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Investigación de Daniel de Jesús Granados Rivera Maestro investigador, formador de formadores de la I.E.N.S.A. Magister en Educación en la línea de Formación de Maestros UdeA

La historia de la maestra Jady Yocasta Leudo Maturana es también la historia de una vocación construida entre territorios, comunidades y generaciones de estudiantes. Nacida en el departamento del Chocó y formada como educadora con profundo compromiso social, su trayectoria en la educación pública ha estado marcada por el trabajo en contextos rurales y urbanos, muchas veces atravesados por dificultades geográficas y sociales. A lo largo de los años, su labor como maestra ha dejado huella en diferentes regiones de Colombia, siempre con la convicción de que la educación, la lectura y la escritura son herramientas fundamentales para transformar la vida de los niños y fortalecer las comunidades.

La maestra Jady Yocasta Leudo Maturana es hija de la señora Mary Luz Maturana Gómez, empleada de Bienestar Familiar, y de su padre de crianza Nelson Palacio Murillo, preparador físico que trabajó con Coldeportes. La maestra es del departamento del Chocó, territorio ubicado en la costa pacífica colombiana, conocido por su rica biodiversidad y su cultura afrocolombiana. Nació en Istmina y vivió su niñez y juventud en Quibdó, la capital del departamento, ubicada a orillas del río Atrato.

Es madre de dos hijos: Juan Estiven, preparador físico deportivo, y Mary Leidy, ingeniera industrial.

Sus estudios primarios los realizó en la Escuela República de Colombia, y los secundarios en el Marco Fidel Suárez del Carmen del Atrato y en la Normal Femenina Manuel Cañizales de Quibdó, donde obtuvo el título de bachiller pedagógico. Posteriormente se graduó como licenciada en educación básica primaria de la Universidad Javeriana, sede Medellín; es especialista en gestión ambiental e informática y telemática de la Universidad del Área Andina y magíster en educación de la Universidad de Medellín.

Inició su vida magisterial en la Escuela Los Maguitos, en la vereda del mismo nombre en Riosucio, Chocó. Recuerda la maestra Jady que en tiempo de invierno era difícil transitar por ser una zona pantanosa y el transporte era a caballo. Su mejor experiencia en este lugar fue el amor que los alumnos le tenían al estudio. En esta escuela el juego se integraba a las actividades propuestas para el aprendizaje, lo cual dio muy buenos resultados en su formación integral, evidenciado en sus desempeños académicos.

Posteriormente la maestra Jady pasó al municipio de Turbo, a la vereda Brazo Izquierdo Isaías, así mismo se llamaba la escuela, perteneciente a la zona de Las Tulapas. Este municipio está ubicado en la región del Urabá antioqueño, a orillas del Golfo de Urabá, en el mar Caribe. La planta física de la escuela era de tabla, hierro y tejas de zinc. Se llegaba por carretera y luego por más de cinco horas a caballo o caminando por altiplanicies, atravesando montes y ríos caudalosos.

La experiencia más significativa fue el tiempo que permaneció allí como maestra. Recuerda que la felicidad más grande de los niños era ir a la escuela. La comunidad aprendió a valorar a la maestra como su líder. Se hacían convites: los hombres trabajaban, las mujeres cocinaban y los niños gariteaban. Hubo gran apoyo de esta comunidad en todos los procesos educativos escolares.

Cuenta la maestra Jady que, más adelante, por motivos de orden público en esta región del Urabá antioqueño, fue trasladada a otras escuelas del municipio de Turbo, que hoy cuenta con uno de los puertos más modernos de Suramérica. Señala que esta experiencia fue poco duradera y no recuerda algo especialmente motivante o significativo; fue un paso temporal en el que asumía el rol de supernumeraria o maestra itinerante.

Luego fue reubicada en Currulao, corregimiento de Turbo, en la Escuela Antonio Nariño. En este lugar permaneció durante pocos meses. Recuerda que era un barrio muy vulnerable por la violencia de la época. Al maestro lo veían como un apoyo incondicional dentro de los proyectos de vida de la comunidad educativa. Desde su rol trató de ayudarlos en todo lo que estaba a su alcance.

En el mismo territorio pasó a la Institución Educativa 24 de Diciembre, donde orientó algunas áreas en el grado sexto de bachillerato, entre ellas Ciencias Naturales, Ciencias Sociales, Lenguaje, Ética y Valores Humanos, entre otras, en compañía de la maestra Elena. Era un territorio urbano marginal y muy violento.

Posteriormente pasó a la Institución Educativa Currulao, orientando clase en el grado primero de básica primaria. Aunque permaneció pocos meses, recuerda que los niños eran muy dispuestos para aprender. Era un grupo numeroso de alrededor de cuarenta estudiantes, niños de cinco, seis y siete años de edad, disciplinados y atentos a las orientaciones. Sus familias estaban muy comprometidas, y allí fue muy significativo el aprendizaje de la lectura y la escritura, gracias al compromiso de la familia con la escuela.

Luego la maestra fue ubicada en la Escuela Rural La Linda, de la vereda del mismo nombre en el municipio de Toledo, ubicado en el norte de Antioquia, reconocido por su belleza natural, con montañas, ríos y paisajes que lo hacen un destino atractivo para el turismo. Allí trabajaban dos maestras con la metodología de Escuela Nueva, orientando el grupo primero. Recuerda que era un grupo de más de treinta estudiantes.

