Por Cristian Alejandro Agudelo Sánchez Filósofo y Bibliotecario Municipal
No hay motor más potente que el corazón de un soñador
108 años de historia de los Tribunales de Semana Santa, un esfuerzo por mantener las tradiciones vivas, en el municipio de Amagá, Antioquia
Bajo el cincel del tiempo, la madera deja de ser bosque para volverse pulso. La encarnadura no es sólo pigmento sobre el yeso, es el milagro de la materia que decide dejar de estar muerta. Es el rojo que se esconde tras la palidez del lienzo, ese rumor de sangre que aguarda el roce de la luz para declarar su existencia. En el rincón de la catedral, el santo no sólo es piedra o cedro; es un suspiro detenido. El artista, con dedos manchados de tierra y aceite, ha invocado la vida en el frío del bulto. Allí, donde la curva de la mejilla encuentra la sombra, el espíritu se hace nudo y tendón. No hay distancia entre lo eterno y lo quebrado: la divinidad se ha dejado atrapar en la fragilidad de un poro, en el brillo de una lágrima que nunca cae, en la piel que parece arder bajo el peso de una mirada. Pintar la carne es, en verdad, un acto de piedad. Es reconocer que lo sagrado no habita en las nubes, sino en el abrazo, en la herida abierta y en el calor de un pecho que sube y baja. El arte religioso no busca mostrar a Dios como un concepto, sino como una presencia que suda, que sangra y que habita, con una terquedad luminosa, en la humilde cárcel de nuestro propio cuerpo. Y allí armoniza la manera en la cual se dispone el arte para convertirse en obra, la transformación de la técnica sobre la materia, una réplica de la realidad, como ya se pensaba desde la antigüedad helénica con los griegosPara Arthur Danto pensador contemporáneo del arte y la filosofía del arte; el arte no es una ventana que se abre al mundo, sino un espejo que, al mirarlo, nos devuelve un pensamiento hecho cuerpo. En su filosofía, la obra es una «encarnación de significados»: un objeto que, siendo materia común, se transfigura en un receptáculo de espíritu a través del bautismo de la interpretación. Y esto último es lo que deseo destacar en estas líneas, la encarnación de significados en relación al arte religioso y sus representaciones en torno a las miradas de cómo la obra de arte desde el contenido de lo sacro genera un fervor entre la dimensión cultural y el horizonte espiritual. Para este propósito tomaré algunos ejemplos de algunas obras del arte referidas a la pintura y la música que nos permitirán analizar la confluencia del arte religioso con relación a la Semana Mayor, y la disposición de cómo en el municipio de Amagá en el Suroeste antioqueño, esta conmemoración es elevada hoy a Semana Santa Emblemática por la Gobernación de Antioquia, comprendida como un escenario vivo en virtud del arte, la estética, la literatura, el teatro, la fotografía, la música y la encarnación de significados de parte de propios y visitantes, al participar de las tradiciones y patrimonio que dan identidad a nuestro territorio.
Es curioso porque cada año que se adviene la conmemoración de la Semana Mayor, pienso en dos obras artísticas y en una composición musical, aunque al parecer se lleven algunos siglos de distancia para los períodos de la historia del arte, esas obras amplifican mi mirada personal sobre cómo la puesta en escena de los Tribunales de Semana Santa en el municipio de Amagá (líneas adelante hablaré de ello) representan esas icónicas escenas, porque se adviene dos emociones, que referidas a la puesta en escena, en un sentido cercano a la catarsis aristotélica, ante la definición de la Tragedia griega, emergen así el miedo y la compasión. Para el filósofo clásico el miedo derivado de la tragedia, se adviene dado las condiciones donde los personajes padecen la accidentalidad de las circunstancias, y desean salvaguardarse del padecimiento, por otra parte, la compasión nace de la bondad del espectador, que advierte el sufrimiento de quien padece los vejámenes y no puede emitir la defensa o evitar el padecimiento. Como se verá a continuación, me refiero puntualmente a dos escenas integradas en el proceso de cómo Jesucristo es entregado a sus verdugos, y luego sentenciado a muerte, escenas que responden a los días santos del jueves y viernes respectivamente, que son llevados a la dramatización por parte de los Tribunales de Semana Santa.
Del claro oscuro del alma, la luz no ilumina la verdad, denuncia el miedo
El significado encarnado es una relación sensible que produce el arte, y no hablo sólo de la fruición estética con respecto a la obra, sino del hecho humano de cómo el arte tiene la capacidad de interpelarnos y ver adentro de nosotros mismos lo que nos integra de manera social, pero también la función de ser espejo capaz de petrificarnos al evidenciar nuestra propia monstruosidad. El hecho humano de sentirnos acusados o señalados, recrea la apelación o defensa, lo referiré aquí, para evidenciar la escena en la cual Pedro al verse perseguido por los captores de Jesús, niega su estrecha relación, cuando fue el mismo Jesús al final de la Última Cena adelanta las acciones posteriores de su discípulo, como lo relata el evangelio de Juan “antes de que cante el gallo me negarás (3) veces”.
Juan 18:25-27
«Estaba, pues, Simón Pedro de pie, calentándose. Y le dijeron: «¿No eres tú también de sus discípulos?».
Él negó y dijo: «No lo soy».
Uno de los siervos del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le había cortado la oreja, le dijo: «¿No te vi yo en el huerto con él?».
Pedro negó otra vez; y al instante cantó el gallo«.
Justamente, este es uno de los ejemplos que enunciaré con respecto a este momento icónico que es representado por los Tribunales de Semana Santa, para la noche del Jueves Santo y que de manera análoga introduciré como ejemplo del significado encarnado la pintura del artista del periodo del Barroco Caravaggio con las negaciones de Pedro.

