Guillermo Valencia Castillo nació el 20 de octubre de 1873 en Popayán. Su vida pública estuvo ligada tanto a la literatura como a la política. Su afinidad con las letras lo llevó a escenarios como el París de finales del siglo XIX, mientras que en Colombia fue reconocido por la profundidad de sus discursos y la calidad de sus poemas.
El profesor Juan Esteban Villegas, del programa de Estudios Literarios de la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB), sede Medellín, explica que “Valencia junto a José Asunción Silva -de hecho fueron muy amigos- fueron los dos grandes poetas de lo que en literatura llamamos el modernismo colombiano (…) Al inscribirse dentro de esa corriente estética literaria (…) es un momento en el que durante muy poco tiempo se condensan muchas estéticas literarias, entonces eso explica por qué una vertiente de la literatura de Valencia tiene una dimensión muy parnasiana, por qué otras conservan tintes o vestigios del romanticismo”.
Acercarse a su obra es encontrarse con una poesía influenciada por el parnasianismo, en la que también se advierten el pesimismo y el naturalismo. Un ejemplo es su poema Anarkos, en cuyo epígrafe cita al filósofo Friedrich Nietzsche.
Mísero can, hermano
de los parias, tú inicias la cadena
de los que pisan el erial humano
roídos por el cáncer de su pena;
es su cansancio igual a tu fatiga;
como tú se acurrucan en los quicios
o piden paz, sin una mano amiga,
al silencio de oscuros precipicios.
La trayectoria de Valencia estuvo atravesada por esa relación entre la creación literaria y la vida pública. Aunque aspiró en dos ocasiones a la Presidencia de Colombia, no logró llegar al cargo. Su participación política también estuvo vinculada a su origen social y a las estructuras de poder de su época.
“No se puede desligar el hecho de que en Valencia, la figura del poeta y el hombre político confluyen, ya que él nunca pudo llegar a la presidencia, se presentó un par de ocasiones a la candidatura pero no fue elegido, sí fue un poeta que todavía guardaba mucho de ese abolengo, de esa casta de hacendados del siglo XIX”, comenta el profesor Villegas.

En Anarkos, Valencia también dirige su mirada hacia los trabajadores de las minas, a quienes describe a través de imágenes que reflejan las duras condiciones de su oficio:
Los mudos socavones de las minas
se tragan en falanges los obreros
que, suspendidos sobre abismo loco,
semejan golondrinas
posadas en fantásticos aleros.
Con luz fosforescente de cocuyos,
trémula y amarilla,
perfora oscuridad su lamparilla;
sobre vertiginosos voladeros
acometen olímpicos trabajos,
y en tintas de carbón ennegrecidos,
se clavan en los fríos agujeros,
como un pueblo infeliz de escarabajos
a taladrar los árboles podridos.
El contraste entre el poeta y el político también puede reconocerse en el lenguaje. Mientras la poesía le permitía construir un universo cargado de referencias culturales, símbolos e imágenes, su participación en la política lo enfrentaba a una realidad social muy distinta de aquella que evocaban sus versos.
Sobre esta contradicción, el escritor Juan Gustavo Cobo Borda señala en su libro Historia de la poesía colombiana del siglo XX: “el mundo ideal hacia el cual Valencia dirigía sus aspiraciones ‘quién pudiera volar a donde brota / la savia de tus mármoles, Atenas’ contrastaba, y en qué forma, con el real mundo de esa Colombia de guerras civiles y fracciones hirsutas, donde una poesía suntuosa, difícil y saturada de referencias culturales como la suya, no parecía tener demasiado sentido” (p. 100).

