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Sembradores de Paz nació en Amagá hace cerca de 30 años como una respuesta a la violencia. “Desde hace mucho tiempo -desde los años 80-, este municipio ha sufrido mucha violencia. Y no sólo Amagá: todo el Suroeste, Antioquia y el país”, dice Carlos Mario Álvarez Zapata, educador y líder del proceso. La iniciativa surgió ante la necesidad de ofrecer otras opciones a los jóvenes: “aquí había muchos involucrados con la droga. Yo dije: aquí hace falta un programa que les ayude a salir adelante, que les muestre que hay caminos distintos”.

En el Suroeste antioqueño, una región conformada por 23 municipios y cerca de 400 mil habitantes, hay registradas 134.745 víctimas del conflicto armado entre 1985 y 2016, según la Dirección Territorial para las Víctimas de Antioquia. Aunque durante años el conflicto en este territorio no tuvo la misma visibilidad que en otras zonas del departamento, organizaciones sociales han advertido sobre violencias silenciosas relacionadas con el desplazamiento forzado, las extorsiones, la violencia intrafamiliar y las fracturas sociales que dejaron huella en las comunidades. En Amagá, donde nació Sembradores de Paz, la Red Nacional de Información para las Víctimas registra 3.703 personas víctimas del conflicto armado, en un municipio con una población aproximada de 33 mil habitantes.

“Nos tocó una época muy dura, la mafia, narcotráfico, los niños, los jóvenes que se llevaban para el grupo de sicarios, y una cantidad de cosas… muchos jóvenes buenos murieron por irse detrás de esos grupos”, recuerda el profe.

Profesor Carlos Mario Álvarez – Fundador Sembradores de Paz.

Así empieza a tomar forma la idea de crear un movimiento de niñas, niños y jóvenes. Inspirado en experiencias que conoció a través de la radio, como los Sembradores de Paz del Oriente de la Arquidiócesis de Medellín, el profe decidió replicar el modelo. Todo empezó con actividades sencillas. “Hablábamos de la paz, hacíamos dibujos, pintábamos, hacíamos deporte y actividades recreativas, siempre alrededor de los valores”, recuerda el profesor, “yo les decía a los niños que esos valores no eran sólo para aprenderlos ahí, sino para ponerlos en práctica en la casa y en la calle”. El proceso tuvo durante 15 años un programa radial en La Voz de Amagá. A través de este espacio, emitido los fines de semana, promovían mensajes relacionados con la convivencia, los valores y la construcción de paz.

Durante esta primera etapa de Sembradores de Paz en la zona urbana participaron cerca de 500 niñas, niños y jóvenes. Uno de esos niños fue Juan Pablo Agudelo Laverde, hoy director del Centro de Bienestar del Anciano de Amagá y próximo a graduarse de Psicología, quien recuerda a Sembradores de Paz como uno de los primeros espacios que le permitió mirar su realidad desde otro lugar. “Sembradores de Paz ayudó a contrarrestar los índices de violencia que se vivían en ese momento y llevar mensajes más esperanzadores desde la infancia”, relata. Recuerda especialmente el programa de radio, “lo que compartíamos en la emisora era lo que nos salía del corazón, lo que pensábamos sobre los problemas sociales, sobre la forma en que vivíamos y entendíamos nuestro contexto”.

Programa radial Sembradores de Paz a través de la Emisora Comunitaria La Voz de Amagá.

Juan Pablo asegura que, aunque en ese momento quizá no era consciente del alcance del proceso, hoy reconoce que Sembradores de Paz hizo parte de las primeras bases que le ayudaron a construir un proyecto de vida distinto: “yo vengo de una familia atravesada por la violencia y también fui desplazado por grupos paramilitares en el año 2000. Entonces estos espacios fueron muy importantes para querer hacer de mi vida algo diferente”. Treinta años después del nacimiento del movimiento, considera que hablar de paz desde la infancia sigue siendo una necesidad urgente. “La paz no la construye solamente el Gobierno. También se construye desde el hogar, desde la forma en que convivimos, defendemos nuestros derechos y cumplimos nuestros deberes. Nunca es tarde para sanar, perdonar y construir algo distinto”.

