Investigación y redacción: Eliana Hernández Pérez Artista Visual y Técnica en Comunicación y Medios Periodísticos
“La creación, toda la creación, me pone triste, y mi alegría es estar triste. En el corazón de la creación Dios está triste. Necesito hacer y crear y haciendo y creando me siento triste”.
– Rodrigo Arenas Betancourt
El arte fue innato en Rodrigo Arenas Betancourt. Desde niño, el lápiz y el papel se convirtieron en los medios para plasmar sus dibujos, que con el tiempo serían la base de sus esculturas monumentales. Su formación no se centró únicamente en la técnica: también fue un intelectual que dedicaba largas horas a la lectura y la investigación.
Su amor por la escultura surgió gracias a su padre, quien elaboraba pequeños animales móviles y despertó en Arenas Betancourt el interés por el volumen. Por eso la pintura nunca lo atrajo: carecía de sombra y de tridimensionalidad, elementos que para él eran esenciales.

“Me puse a hacer esculturas por puro gusto, casi por puro placer” (2015, p.113).
En el escenario de escasez de su infancia, su vena artística contó con el apoyo de toda su familia: su madre, de temperamento fuerte, siempre encontraba la manera de llevarle hojas y lápices para que dibujara, y su padre le permitía tallar en madera.
Vivir en lo alto de la montaña y contemplar la infinitud del cielo lo convirtió en un gran observador. Sus estudios en el seminario despertaron su amor por la lectura, parte importante de su proceso creativo. Cuando un tema lo cautivaba, podía pasar horas leyendo hasta cinco libros a la vez; visitaba todas las bibliotecas, monumentos públicos y museos que se encontraban a su alcance para lograr lo que deseaba. Así fue despertando su mirada crítica sobre el arte, la cultura y otros asuntos de su interés.
El reloj sonaba siempre al amanecer y, junto a un café y una botella de coñac, comenzaba a recorrer los pasillos de su casa mientras escuchaba las noticias del día. Luego desayunaba y se encerraba en su taller hasta el mediodía. Era fundamental no interrumpirlo cuando estaba dando forma a sus obras: las esbozaba, dibujaba, sombreaba y maquetaba, imaginando siempre el volumen. Todo estaba perfectamente calculado. Tras presentar el proyecto, continuaba reflexionando sobre lo que había realizado.
Dedicaba hasta doce horas diarias a la creación de sus esculturas monumentales; ¿qué podía salir mal? Cuando algo no resultaba como esperaba, fruncía el ceño y aplicaba la ley del hielo, pero nunca levantaba la voz. Su memoria fotográfica lo hacía molestarse por detalles que para otros no tenían importancia, pues sabía exactamente dónde estaba cada cosa y así debía permanecer. Esa misma exactitud se reflejaba en su faceta intelectual: sin titubear, podía identificar de qué libro y página extraía sus ideas. Sus lecturas eran muy variadas, consultaba literatura, historia del arte, cultura, medicina, astronomía y matemáticas.
Su hijo, Patricio Arenas Betancourt, recuerda que durante su estancia en México vivió momentos de frustración: “en México fue de las partes donde más se enojaba, porque en la década de 1940 hasta 1960, a pesar del boom cultural y artístico, no existía tanta publicación ni tantos recursos a dónde echar mano, entonces se las tenía que ingeniar”.
Ninguna obra de arte ni acto humano tiene una explicación o justificación racional, cabal. Siempre hay algo indescifrable en una obra de arte, en la vida, en la belleza” (1988, p.140-141).

Era un líder innato y siempre supo dirigir a quienes trabajaron con él durante el proceso de dar vida a sus obras monumentales. Él mismo buscaba a sus ayudantes por su talento en la escultura, generalmente estudiantes de semestres avanzados en artes plásticas. Sin embargo, nunca se consideró su maestro ni a ellos sus discípulos; para él, ya eran expertos.
Su taller tenía el ambiente de una academia: los artistas más antiguos enseñaban a los nuevos, y allí se desarrollaba todo el proceso para dar vida a sus obras, desde la maquetación hasta la fundición, una práctica poco común entre los escultores de la época.
“Me meto en todo. Partiendo de la idea básica me adentro en el proyecto en sus distintas etapas; luego en su ejecución, en su elaboración, proceso a proceso, hasta llegar a su colocación definitiva. En fin, nada está ajeno a mi supervisión” (Varela Ángel, 1984, p.85).
Su perfeccionismo también lo llevaba a estar presente durante el montaje de sus esculturas monumentales, siendo estricto con quienes lo acompañaban en el proceso. Sin embargo, en los momentos de descanso los deleitaba con grandes historias mientras compartían whisky.