En el universo de Danto, el arte no nace de la habilidad de la mano, sino de la voluntad del concepto de hacerse carne. Una caja, un lienzo o un trozo de hierro son apenas mudos habitantes del mundo hasta que el pensamiento los reclama, los envuelve y los habita. Es entonces cuando ocurre el milagro de la transfiguración: lo ordinario se desprende de su peso mundano para vestir la túnica de la metáfora. El significado no flota sobre la obra como un espectro, sino que se infiltra en ella, se vuelve su piel y su nervadura. Como quien infunde aliento en el barro, la interpretación rescata al objeto de su destino de cosa y lo eleva a la dignidad de enunciado. No basta con ver la superficie; hay que sentir el latido de la idea que ha decidido encarnar en ese color, en esa forma, en ese espacio. Allí, donde el ojo ve sólo materia, el espíritu reconoce una presencia. El arte es el lugar donde el pensamiento deja de ser humo para volverse rastro, donde lo invisible acepta la condena de la visibilidad para poder hablarnos. En cada obra, el significado se encarna como un huésped sagrado que transforma el silencio del objeto en el grito elocuente de nuestra propia humanidad.
Las negaciones de Pedro, por Caravaggio nos muestran un realismo del evangelio, el claro oscuro del lienzo es la carne en situación, el miedo lo invade y sus manos son llevadas hacia su pecho, comprendiendo que su acción desgarra su corazón, al negar a quien tanto ha amado, y acompañado su camino, la obra del artista nos hace preguntarnos humanamente, recordando la primera emoción que integra la catarsis aristotélica ¿Quién en lugar del apóstol no habría hecho lo mismo?

Autor: Caravaggio
Técnica: Pintura al óleo
Estilo: Barroco
Tamaño: 94 cm × 125 cm
Localización: Museo Metropolitano de Arte, Nueva York, Estados Unidos de América.
En la penumbra de una noche que se siente eterna, Caravaggio no pinta una traición estrepitosa, sino el susurro quebradizo de un hombre que se desmorona ante el fuego. La escena es un claroscuro del alma, donde la luz no busca iluminar la verdad, sino denunciar el miedo. Pedro está acorralado, no por espadas, sino por dedos que apuntan y miradas que escrutan. La mujer, con su dedo índice disparado como una flecha de sospecha, es la voz de la conciencia que el apóstol intenta esquivar. A su lado, el soldado es la presencia ciega del poder, una armadura fría que resalta la fragilidad de la carne humana. En ese sentido, el evangelio, y la obra de Caravaggio, toman una fuerza única en esta representación en vivo, escena lograda por los Tribunales de Semana Santa en el municipio de Amagá, y evidencian lo que será el prendimiento, el camino al patíbulo, al Gólgota, el viacrucis que sigue al día Viernes Santo, y que despedide el jueves con la incertidumbre en vela, que sólo se logra advertir con los rayos del sol inclemente al despuntar el nuevo día.
Preludio, y pregón al patíbulo
La suma de emoción que despunta los Tribunales de Semana Santa, al llegar al día viernes, además de recorrer el santo viacrucis, es la suma de un itinerario de situaciones que se alojan en la respuesta sensible de ver al hombre desvalido, traicionado y solo ante la multitud de personas que se preguntan ¿cómo un hombre tan modesto en apariencia, genera tanto peligrosidad para ser tratado como el peor de los criminales posibles? La escena es pavorosa, las burlas, golpes e insultos son sólo el preámbulo de castigos infligidos sobre la carne, la piel y el alma.
El Viernes Santo toma entonces una fuerza descomunal cuando los pregones irrumpen de forma abrupta el silencio de la plaza, así la Banda Sinfónica Juvenil que, entre otras cosas, acompaña las procesiones de la Semana Mayor, en manos de su director el joven Juan José Puerta y un grupo de jóvenes que interpreta desde la percusión, timbales, la tuba, el grupo de bronces, maderas, entre otros instrumentos, la marcha que seguirá a Jesús al Calvario. Acto seguido, aparece la escena más icónica de esta representación, y la que por demás da luces al presente escrito, Jesús es presentado ante Pilato, por el Centurión Quinto Cornelio.

