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El Suroeste antioqueño concentra cerca del 65 % de la producción de café del departamento. La cifra, entregada por el director del Comité Departamental de Cafeteros, Álvaro Jaramillo Guzmán, ubica a la región como el principal soporte de un sector que en Antioquia reúne a 74.593 familias y mantiene una producción cercana a los 2,2 millones de sacos anuales, con un valor estimado de 3,6 billones de pesos.

“Cuando hablamos del Suroeste, estamos hablando de 23 municipios, de los cuales 22 son cafeteros. Solo hay uno que no produce café (La Pintada). Por eso el peso de la región es tan alto”, explicó el director del Comité Departamental de Cafeteros. No se trata de grandes concentraciones productivas, sino de una actividad distribuida en pequeños productores. “Aquí lo que se produce queda repartido entre familias. Uno habla de cifras grandes, pero eso termina en manos de miles de caficultores”.

En ese contexto, uno de los cambios más relevantes en los últimos años ha sido la forma de producir. Aunque Antioquia tiene hoy menos área sembrada y menos caficultores que hace una década, el nivel de producción se ha sostenido.

“Tenemos menos hectáreas, menos familias, pero producimos lo mismo”.

La explicación, según el director, está en la densificación de los cultivos y en la renovación permanente de los cafetales. “Antes hablábamos de 3.000 o 4.000 árboles por hectárea. Hoy el promedio está en 5.800, y en municipios del Suroeste supera los 6.000”.

A esto se suma una caficultura más joven. “Hoy un árbol de café no dura más de 20 años. Cada cinco años, más o menos, se hace lo que llamamos soqueo, se corta y vuelve a crecer. Eso lo convierte prácticamente en un árbol nuevo”. Ese manejo, agregó, es el que permite mantener niveles de productividad altos incluso en zonas donde históricamente el café ha sido la base de la economía local.

El balance de inversión del Comité para 2025 muestra un aumento significativo en los recursos destinados al sector. Ese año se ejecutaron 46.930 millones de pesos, frente a 32.335 millones en 2024, lo que representa un crecimiento cercano al 45 %. La mayor parte de esos recursos se concentró en productividad e infraestructura vial, dos frentes que inciden directamente en la rentabilidad del caficultor.

“Lo fundamental es mantener cafetales jóvenes y productivos. Ahí está la base de todo”.

En el caso del Suroeste, la suma de inversiones identificadas en las distintas zonas de la región supera los 14.000 millones de pesos, distribuidos en proyectos productivos, mejoramiento de vías rurales, vivienda y programas de formación. En la práctica, esto se traduce en fertilización de cultivos, entrega de insumos, construcción de infraestructura para el beneficio del café y fortalecimiento de la asistencia técnica.

El panorama, sin embargo, no se limita a cifras. El relevo generacional aparece como una de las principales preocupaciones del sector.

“Estamos yendo a las escuelas para enamorar a los jóvenes del café. Ese es uno de los mayores retos que tenemos”.

Programas como Semillas de Futuro buscan acercar a niñas, niños y jóvenes a la caficultura, mientras que en municipios como Urrao y Caicedo se desarrollan pilotos que promueven la siembra en parcelas familiares. “Invitamos a los padres a que les den un pedazo de tierra a sus hijos, y nosotros los apoyamos para que siembren. La idea es que se queden en el campo”.

La incorporación de nuevas tecnologías es otro de los retos. “Ya hay tecnología en el mercado. Drones, equipos que ayudan a subir insumos en zonas de ladera. Lo que estamos haciendo es mostrársela al caficultor”. También se han abierto espacios de formación en temas como inteligencia artificial. “Tenemos que entender qué es eso. Yo mismo lo digo: venga y explíquenos bien de qué estamos hablando”, comentó, al referirse al trabajo con universidades sobre la integración de la inteligencia artificial a la producción cafetera.

En materia de precios, el análisis es más moderado. Aunque en los últimos años se registraron valores por encima de los 3 millones de pesos por carga, el director Álvaro Jaramillo evitó hablar de bonanza.

“Más que una bonanza, fue un desquite. Veníamos de años en los que el caficultor dejó de ganar. El café es de subidas y bajadas. Cuando uno está arriba, está recuperando lo que perdió en épocas difíciles”.

El director Álvaro Jaramillo anunció su retiro del cargo tras 30 años de vinculación al gremio, 11 de ellos como director ejecutivo . Durante ese periodo, la entidad gestionó más de 404 mil millones de pesos en programas y proyectos en Antioquia , en medio de coyunturas como la crisis de precios, la pandemia y los cambios en el modelo productivo.

Su salida representa el cierre de una etapa.

“A todas las familias caficultoras antioqueñas, mil y mil gracias por haberme acompañado, por haberme dado la oportunidad”.

Y aunque se despide del cargo, insiste en que el foco debe mantenerse en lo esencial: productividad, relevo generacional y adaptación a los cambios del sector.

Inversión social del Comité Departamental de Cafeteros en el Suroeste en 2025

Más de 14.153 millones de pesos invertidos en 2025 en el Suroeste.

Construcción y mejoramiento de más de 8.800 metros lineales de placa huella en vías rurales de la región.

Construcción y mejoramiento de viviendas rurales, además de intervenciones en acueductos que benefician a cientos de hogares en zonas cafeteras.

Fertilización de más de 8 millones de árboles de café y entrega de chapolas, equipos y sistemas para el beneficio del grano.

Dotación de marquesinas, secadoras, equipos de beneficio húmedo y herramientas para manejo de cultivos, especialmente en zonas de ladera.

Entrega de estufas eficientes, paquetes de seguridad alimentaria y acciones de conservación ambiental en fincas cafeteras.

Participación de municipios del Suroeste en programas como Semillas de Futuro y en escuelas de liderazgo para mujeres caficultoras, con presencia en Andes, Ciudad Bolívar, Concordia, Betulia, Salgar, Urrao, entre otros.

Análisis de suelos, giras educativas y procesos de capacitación que vinculan a caficultores en la región.

El Suroeste, por su peso en la producción y en la implementación de programas, sigue siendo el territorio donde se juega buena parte del presente y del futuro de la caficultura antioqueña.

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