Para llegar a este lugar el transporte era limitado: solo había un bus que salía de Medellín a las siete de la mañana o a las diez, llegando al mediodía o en la tarde. En algunas oportunidades solo había una línea con horario de regreso en la tarde. La escuela estaba ubicada antes de llegar al municipio y las casas en el territorio quedaban muy dispersas.

Los niños eran felices en la escuela. El gobierno escolar se fundamentaba en el liderazgo. También había huerta escolar, trabajada por la comunidad educativa y cuyos productos luego se consumían. Se realizaban eventos culturales donde la colaboración de la comunidad era muy importante. Los niños se quedaban después de la jornada escolar realizando actividades.

La directora era Olga Posada, madre del actual alcalde de San José de la Montaña. También se hacían visitas a otras escuelas donde se compartían experiencias; por ejemplo, en la Escuela El Granadero, cuya comunidad educativa era muy comprometida con todos los procesos escolares, dirigida por la maestra Silvia, una gran líder en la zona.

Después la maestra pasó a la vereda Piedecuesta, del municipio de Amagá, lugar donde hubo estación del tren y donde arribó el primer carro que llegó a la localidad, traído por el señor Carlos Upegui y su hermano a mediados del siglo XIX. Allí trabajó en la Escuela Maní de las Casas, donde permaneció durante más de cuatro años.

Los procesos de lectura y escritura que se desarrollaban con los estudiantes daban muy buenos resultados. Siempre fue maestra del grado primero. La comunidad educativa fue muy amable y colaboradora durante su estadía, apoyando permanentemente el proceso de formación de los niños. Recuerda la maestra que cuando le correspondió el proyecto de restaurante escolar, la empresa Agrosan -ahora Sanimax- colaboraba con materiales y suministros para la alimentación de los estudiantes; además se logró que subsidiaran el pago de la manipuladora de alimentos, incluyendo salarios y prestaciones sociales.

Recuerda con alegría la maestra Jady que el 21 de septiembre de 2006, mediante una permuta convenida, pasó al área urbana del municipio de Amagá, puerta de oro del suroeste antioqueño, tierra de mineros y maestros, a la sede María Auxiliadora de la IENSA. Esta propuesta le fue realizada por el jefe de núcleo Francisco Javier Marroquín, junto con el maestro Francisco Betancur Bolívar, y su mayor motivación fue que su hija Mary Leidy ingresaba al bachillerato para cursar la educación básica secundaria.

Durante su estadía en la sede María Auxiliadora, perteneciente a la IENSA, le ha correspondido ser orientadora en el nivel preescolar, especialmente en la dimensión comunicativa, y en básica primaria en el área de lengua castellana, en los grados primero a quinto. También ha trabajado la experiencia del proyecto de articulación entre preescolar y primero, fundamentado en los procesos de lectura, escritura y pensamiento lógico-matemático, obteniendo muy buenos resultados en el proceso formativo de sus estudiantes.

La maestra ha participado en el Desfile de Cuentos, Mitos y Leyendas, evento que se realiza cada año, el 4 de agosto, fecha conmemorativa de los cumpleaños del municipio. Ha pertenecido al núcleo de humanidades que integra las áreas de lengua castellana e inglés, al consejo directivo, y actualmente lidera el área de inglés, utilizando como herramienta pedagógica la plataforma Master 2000 y los módulos de bilingüismo. Esto ha motivado a los estudiantes a trabajar con compromiso y responsabilidad frente al manejo de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, fortaleciendo el aprendizaje de una segunda lengua. También orienta el área de ciencias naturales y educación ambiental en los grados cuarto y quinto.

Otra de las experiencias significativas es la realización de producciones escritas con errores y sin ellos, basada en la escritura de textos que luego se corrigen en el aula para mejorar los procesos escriturales de los estudiantes. Asimismo, ha desarrollado semilleros de lectoescritura, dirigidos a estudiantes que presentan dificultades en estos procesos. Algunas de estas actividades se realizaban en jornadas extra clase.

Los padres de familia también recibían orientaciones de acuerdo con los descriptores que evidenciaban dichas dificultades, con el fin de convertirlas en oportunidades de mejoramiento continuo y elevar las competencias en el área, así como el desarrollo de las habilidades comunicativas: hablar, escuchar, escribir y leer, desde una perspectiva de literacidad crítica.

Además, participó en la organización de la biblioteca de básica primaria. Es una amante de los procesos de lectoescritura, convencida de que no se trata solo de codificar, sino de leer para comprender, argumentar y producir. Este trabajo lo ha desarrollado con estudiantes desde preescolar hasta grado quinto.

Entre las estrategias implementadas se destaca “Leer es mi cuento”, una propuesta metodológica, didáctica y pedagógica en la que los estudiantes compraban los textos de lectura con billetes didácticos. También se elaboraban separadores como estímulos. Un grupo de niños colaboraba con la organización del material de lectura, que luego llevaban a sus casas para que los padres, acudientes o cuidadores escribieran lo que sus hijos les habían contado sobre las lecturas realizadas, ya fuera de manera individual o con otros compañeros. Posteriormente estos relatos se socializaban y valoraban en clase.

Actualmente también pertenece al Proyecto Ambiental Escolar -PRAE mediante la estrategia Guardianes de la Naturaleza, iniciativa que anteriormente lideró junto a la maestra Gloria Patricia Villegas, hoy jubilada, quien durante dos décadas contribuyó a la conservación, cuidado y protección del medio ambiente en armonía con la naturaleza, promoviendo un desarrollo humano sostenible.

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