Para el profesor Carlos Mario, más allá de las cifras, el mayor resultado ha sido ver cómo muchos de esos jóvenes continuaron sus proyectos de vida y hoy tienen roles activos en sus comunidades. “Ha sido muy bonito y ha dado muchos resultados. me siento agradecido porque este trabajo, en Amagá y en otros lugares donde he estado, ha permitido que muchos jóvenes hoy sean personas importantes para sus comunidades, incluso líderes”.

Esa esencia de hace 30 años no ha cambiado. Sembradores de Paz tiene como propósito consolidar una cultura pacífica y solidaria en la población, con un énfasis especial en la niñez. Con el paso del tiempo, el proceso fue trasladándose y fortaleciéndose en la ruralidad, hasta consolidarse como una experiencia pedagógica y comunitaria dentro del entorno escolar.

Estudiantes I.E. Liceo San Fernando, sede Pueblito de los Sánchez; integrantes de Sembradores de Paz.

Una escuela sembradora de paz

Hace 18 años, el profesor Carlos Mario llegó a la vereda Pueblito de los Sánchez, donde el movimiento encontró un nuevo espacio para crecer. Desde entonces, Sembradores de Paz acompaña la formación de 38 estudiantes, desde primaria hasta secundaria, en la sede rural educativa Pueblito de los Sánchez, adscrita a la Institución Educativa San Fernando Amagá. Allí se desarrolla un modelo educativo basado en tres ejes: etapas, talentos y valores, y relaciones. Entendiendo la paz como una construcción cotidiana que también necesita cuidado, acompañamiento y tiempo para crecer. Por eso, los profes recurren constantemente a la metáfora de la siembra para explicar su propuesta pedagógica: la paz también se cultiva, así como se cultiva la tierra.

La formación se desarrolla a través de cuatro etapas simbólicas que representan el crecimiento de una semilla. La primera es “Sembrando”, enfocada en preparar el terreno mediante valores y orientaciones básicas para la convivencia. Luego viene “Germinando”, donde comienzan a surgir acciones solidarias y actitudes de cuidado hacia los demás. La tercera etapa, “Floreciendo”, busca fortalecer la alegría, la creatividad, el trabajo colectivo y las expresiones artísticas. Finalmente, “Cosechando” es la etapa en la que los estudiantes reconocen los frutos de lo aprendido y comparten esas experiencias con otros miembros de la comunidad.

También se promueven talentos y valores como el pensamiento crítico, la comunicación afectiva y asertiva, la resiliencia, la empatía, la responsabilidad, el cuidado del planeta y la solidaridad. Otro de los aspectos centrales de Sembradores de Paz es la construcción de relaciones sanas en distintos niveles. La relación consigo mismos, fortaleciendo la autoestima y el reconocimiento de su dignidad; la relación con los demás, promoviendo el respeto por la diversidad; la relación con el entorno, valorando el territorio, la cultura y los espacios comunes; y la relación con Dios, desde la espiritualidad y la oración.

Además, El Diario de los Sueños, otra iniciativa de Sembradores de Paz, -9 proyecto más importante y más significativo para todos nosotros en ocupa un lugar especial. Los estudiantes escriben lo que sienten, imaginan y esperan para sus vidas. Más que una actividad de escritura, se convierte en un ejercicio de escucha, reflexión y construcción de proyectos personales.

Son 21 estudiantes de primaria organizados en pequeños grupos, acompañados por 17 animadores juveniles de secundaria y docentes. Las actividades de Sembradores de Paz se desarrollan de manera transversal dentro de la dinámica escolar y también en espacios específicos, como las clases de música y otros encuentros pedagógicos.

Integrantes Sembradores de Paz

“Nadie ha podido descifrar qué es la paz”

El profesor Carlos Mario afirma que “nadie ha podido descifrar qué es la paz”, lo dice después de todo este tiempo intentando explicarla, enseñarla y, sobre todo, practicarla. Hace una pausa y vuelve sobre la idea. “La paz nace en el corazón de cada uno. Es estar tranquilo, ser justo, ser solidario”.

Un niño encuentra algo y lo devuelve. un grupo discute y llega a una solución. los mayores cuidan a los más pequeños.

“En esta forma de actuar, el valor clave es la solidaridad, es lo más importante”, dice el profe. En la vereda Pueblito de los Sánchez, el proceso mantiene esa misma lógica, aunque se adaptó a este contexto educativo y rural. “La paz tiene muchas maneras de construirse y de enseñarse, nosotros hemos trabajado mucho desde los valores”, explica. Esa apuesta se traduce en acciones concretas.

Aquí no hay bullying. se respetan las diferencias. los conflictos no terminan en pelea.

 

Sembradores de Paz se ha consolidado como un proceso continuo dentro de la institución y la comunidad. Así lo plantea Javier Armando Álvarez Zapata, docente de la institución, quien ha acompañado el proyecto Sembradores de Paz desde su llegada al territorio. Reafirma que el impacto se ve en lo cotidiano: en la forma en que los estudiantes resuelven sus conflictos, en el diálogo y en el respeto por el otro. Para él, hay una idea de fondo que sostiene el proceso: “la paz se siembra no solamente desde acá de la escuela, sino desde sus hogares, tiene que haber un trabajo mutuo entre padres de familia, profesores y los mismos estudiantes”.

Hermer Álvarez, también docente de la institución, resalta cómo el proyecto ha incidido en la convivencia y, desde ahí, en lo académico. “La paz se siembra con nuestras acciones”, afirma, al referirse al papel de los docentes como orientadores del proceso. Ese trabajo, explica, se refleja en resultados concretos: mejores relaciones entre estudiantes, mayor cercanía con los docentes y trayectorias educativas que continúan más allá de la escuela. “Son los frutos de los procesos que se están llevando acá en la institución”, señala.

“En las otras instituciones era solamente estudiar, estudiar y estudiar”

Para Mariana Fernanda Villa Múnera, estudiante de noveno, llegar a la Institución Educativa San Fernando Rey, sede Pueblito de los Sánchez fue encontrarse con algo distinto: Sembradores de Paz. “Noto que el proyecto trae nuevos valores a las personas de esta comunidad y cómo siempre trata de fortalecer las habilidades y los valores de las personas”. Ese cambio también se refleja en su vida cotidiana: “específicamente he aprendido más que todo a convivir con los demás, porque yo soy una persona que no convivía mucho en mis anteriores instituciones y prácticamente me enojaba por todo. Entonces como que también me ha ayudado mucho en esa parte, en ser más sociable”. 

Desde que ingresó a la institución en 2024, el acercamiento a la música también ha sido parte de ese proceso. “Siempre le tenía gusto a la música, pero nunca tuve la oportunidad de aprender”, cuenta. Hace poco empezó a cantar y, recientemente, tomó por primera vez un violín, “un instrumento que me gustó desde pequeña, me parece una total hermosura”.

“Sembradores de Paz siempre ha estado presente en mi vida”

Jimena Guzmán Álvarez, estudiante de grado once, también es una sembradora de paz, un proceso que comenzó en preescolar y que hoy continúa como animadora. Aunque cursó sus primeros años en la vereda Pueblito de los Sánchez, en grado cuarto se trasladó a Medellín y permaneció allí durante un tiempo. Su regreso, en grado octavo, significó también el reencuentro con Sembradores de Paz, un proceso que, como ella misma lo expresa, ha estado presente a lo largo de su vida. Hoy, como animadora, acompaña a los más pequeños y se reconoce en ese mismo camino que antes recorrió como niña. “Nosotros mismos como animadores le estamos inculcando esto a los niños de primaria y se ven muy emocionados cuando les compartimos canciones, cuentos, juegos”, explica. En ese tránsito, no sólo ha aprendido, sino que también ha asumido un rol: ser referente para otros. “Sembradores de Paz nos ha inculcado muchos valores que nos están formando para ser grandes personas”.

En medio de las diferencias propias de la convivencia, reconoce que el proceso les ha dado herramientas para manejarlas: “a veces hay conflictos entre nosotros mismos, pero aprendemos que también es importante respetar la opinión de los demás”. Una de las actividades que más valora es el Diario de los Sueños, donde registran lo vivido en cada encuentro. Allí escribió: “…siento una mezcla de emoción, nervios y nostalgia. Este año quiero cerrar etapas, agradecer lo vivido y aprender de todo (…) quiero dar lo mejor de mí y disfrutar cada momento”. Su proyección también nace de ahí: le gustaría seguir trabajando con niñas y niños. Para Jimena, esta experiencia se resume en una idea clara: “la paz se siembra con pequeños actos como el respeto, la empatía, la participación y la resiliencia”.