Sus obras tuvieron múltiples variaciones y elaboró a escala sus monumentos más reconocidos. Esto le permitió contar con una fuente constante de ingresos, pues eran adquiridas por coleccionistas y empresas privadas.
La intensa fascinación que sentía por la figura femenina atravesó su obra, donde la sexualidad, la belleza, el amor y la procreación aparecen como temas recurrentes. Al mismo tiempo, la melancolía y la tristeza marcaron aspectos de su personalidad. El alcohol lo acompañaba a lo largo del día en pequeños sorbos; su hijo mayor recuerda: “se lo tomaba de una manera particular, en tres sorbos un trago de aguardiente, él nunca se lo guardó de una”. Siempre que sentía que ya estaba “prendo”, paraba, pues no le gustaba estar ebrio.
“Mi problema amoroso o existencial (…) es cierta angustia que no puedo controlar, cierto desacomodo con todo y en todas partes, la falta de capacidad para gozar el tiempo, la luz, el aire, la comida, la bebida, sin temores, sin ansiedades, sin resquicios metafísicos” (2015, p.118-119).
Rodrigo Arenas Betancourt nunca expresó su cariño de forma física, en cambio era una persona muy generosa, le gustaba mucho ayudar al otro sin esperar nada a cambio. También fue un gran escritor y autor de varios libros, entre ellos Crónicas de la errancia, del amor y la muerte (autobiográfico). De aquí se han sacado varios poemas por su excelente prosa.

Existe una ley inexorable: el encadenamiento entre el artista, su obra y el mundo” (1988, p.141).
En la casa donde compartió sus últimos años con su esposa María Elena Quintero González, dejó alrededor de cuarenta libretas inéditas: diarios en los que registró reflexiones, cuentas, frustraciones, confesiones, críticas al arte moderno, desahogos, amores y enfermedades. Un verdadero deleite para quien tenga la posibilidad de leerlos, y que, si algún día ven la luz, nos permitirán conocer aún más a este gran maestro que constituye una parte importante de la historia de nuestro país.

Datos curiosos de Rodrigo Arenas Betancourt
- El primer periodista que le dedicó un extenso reportaje fue Gabriel García Márquez, entonces reportero de El Espectador, quien más adelante se convertiría en uno de los escritores más reconocidos de Colombia.
- Rodrigo Arenas Betancourt perdió la falange del dedo corazón de la mano derecha mientras manipulaba una moderna sierra estadounidense durante uno de sus proyectos. El accidente lo marcó profundamente y llegó a deprimirse, pues creyó que no podría continuar con su labor artística.
- Su primer libro autobiográfico, “Crónicas de la errancia, del amor y de la muerte”, originalmente llevaba el título “Mi vida con las putas”, pero su editor le sugirió cambiarlo debido a consideraciones sobre la estructura social del país y la dinámica de difusión editorial.
EL CONDOR DEL UVITAL
RODRIGO ARENAS BETANCUORT
Con la imaginación de Don Quijote,
y la audacia de su lápiz,
Rodrigo Arenas resquebrajo
papel y carboncillo,
en proyectos y siluetas,
de sus esculturas monumentales,
que como molinos, embellecen el arte.
Fredonia acompaño sus pasos,
Por su mágico y hechicero Cerro bravo.
Testigo de su retorno, de su bohemia,
y del canto poético de un fredonita,
amante del aguardiente, de las tertulias,
Y de la lealtad de sus escuderos,
al que, como Prometeo,
con su sabiduría los ilumino.
Maestro, Arenas Betancourt…
hoy te recordamos con mucho orgullo y admiración,
como el cóndor que un día voló y voló,
desde los cafetales del Uvital al mundo,
entregándonos en su prosa y en sus esculturas,
energía, vida y amor.
ANTAR ARENAS
Dra. Febrero/2025
Fuentes consultadas:
- Periódico El Colombiano.
- Libro Crónicas de la errancia, del amor y de la muerte de Rodrigo Arenas Betancourt, año publicación 2015.
- Libro Los pasos del condenado de Rodrigo Arenas Betancourt, año publicación 1988.
- Libro Arenas Betancourt de tallador de Cristos a escultor colosal de Fernando Varela Ángel, año publicación 1984.
- Documental Arenas, el hombre creador, Universidad de Antioquia, año publicación 2019.
- Entrevista a José Patricio Arenas Rosas por parte del Periódico El Suroeste, año 2025.
- La U de A, Rodrigo Arenas Betancur a través de los recuerdos de su hijo José Patricio Arenas Rosas, año 2024.
Lectura recomendada:





