Por Rubén Darío González Zapata Colaborador oriundo de Ciudad Bolívar Corregimiento Alfonso López (San Gregorio)
Es una mañana como cualquiera otra y en la vereda La Lindaja la neblina empieza a disiparse por la acción de los dorados rayos del incipiente sol.
– Vení p’acá hombe Linda, porque los dos vamos a conversar –, le dice Sócrates, el buey filósofo, a la mula más querida de San Gregorio. – Y ahora de qué querés hablarme hombe buey. Pensé que ya se te habían acabado las ideas, porque hace tiempo que ni siquiera muges – contestó Linda con cierto aire de ironía que Sócrates pasó por alto inteligentemente. – Es que te voy a aplicar un test, o un examen, como decían los maestros de las escuelas –. De los grandes ojos de Sócrates emana un raro fulgor. Es evidente que este amigo va a salir una vez más con esas cosas raras de alta filosofía que a ella tanto le gustan, piensa Linda. Sócrates continuó: — ¿Es que vos no te habés enterado de que nuestros hermanos humanos andan por estos días muy preocupados porque sienten que en San Gregorio no están surgiendo nuevos líderes, con sentido de compromiso y decisión para asumir los retos que plantea el futuro del corregimiento? – En las palabras de Sócrates se percibe el tono de una extraña preocupación, casi de angustia existencial y Linda, que lo conoce bien, lo adivina en seguida. – Sí, pero ¿qué tiene que ver eso con el examen que me querés hacer? – responde Linda dubitativa. — ¡Mucho! – responde Sócrates – porque si respondés bien a las preguntas que te voy a hacer significa que tenés las condiciones para ser una buena lideresa y si vos lo podés ser, imaginá si no lo van a poder ser nuestros hermanos de Alfonso López que tienen un nivel de inteligencia superior. Vos y yo les vamos a decir entonces que cada uno de ellos y de ellas, incluyendo a los jóvenes que continuamente salen del colegio, tiene el potencial para ser un nuevo líder o una nueva lideresa –. Linda lo piensa por unos momentos, mientras que Sócrates escudriña con ansiedad el mensaje sutil que emana de sus orejas. Sabe que, con el movimiento de estas extremidades, las mulas y los caballos expresan en gran medida sus emociones. Como las orejas de Linda aparecen claramente proyectadas hacia adelante, Sócrates deduce que su respuesta es positiva: su amiga está dispuesta a cooperar, y así se lo confirma ella misma con un quedo y suave resoplido.
— Te voy a hacer – dice Sócrates — seis preguntas y a cada una de ellas vos podés responder con un SI o con un NO. Para el ejercicio, vamos a suponer que formás parte de una recua muy grande de mulas que debe llevar el café de las fincas de San Gregorio a la agencia de Bolívar o a la de Salgar. El arriero analiza las características de cada mula para decidir a quién de todas va a poner al frente, es decir, cuál va a ser la cabeza de la recua. Como vos querés ser la líder, le pedís al arriero que te aplique el test y, si lo aprobás, este te dará el cargo. ¿Estamos? – Preguntó Sócrates a Linda. – ¡Pago! – dice Linda con una actitud de decisión que brota de sus ojos y orejas. — Estas son las preguntas, pues –dice Sócrates, mientras se echa cómodamente en el pequeño rellano del potrero:
- ¿Entendés tus propias emociones y las de la mulada (tu equipo); sos capaz de conectarte con ellas y gestionar con calma situaciones de crisis? SI __ NO __
- ¿Al transmitir información a las demás mulas lo hacés de manera clara, motivadora; escuchás las ideas de las demás y las tenés en cuenta? SI __ NO __
- ¿Tenés capacidad para visualizar el futuro, establecer objetivos claros, tomar decisiones oportunas, incluso en entornos inciertos? SI __ NO __
- ¿Confiás en las mulas que van con vos, les das responsabilidades, autonomía para que ellas crezcan también como potenciales lideresas? SI __ NO __
- Sos capaz de ajustarte a los cambios y aprendés de los errores, sin perder el enfoque positivo en situaciones de adversidad?
- Sos capaz de trabajar en equipo con los demás líderes y lideresas? ¿sos capaz de reconocer sus valores, su trabajo y sus méritos y de aprender de sus éxitos, de sus aciertos y también de sus críticas? SI __ NO __
El sentido de las respuestas, un SI a todas seis, no sorprende a Sócrates. Conoce muy bien a Linda y sabe de su sentido de responsabilidad y capacidad para interactuar con otros líderes y lideresas. — ¿Y ahora qué? – pregunta Linda. — Ahora te voy a decir qué clase de líder sos basándome en tus respuestas –, responde Sócrates. ¡Linda es todo orejas! — En primer lugar – continúa Socrates — manejás una adecuada empatía por tu capacidad para conectarte con los demás. En segundo lugar, sos asertiva, porque das información clara; sos motivadora y comprendés las necesidades de quienes componen tu equipo de trabajo. En tercer lugar, tenés visión estratégica, porque sos capaz de establecer objetivos de largo plazo y de tomar decisiones oportunas en entornos inciertos. En cuarto lugar, tenés la característica de la resiliencia, porque confiás en los demás, les das responsabilidades y autonomía y promovés su crecimiento personal. En quinto lugar, tenés adaptabilidad porque sos capaz de ajustarte a los cambios y de aprender de los errores y adversidades, manteniendo la mirada enfocada y positiva. 6. Por último, entendés lo que es el trabajo en equipo. Esta última característica es muy importante, porque te permite el trabajo constructivo con los demás líderes y lideresas, aunque existan con ellos divergencias de opiniones; no los ves como competidores ni adversarios sino como parte de una misma fuerza que los enriquece a todos, además de que te permite convertir la crítica en fuente de crecimiento – concluyó Sócrates. Linda tenía una última pregunta: — ¿y de qué sirve todo esto para vos y para mí? – No es para vos ni para mí – responde el buey –. A nosotros los animales y la naturaleza en general, la cooperación, la interacción y la mutua convivencia nadie nos las tiene que enseñar porque la llevamos por instinto en el ADN y gracias a eso los hermanos humanos no han podido acabarnos, a pesar de los errores que cometen. Por el contrario, nosotros sí le podemos enseñar a que nos respeten y que se respeten entre ellos mismos y sean capaces de interactuar para crecer y progresar. ¿Lo entendés, hombe? –, remató Sócrates. – Lo entiendo – respondió la mula. – Y ahora Linda, como demostrás que tenés condiciones para guiar la recua hasta el pueblo, Soto, nuestro arriero emblemático de San Gregorio, me acaba de enviar un mensaje desde el paraíso en el que se encuentra: ¡has sido elegida líder de la mulada!
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Por Rubén Darío González Zapata
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