“Todo me daba ira. Hoy tengo paz y tranquilidad”

Juan José León León, estudiante de grado décimo, resume su experiencia en un proceso de transformación personal: “Sembradores de Paz es un proyecto el cual ha marcado mi vida, el cual me ha enseñado muchos valores y a ser la persona que soy hoy en día. Ya que yo antes tenía muchos problemas y no sabía controlar mi ira. Y actualmente yo soy muy alegre gracias a este proyecto que me inculcó tanto el profesor Carlos Mario. Todo me daba ira, la verdad no le tenía paciencia a nada ni a nadie. Entonces eso tenía que acabar porque me estaba haciendo mal, yo incluso me mantenía muy enfermo”.

Hoy se describe de otra manera: “tengo paz, tengo tranquilidad, tengo alegría, tengo todo lo que quiero”. Este cambio se refleja en la forma de relacionarse con los demás y en el rol que ha asumido dentro del proceso: “Yo escucho a los niños, los aconsejo, los regaño cuando hacen algo mal hecho”. Y este acompañamiento también exige coherencia: “no le puedo enseñar a otras personas cosas que yo no sé ni que yo he hecho”.

Juan José destaca el papel de los jóvenes en la vereda con acciones concretas como la siembra de árboles para prevenir derrumbes y la gestión comunitaria para mejorar espacios como la cancha del sector: “mandamos cartas y hablamos con gente para que nos solucionaran el problema y actualmente ya nos pusieron las luces”. Para él, todo se resume en una convicción: “la paz se siembra desde que a usted le nazca del corazón porque nada lo puede hacer usted obligado”.

“Tallando encuentro tranquilidad”

Jefferson Andrés Gómez Bolívar, estudiante de grado séptimo e integrante de Sembradores de Paz, ha encontrado en la talla en madera una forma de expresión y aprendizaje dentro del proceso. Esta práctica, que empezó a desarrollar con el acompañamiento del profesor, se ha convertido en parte de su rutina y en una herramienta personal.

“Cuando yo estoy tallando siento que libero todas las malas energías o todos los malos pensamientos, los pensamientos negativos, y eso me impulsa como a seguir adelante con las diferentes actividades que realizo cada día”.

Desde el año pasado comenzó a explorar este oficio, primero con piezas pequeñas y luego con figuras más elaboradas. Más allá de la técnica, lo que destaca es lo que ocurre en ese proceso: concentración, disciplina y una forma de canalizar lo que siente.

También ve en esta práctica una posibilidad de compartir con otros. Le gustaría, en el futuro, enseñar a más personas y contar con un espacio propio para trabajar la madera. Para él, como lo vive dentro de Sembradores de Paz, se trata de aprender, pero también de transmitir: acompañar, orientar y aportar a otros desde lo que sabe.

La música para la paz

Mientras unos estudiantes ensayan con el piano, otros se turnan el tambor, afinan la guitarra y están listos para cantar. Estas prácticas musicales hoy también se fortalecen con la llegada de Fabio Sánchez, artista formador del proyecto Artes para la Paz del Ministerio de Cultura, quien encontró en la institución un proceso ya avanzado: “Entonces encuentro ya un montón de trabajo adelantado previo, que los niños tienen un montón de canciones montadas, canciones religiosas, canciones infantiles, incluso hay algunos que ya tienen alguna experiencia en instrumentos, por lo que mi trabajo acá viene a ser fortalecer la parte de música y sobre todo fortalecer el trabajo en equipo”.

Más allá de lo musical, el enfoque apunta a algo más profundo: “muchas veces una forma de enfrentar el conflicto puede ser desde el arte. Emociones que no sabemos cómo expresar pueden tener camino en la música. Conflictos que tenemos con otros también pueden ser resueltos desde el arte. Y sobre todo entender que uno tiene un lugar en el mundo y que ese lugar es importante. Y precisamente aportar a la sociedad es lo que nos convierte en personas que siembran la paz”.

Escucho pasos de niños

que caminan a la siembra,

sus risas llenas de alegría,

cosecha que a muchos alienta.

Son las semillas en tierra fértil,

manos unidas en la igualdad

que trabajan por la paz y la solidaridad.

 

Coro himno una Escuela Sembradora de Paz.