Antes de que Pilato advierta el rostro de Jesús, Claudia Prócula, su esposa, invade la estancia, Pilato sorprendido del semblante pavoroso que tiene su compañera, al saludarle, le pregunta, qué le ocurre, y esta confiesa ante él, que su angustia es producto de un sueño, narrando el suceso desgarrador de un crimen impío que sólo este tiene la manera de parar. Hacia el vestíbulo del palacio real, marcha el Centurión Quinto Cornelio, el Sanedrín presenta a Jesús como un criminal ante este, para que de forma paulatina, Cornelio lleve por coacción de los sacerdotes ante la justicia romana, la multitud de personas que siguen la imagen de un reo atado de pies a cabeza, y con signos de violencia es perturbadora; Pilato advierte a Jesús. El gobernador de Judea parece perplejo de cómo se ha tratado al modesto hombre, cuando en medio de la escena, Claudia indica que ese prisionero es el hombre que genera la vicisitud de su sueño, indicándole que el crimen que va a cometer el Sanedrín es una barbarie, si él como autoridad romana no lo impide. Pilato indaga ante su lugarteniente de quién se trata y ordena liberarlo, hace las pesquisas sobre el prisionero y promete a Claudia absolver de los crímenes imputados a ese infeliz.

Promesa rota, el Ecce Homo, he ahí al hombre
Finalmente, en este punto se ha llegado a la suma de la interpretación actoral, dentro del elenco que ha dado a luz la representación de los Tribunales de Semana Santa, el público que lo acompaña recuerda de alguna manera el personaje de Claudia, la mujer que cercana al poder del Imperio vierte en Jesús el testimonio de la catarsis, y así se evidencia la segunda emoción, la compasión, es por ello, que en la disposición de la ritualidad, el simbolismo, se percibe una imagen sublime el escuchar su llanto en la representación teatral del acto del Viernes Santo, antes de la sentencia de muerte a Jesús, y luego su crucifixión en el monte Gólgota. El sueño de Claudia es una premonición, el lenguaje onírico alimenta aún más la recreación, entre espacios de realidad y elementos que desbordan la narración misma, ante las exclamaciones de ella, y la incertidumbre del gobernador romano por recibirlas.
La pintura de Antonio Ciseri, el Ecce Homo, he ahí al hombre, presenta luego de poner a elección a Jesús o Barrabás, en lo que pareciera una acción democrática a simple vista, en la cual la multitud elegiría a quién concederle la libertad se convierte en un momento sublime visto del siguiente modo:

En la fiesta, el gobernador tenía la costumbre de liberar al pueblo a un prisionero que ellos quisieran. En aquel tiempo tenían a un prisionero notorio llamado Barrabás. Mientras estaban reunidos, Pilato les dijo: ««¿A cuál de los dos quieren que les suelte: a Barrabás o a Jesús, ¿llamado el Cristo?». Pues sabía que lo habían entregado por envidia. Mientras estaba sentado en el tribunal, su esposa le envió un mensaje: «No te metas con ese justo, porque hoy he sufrido mucho en sueños por su causa». Pero los sumos sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud para que pidieran a Barrabás y mataran a Jesús. Entonces el gobernador les preguntó: «¿A cuál de los dos quieren que les suelte?». Dijeron: «A Barrabás». Pilato les dijo: «¿Qué haré entonces con Jesús, llamado el Cristo?». Todos dijeron: «¡Que lo crucifiquen!»». Mateo 27:15-22.

A diferencia de las representaciones clásicas de este episodio, Ciseri rompe con la tradición al colocar a Jesús de espaldas. Esta elección compositiva no es casual: busca acentuar la vulnerabilidad y la entrega del «cordero» frente a su destino. De este modo, se invita a quien observa la pintura a situarse «detrás de cámaras», convirtiéndolo en un testigo íntimo que puede analizar las actitudes y gestos de todos los personajes presentes en la escena.

Un papel fundamental en el cuadro lo desempeña Claudia Prócula, la esposa de Pilato. Es la mujer con la cabeza cubierta por un velo amarillo, que apoya la mano izquierda en el hombro de una criada. La noche anterior, había tenido una premonición en un sueño: la sangre del hombre que sería crucificado sería la de un inocente, y entonces intentó salvarlo intercediendo ante su marido. Su intento fue en vano.
La mujer abandona la escena con expresión de dolor, con la mirada baja, observando de reojo al espectador que contempla el cuadro. Aunque la obra de Antonio Ciseri, integra estos elementos, la muestra análoga en la puesta de esta escena por parte de los Tribunales de Semana Santa, agudiza la profundidad de la caracterización, como se alcanza apreciar Pilato, ofrece como promesa su anillo, para calmar el ímpetu de una mujer descorazonada por la barbarie que está a punto de suceder. La locución latina Ecce Homo, traduce he ahí al hombre, y con esa expresión Pilato decide lavarse las manos, como símbolo de la inocencia al no tomar partido de la sangre sacra que manchará la Tierra.

