Por John Alexander Estrada Ossa
Leandro Garzón Agudelo
El pasado 6 de agosto se llevó a cabo la premiación del Primer Concurso de Cuento Rural de Amagá, una iniciativa independiente liderada por la historiadora e investigadora del patrimonio Jimena Muñoz y el maestro artista Jairo Franco. La convocatoria propuso tres categorías: infantil, juvenil y adultos, y tuvo como propósito incentivar la escritura y abrir un espacio para narrar, desde distintas voces y experiencias, el territorio y la ruralidad amagaseña. Su lema: “Entre montañas y memorias… ¡Tu historia cuenta!”, se lee en la pieza de difusión del Concurso.

Autores y autoras del área urbana y rural, de edades muy diversas y con diferentes vínculos con la ruralidad, enviaron sus textos hasta el 5 de mayo. Luego, la organización convocó a los profesores José Fernando Montoya, John Alexander Estrada Ossa y Leandro Garzón Agudelo a participar voluntariamente en la evaluación de los 32 cuentos participantes.

“Recibimos en total 32 escritos, obras narrativas, historias llenas de sensibilidad, creatividad y talento; relatos que nos hicieron recorrer caminos de herradura, escuchar los sonidos de las quebradas, recorrer montañas, veredas, túneles y rieles. Nos hicieron recordar la vida campesina y reconocer que el campo no es únicamente un espacio geográfico, sino un lugar donde habitan la memoria, la cultura, la familia, el trabajo, la esperanza y los afectos”, expresó Jimena Muñoz, en la ceremonia de premiación llevada a cabo en el Edificio Comfama, de Amagá.
En dicha ceremonia se dio a conocer el texto que reproducimos ahora en las páginas de EL SUROESTE. Se trata de un balance de lo leído y de los sentidos que surgieron a partir de la lectura, discusión y evaluación de los cuentos participantes. Es también una proyección animada por la posibilidad de que el Concurso de Cuento Rural crezca, se fortalezca y se consolide como un espacio para la escritura, la participación y la reflexión sobre el territorio amagaseño:
Ha sido un honor participar como evaluadores del Primer Concurso de Cuento Rural de Amagá. Nos entusiasma saber que existen tantos proyectos que, desde el voluntariado y con carácter independiente, propician accesos diversos a la lectura, la escritura, la oralidad y la escucha. Nos alegra aún más que se trate de iniciativas que, además de promover la creatividad, fortalecen el pensamiento crítico y amplían las formas de comprender el territorio.
La lectura de todos los cuentos que participaron del concurso nos permitió reflexionar sobre la manera como nuestro municipio ha significado, de manera muy particular, la categoría “ruralidad”. El conjunto de relatos que leímos, comentamos, discutimos y evaluamos nos brinda algunas comprensiones respecto a qué es lo rural para las personas que escriben hoy en Amagá, es decir, para las niñas, niños, jóvenes y adultos que postularon sus cuentos a este concurso.
Desde esta perspectiva, la ruralidad no sólo está asociada a costumbres y tipos humanos que han sido reproducidos en nuestras literaturas desde el siglo XIX por la tradición costumbrista. Si bien hay relatos que vuelven sobre estos “motivos rurales”, otros, desde una mirada crítica, nos hacen caer en cuenta de que en Amagá la minería es rural. Buena parte de la explotación del carbón sucede en veredas del municipio como Minas, La Clarita, Piedecuesta, Nicanor y La Ferrería, entre otras. La ruralidad de la minería es muy distinta de la ruralidad de la agricultura que predomina, en nuestro municipio, en zonas como los pueblitos (San José, los Sánchez); así como también plantea diferencias con la ruralidad de la producción de caña de azúcar y panela, presente en veredas como El Cedro. La ruralidad de la minería retrata la tragedia de las comunidades mineras: una memoria marcada por la muerte, la explotación, la falta de oportunidades.
Por otra parte, más allá de la idiosincrasia rural que predomina en el imaginario -campesinos, animales, cultivos y costumbres pastoriles, a veces idealizadas-, en nuestro país y en Amagá la ruralidad también ha sido el escenario de distintas formas de violencia a lo largo de muchos años. Es alentador saber que la narrativa de un municipio no oculte esas historias ni las experiencias que han marcado a sus comunidades, pues, en el momento actual de nuestro país, resulta fundamental que la literatura contribuya a hacer memoria y nos permita seguir nombrando aquellas realidades que atraviesan nuestros territorios.
Adicionalmente, el concurso exploró una perspectiva de la ruralidad asociada al reconocimiento, el cuidado y la comprensión del agua, del suelo y de las múltiples formas de vida que habitan y sostienen el territorio amagaseño. Algunos relatos nos invitaron a pensar la tierra no únicamente como el escenario donde transcurre la existencia humana, sino como un ser vivo del que hacemos parte y con el que sostenemos relaciones de interdependencia. Desde esta mirada, la ruralidad se convierte en una comunidad de vida, donde cada quebrada, cada cafetal, cada cañaduzal, cada cultivo y cada especie participan de una trama de relaciones que exige respeto, cuidado y responsabilidad compartida. Nos alegra encontrar que la literatura escrita en este municipio también abra espacio para estas preguntas, porque imaginar nuevas formas de habitar la tierra es, al mismo tiempo, una manera de aprender a protegerla y resignificarla.
Si el concurso logró hacernos pensar de forma crítica la ruralidad y no sólo contemplar intentos de reflejo de los entornos rurales, entonces consideramos que valió la pena. Se escribe y se promueve la escritura para movilizar el pensamiento, fortalecer la crítica y conocer otros relatos. Eso lo está logrando esta iniciativa de concurso de cuento.
Hacemos una invitación a hacer del Concurso de Cuento Rural una institución en el municipio; un proyecto vinculado a estrategias de formación en la escritura, que continúe ampliando las posibilidades de participación, promoviendo la difusión de las obras escritas en el marco del concurso y consolidándose como una valiosa oportunidad para fortalecer la cultura escrita en Amagá.
Felicitamos a todas las autoras y autores que participaron de esta primera versión, así como a quienes, de manera entusiasta, promovieron y lideraron esta loable iniciativa. Deseamos que este sea el comienzo de un proyecto duradero, capaz de seguir convocando nuevas voces, nuevos relatos y nuevas maneras de pensar, narrar y habitar el territorio.