Cuando la paz llega a la casa

Liliana Hurtado, madre de familia de la vereda Pueblito de los Sánchez, ha acompañado de cerca el proceso de Sembradores de Paz, tanto desde su familia como en las actividades de la institución y la comunidad. Sus hijas han crecido en este proyecto, y desde esa experiencia habla de lo que ha significado para su vida y para la vereda: “Sembradores de Paz es el proyecto más importante y más significativo para todos nosotros en esta comunidad, porque gracias a estos maestros que han hecho este trabajo tan bonito con los niños, han sembrado en ellos muchos valores y también han cultivado como esas enseñanzas que los ha ayudado a explorar como una experiencia muy linda para continuar en la vida”. Ese impacto, dice, se siente más allá de la escuela, en la vida cotidiana de la vereda: “si este proyecto de Sembradores de Paz no existiera, esta comunidad sería de pronto un caos. Nos han llevado las enseñanzas a la casa y nos han enseñado que cuando hay conflictos, hay dificultades, lo debemos manejar con el diálogo, y eso es lo que nos ha hecho que vivamos en armonía, en paz y se sienta una energía más bonita en nuestra comunidad”.

Los frutos

  1. Formación de liderazgos y proyectos de vida. Cerca de 1.000 niñas, niños y jóvenes han participado en Sembradores de Paz durante sus 30 años de trayectoria. Varios de ellos hoy lideran procesos sociales, educativos y comunitarios, mientras otros continúan sus trayectorias académicas y construyen proyectos de vida alejados de contextos de violencia.
  2. Fortalecimiento de la convivencia escolar y comunitaria. El proceso ha fortalecido prácticas de diálogo, respeto y resolución pacífica de conflictos tanto dentro de la institución educativa como en la vida cotidiana de la vereda Pueblito de los Sánchez. Actualmente, Sembradores de Paz acompaña la formación de 38 estudiantes y cuenta con 17 animadores juveniles de secundaria que apoyan el trabajo con los más pequeños. De acuerdo con los docentes, en la institución no es común recurrir al manual de convivencia para resolver conflictos, pues muchas de las situaciones se tramitan desde el diálogo, la escucha y los acuerdos construidos entre los propios estudiantes.
  3. Fortalecimiento del tejido comunitario. Durante 30 años, Sembradores de Paz se ha mantenido como una apuesta pedagógica y comunitaria sostenida en el tiempo, vinculando a estudiantes, docentes y familias alrededor de la construcción de paz desde la vida cotidiana. El profesor Carlos Mario asegura que uno de sus propósitos es que esta experiencia pueda compartirse y adaptarse en otros entornos educativos y comunitarios, a partir de aprendizajes construidos durante estas tres décadas. Entre ellos, la importancia del trabajo articulado entre escuela y familia, el liderazgo juvenil, el arte como herramienta pedagógica y la resolución dialogada de los conflictos.

Aunque el proceso ha logrado sostenerse durante tres décadas, los docentes reconocen que mantenerlo no ha sido fácil. Sembradores de Paz se ha sostenido principalmente desde el compromiso de los maestros, las familias y la comunidad educativa, sin contar con patrocinios o una financiación. A esto se suma una realidad que hoy enfrenta la ruralidad: mientras hace 18 años la sede llegó a tener más de 200 estudiantes, actualmente acompaña a 38. La movilidad constante de las familias, asociada a las dinámicas laborales del territorio, también hace que muchos estudiantes entren y salgan del proceso, dificultando la continuidad de algunos acompañamientos pedagógicos.

Esta experiencia todavía no cuenta con una sistematización formal ni con mediciones estadísticas que permitan dimensionar con precisión su impacto. Sin embargo, acercarnos a esta historia también hace parte de ese camino por reconocer, documentar y visibilizar lo construido durante 30 años. Los testimonios, registros y experiencias compartidas muestran una apuesta comunitaria que, desde la educación, ha sembrado otras formas de relacionarse, resolver los conflictos y construir proyectos de vida en este territorio.

ABC de la solución

¿Qué puede aprender otro territorio?

  1. No empezar por grandes discursos de paz, sino por prácticas pequeñas y repetidas.
  2. Involucrar a estudiantes mayores como animadores de los más pequeños.
  3. Usar arte, escritura y música como herramientas de convivencia.
  4. Trabajar la paz como relación consigo mismo, con otros, con el territorio y con la comunidad.
  5. Reconocer límites: requiere continuidad docente, vínculo con familias y tiempo; no funciona como actividad aislada.

Contenido realizado en colaboración con Comfama, en clave de periodismo de soluciones. 

 

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