Aquella Colombia en la que Valencia desarrollaba su trayectoria pública vivió uno de los conflictos más devastadores de su historia: la guerra de los Mil Días, que se extendió entre 1899 y 1902. Uno de sus enfrentamientos más sangrientos fue la batalla de Palonegro, que dejó cerca de 4.300 muertos y heridos entre ambos bandos.
En medio de ese conflicto ocurrió un episodio que Cobo Borda recoge en su libro y que ilustra el contraste entre la producción literaria de Valencia y la violencia que atravesaba el país:
“Cuando apareció Ritos (1899), su primer libro, y en realidad el único (…) 200 ejemplares del mismo que eran remitidos a Valencia, entonces en París, pasaron a formar parte del morral de los soldados que combatían en Palonegro, al ser decomisados en el combate naval de ‘Los Obispos’, en el río Magdalena” (p. 100-101).
Guillermo Valencia y sus vínculos con el Suroeste antioqueño
La trayectoria de Guillermo Valencia también estuvo relacionada con escritores del Suroeste antioqueño. Uno de ellos fue Efe Gómez, nacido en Fredonia en 1867, quien tuvo a su cargo el discurso durante el homenaje que la Universidad de Antioquia rindió al poeta caucano.
Según comenta el profesor Nicolás Naranjo, magíster en Estudios Hispánicos con concentración en Literatura, “la Universidad de Antioquia le dio a Guillermo Valencia un Honoris Causa en Letras (…) en un evento que se llevó a cabo en el Paraninfo. El encargado del discurso fue Efe Gómez (…)”.
Efe Gómez fue uno de los escritores representativos de la literatura antioqueña de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Su vida transcurrió entre las letras y la ingeniería de minas, oficio que también influyó en su creación literaria. En sus relatos exploró las contradicciones humanas, las condiciones de vida de los trabajadores y las dificultades de la sociedad de su época.
El discurso que pronunció en homenaje a Valencia fue recuperado y publicado en junio de 2008 en la revista Extensión Cultural, número 53, de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín, con una presentación del profesor Nicolás Naranjo Boza.
En aquella intervención, Efe Gómez recurrió a una narración protagonizada por varios personajes que conversan sobre la poesía, el sufrimiento y la condición humana. A través de sus reflexiones, el escritor fredonita construyó una lectura de la obra de Valencia que trascendía sus cualidades estéticas y se detenía en las preocupaciones sociales presentes en sus versos.
Uno de los momentos más significativos aparece cuando el discurso aborda las injusticias y el dolor humano. Allí se plantea una distinción que queda expresada en una frase: “Pero el dolor no es la injusticia” (p. 65).
Esta reflexión adquiere especial sentido al relacionarla con Anarkos, poema en el que Valencia dirige su mirada hacia los sectores más desfavorecidos de la sociedad. El discurso de Efe Gómez reproduce, precisamente, los versos dedicados a los trabajadores de las minas, aquellos hombres que desarrollaban su oficio entre socavones, oscuridad y condiciones adversas.
La presencia de estos fragmentos en el homenaje resulta significativa si se tiene en cuenta que Efe Gómez conocía de cerca el mundo de la minería antioqueña. Desde su experiencia como ingeniero y escritor, encontró en los versos del poeta caucano una representación literaria de una realidad que también había formado parte de su propia vida.
En otro momento del discurso, la conversación entre los personajes conduce a una reflexión sobre la capacidad de la poesía para responder a las dificultades humanas. Uno de ellos afirma: “Pues yo creo en la solución del poeta. Esa es la mía” (p. 71).
La expresión permite reconocer el lugar que Efe Gómez concedía a la literatura como una forma de interpretar la existencia y sus contradicciones. En este sentido, el homenaje a Valencia también constituye una reflexión sobre el papel del escritor frente a la sociedad, particularmente en un país cuya historia había estado atravesada por conflictos políticos, desigualdades y enfrentamientos armados.
El discurso concluye con una exclamación de reconocimiento al poeta: “¡HONRATE L’ ALTISSIMO POETA!” (p. 72), expresión que sintetiza la admiración de Efe Gómez por la trayectoria literaria de Guillermo Valencia.

La relación entre ambos escritores, sin embargo, no se limitó a aquel homenaje. En la presentación del documento, Nicolás Naranjo Boza recupera una anécdota recogida en el Anecdotario de Efe Gómez, publicado en 1951, que da cuenta de la admiración mutua entre ambos escritores. Durante un encuentro en el que también estuvo presente Tomás Carrasquilla, Valencia elogió las capacidades literarias de Efe Gómez, quien respondió con una de sus habituales expresiones de humor.
El relato, titulado La química del maestro Valencia, cuenta:
“El maestro Guillermo Valencia fue uno de lo más devotos admiradores de la castellanísima prosa del maestro Efe Gómez. Siempre expresó esa admiración en público y en privado y, personalmente, se complacía en decirle a don Efe: ‘Tú eres, maestro, el endemoniado Keikos’.
Era de advertirse que el maestro Valencia, a edad mayor de los cincuenta años, conservaba el cabello intensamente negro. Ni una sola cana blanqueaba en su altanera cabeza.
Una tarde en que paseaban Valencia, Carrasquilla y don Efe por los alrededores de la ciudad, el eminente vate payanés dijo a don Efe:
—Hombre Keikos… Tú siempre eres un brujo para la prosa.
Y contestó don Efe con sarcástica agilidad, clavando los vivaces ojos sobre la negrísima cabeza de Valencia:
—Y ‘usté’, maestro siempre es un brujo ‘pa’ la química” (p. 53)
A este reconocimiento se suma el papel del escritor Baldomero Sanín Cano en la difusión internacional de la obra de Valencia. De acuerdo con Naranjo, Sanín Cano “lo dio a conocer (a él y a Silva) en Londres en la primera y segunda década del siglo pasado. Junto con Silva figuran en una antología de la Universidad de Oxford de poesía latinoamericana”.

A 153 años de su nacimiento, Guillermo Valencia sigue siendo una figura que permite acercarse a las relaciones entre la literatura y la política en Colombia. Su obra, atravesada por distintas corrientes estéticas y por las contradicciones sociales de su época, encontró reconocimiento entre escritores como Efe Gómez y Baldomero Sanín Cano, quienes contribuyeron a su valoración y difusión. Entre sus aspiraciones políticas, sus versos y los debates que despertó su trayectoria, permanece el legado de un autor cuya vida estuvo estrechamente ligada a la historia intelectual y política del país.
FUENTES
- Banco de la República – Guillermo Valencia Castillo
- Revista Extensión Cultural No. 53 / 2008- Universidad Nacional de Colombia
- Poema Anarkos – Guillermo Valencia Castillo
- Radio Nacional de Colombia – Guerra de los Mil Días: Siete puntos clave para entender este hecho
- Historia de la poesía colombiana del siglo xx – Juan Gustavo Cobo Borda (4ta edición 2008. Villegas Editores)



