
Por Nicolás Antonio Vásquez López Cronista
Atiéndeme, querido lector: hace 50 años tenemos la Biblioteca Municipal de Amagá «Emiro Kastos». Fui a la biblioteca a consultar, hablé con el bibliotecario Cristian Agudelo; quería ver la biblioteca, olerla, sentarme en sus frágiles sillas negras. Me remití a un texto del docente Samuel Antonio Gómez, autor de una de las monografías de Amagá, posterior a la monografía de Julio Moreno Montoya; leí un fragmento sobre la historia de la biblioteca. Mientras Cristian atiende a las personas atraídas por los libros, después ofrece café.
La biblioteca vio la luz inicialmente por una junta, en cabeza de la alcaldesa Helvia Amparo Torres de Acevedo en 1975, reunidos en la anterior sede de la «Casa Campesina» y «el Hogar Juvenil», ahora «Hogar Infantil Carboneritos». Hoy hace un calor abrasador, la biblioteca recibe público, se preparan para «el Desfile de Mitos y Leyendas»; siempre me causó escozor el busto de Mariano Ospina Pérez a la entrada, nada que ver el personaje con el lugar, ¿no?. En la junta estaba Juan Montoya Correa, exalcalde y benefactor de la biblioteca, asesinado en 1986 en el centro poblado Camilo C.
Las paredes de la biblioteca conservan los retratos en óleo de Juan Montoya Correa, Pascual Correa Flórez y Horacio Correa Flórez, benefactores y precursores de ella; sin embargo, la biblioteca no tiene un espacio de memoria consolidado. Amagá es un pueblo desmemoriado, aniquilador de su patrimonio. En 1975 volvieron las Fiestas del Carbón bajo el objetivo de recolectar fondos para la biblioteca, reinado incluido, sin fanatismos traquetos. El 14 de agosto de 1975, la biblioteca fue creada por acuerdo municipal (Acuerdo Nº 075).
Las bibliotecas se mueven; en 1976 la sede fue la casona al norte del parque principal en la calle Uribe Uribe. Este lugar hizo las veces de asilo municipal, Corporación Escuela de Música de Amagá, Hogar Juvenil; hoy Plaza de Mercado de Amagá. Hasta el año 1986 funcionó allí la biblioteca. Muchas veces las bibliotecas son vapuleadas por la mudanza administrativa; necesitamos un espacio, ¡pum!, la biblioteca es perfecta, se la bajan; ahí es donde se requiere un lugar propio. Amagá ha tenido hasta la fecha 11 bibliotecarios: 6 mujeres y 5 hombres.
Vuelve a moverse la biblioteca en 1986, esta vez al tercer piso del edificio de Bancafé-Davivienda, ahora piso de Cultivarte. Leía el fragmento de la monografía y reconocía el periplo de la comunidad para llegar a donde ahora está la biblioteca. El 11 de agosto, se conocía el fallecimiento de una de las más recordadas bibliotecarias de Amagá, Aracelly Agudelo Osorio, 12 años de bibliotecaria (1982-1994). Allí florecieron grandes eventos que aún perduran en la tradición cultural del municipio; asimismo, la docente Luz Norela Lora, bibliotecaria entre 1995 y 1997, fallecida el 7 de febrero. Desde 1998 hasta el 2002 dura la construcción de las 3 etapas del Centro Casa de la Cultura de Amagá, propuesta iniciada por la segunda vez alcaldesa Helvia Amparo Torres de Acevedo; el espacio para la biblioteca municipal fue entregado el 22 de diciembre de 2000.
Esa es la biblioteca de mi memoria, la que reconozco; recuerdo los jardines prensiles y las estrafalarias expresiones del bibliotecario Carlos Julio Atehortúa Chavarriaga, bibliotecario de generaciones en 21 años de labores. Fallecido el 28 de octubre de 2021. Entiendo entonces por qué Belisario Betancur y su esposa Rosa Helena Álvarez donaron enciclopedias y libros de consulta a la biblioteca, mientras las joyas literarias, códices y libros conspicuos del Padre Ubú, como llamaba Alberto Aguirre a Belisario, fueron a parar a la Universidad Pontificia Bolivariana. Amagá no cuida su patrimonio, no resguarda su historia; en fin, los libros del padre Ubú están bien conservados en la sacrosanta UPB. Larga vida a la biblioteca «Emiro Kastos».
En portada: Logotipo Centro Casa de la Cultura de Amagá; creado por Luz Marina Correa Molina el 5 de diciembre de 2000.
Lectura recomendada:
Crónica parroquial: 238 peras