El espíritu es un viento sin manos hasta que encuentra el barro. En la fenomenología de la religión, lo sagrado no es una idea suspendida en el vacío, sino una presencia que reclama un sitio: una piedra que se vuelve altar, un río que se hace bautismo, un silencio que se torna templo. Es el Misterio Tremendo que, para no destruirnos con su luz, se viste de madera, de pigmento y de incienso.
El arte es el cuerpo de ese viento. No es sólo un objeto para ser visto, es un significado que ha decidido tener piel para encarnarse. Cuando el artista toca la materia, el lenguaje, la música, su expresión en el teatro ocurre una encarnación: la angustia ya no es un concepto, es el surco profundo en el bronce; la esperanza no es una promesa, es la luz que atraviesa el vitral y nos tiñe el rostro de azul y oro.
Entender el arte como «significado encarnado» es comprender que la obra no «significa» algo fuera de ella misma. La belleza no está detrás del cuadro, sino en la manera en que el óleo se resiste a la luz. Lo sagrado no está más allá del ídolo, sino en la vibración del espacio que lo rodea. Somos seres de carne, y por eso el cielo, para hablarnos, debe aprender nuestro lenguaje de texturas, de pesos y de sombras. Al final, frente a la obra o frente al altar, el observador deja de ser un extraño. Al tocar lo encarnado, lo que estaba roto en nuestra mente encuentra una forma en el mundo. El arte es, entonces, la liturgia de lo visible; el lugar donde el alma, por fin, puede tocar sus propias cicatrices y ver que son hermosas porque tienen forma, porque tienen peso, porque -al igual que nosotros- han aceptado el milagro de existir en la materia.
Finalmente, al llegar a este punto del presente texto, basta con silenciar todo y buscar la composición musical del alemán Johann Sebastian Bach en la Pasión según San Mateo, una obra de arte, de la música clásica en relación a esto que hemos denominado gracias como significados encarnados.
Esta configuración es el rescate de una tradición elevada a la Semana Santa Emblemática, gracias a los esfuerzos institucionales un patrimonio que reposa en el fervor de las tradiciones y en el rescate cultural de un tejido vivo. Amagá, asume este rótulo como una manera de hacer cercana la búsqueda de afirmar-se más en el territorio.
El municipio en sus 237 años da a conocer la memoria histórica de lo que somos a propios y visitantes. La tierra del café y el carbón en el Suroeste de Antioquia acoge durante la Semana Mayor a un aglomerado de personas considerables que viven de forma singular la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Es notorio porque la Semana Santa en este lugar del territorio de Antioquia se vive de manera especial, y no es para más, durante tres meses los habitantes de este lugar se preparan en la presentación de un acto escénico y en las disposiciones estéticas para representar cuadros icónicos que dan cuenta de los momentos más sublimes y catárticos, como lo pudimos apreciar líneas atrás, que finalmente llevan al padecimiento de Jesús ante la cruz. Esta recreación ambientada de forma cultural es encarnada por el Grupo de Tribunales de Semana Santa Hernando González, y durante 46 años ha estado bajo la dirección de don Eduardo Betancur, director artístico, historiador, actor y gestor cultural de este proceso que cumple en este año 2026 alrededor 108 años de historia viva.
Finalmente, se preparó una exposición fotográfica que da cuenta de la representación teatral a lo largo de poco más de un siglo de actuación, engalanándose con elementos de arte religioso y ambientada por música sacra, esta disposición estética está ubicada en uno de los epicentros culturales más importantes del municipio, nuestra Biblioteca Pública Municipal Emiro Kastos. La exposición al público en general desde el pasado Lunes Santo y estará abierta hasta el Sábado Santo, recreada por la Secretaria de Educación, Deporte, Cultura y Turismo, y su equipo de talento humano, que bajo la inspiración de asumir este legado cultural con la debida responsabilidad abrió este telón a la apreciación, contemplación y fruición del arte para que la Semana Santa Emblemática tenga también una vitrina cultural para ser apreciada tras telones en su preparación. La encarnación de significados es una apuesta al turismo, a la tradición y la memoria como reconocimiento de la potencia cultural que tenemos para brindar a la región del Suroeste, departamento, país y el mundo, suficientes motivos para ser visitados y seguir retornando a nuestro municipio, una casa con las puertas abiertas.


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