor y reafirmar día a día mi vocación docente.