A las 7:34 de la mañana del lunes 10 de agosto un fuerte movimiento de tierra sorprendió a buena parte del país. En el Suroeste antioqueño, el temblor hizo salir a muchas personas de sus casas, interrumpió actividades cotidianas y, una vez pasó el susto inicial, comenzó a revelar daños en viviendas, escuelas, iglesias, edificios públicos y redes de servicios.
El sismo tuvo una magnitud de 7.4, una profundidad de 103 kilómetros y su epicentro se localizó en el municipio de San José del Palmar, Chocó. En Antioquia dejó afectaciones en numerosos municipios, pero el Suroeste fue una de las regiones donde se concentraron los daños.
En los días siguientes, alcaldías, cuerpos de bomberos, consejos municipales de Gestión del Riesgo y equipos técnicos comenzaron a recorrer barrios y veredas. Lo que inicialmente eran reportes de paredes agrietadas, tejas caídas y edificaciones averiadas fue revelando, con el avance de las inspecciones, la verdadera dimensión de las afectaciones.

En Támesis se registró el hecho más doloroso que dejó el terremoto en el Suroeste antioqueño: la muerte de Rafael Toro, de 73 años, quien fue impactado por una roca que se desprendió durante el movimiento. Desde EL SUROESTE lamentamos profundamente su fallecimiento y expresamos nuestra solidaridad con su familia y seres queridos. Una mujer de 86 años, también habitante de Támesis, resultó herida y recibió atención médica. Además, unas 90 familias reportaron daños durante las primeras horas y algunas requirieron evacuación preventiva. También fueron objeto de revisión las instituciones educativas San Antonio y Víctor Manuel, el Edificio del Café, el Hogar Juvenil, las escuelas de La Liboriana y El Rayo, el templo del parque principal y la capilla del corregimiento Palermo. El terremoto produjo además una afectación en el servicio de gas natural que llevó a suspender preventivamente el suministro a 45 usuarios del barrio La Gruta.
Viviendas, escuelas, templos y edificios públicos afectados
Las primeras evaluaciones realizadas en los municipios afectados evidenciaron que buena parte de los daños se concentró en las viviendas.
En Caramanta, la Administración Municipal declaró la calamidad pública y decretó la urgencia manifiesta. Los primeros balances daban cuenta de alrededor de 120 viviendas afectadas, seis de ellas con colapso total, además de tres planteles educativos con daños. También hubo afectaciones en el templo municipal, la capilla del corregimiento Alegrías y el cementerio. En Alegrías colapsó la cubierta de la capilla.

Betania también reportó más de un centenar de viviendas afectadas. En el balance inicial, cuatro estaban totalmente destruidas, siete tenían afectaciones severas que obligaban a reubicar a sus habitantes y otras 120 presentaban daños, principalmente en las cubiertas.
En Andes, uno de los primeros reportes señaló afectaciones en 11 instituciones educativas, 11 viviendas del casco urbano y 30 de la zona rural. Los daños en techos y paredes de algunas sedes educativas llevaron a suspender temporalmente la presencialidad mientras se adelantaban las evaluaciones.
El terremoto también tuvo consecuencias sobre los servicios públicos. En Amagá, el movimiento desplazó una unión de la tubería de aducción que lleva el agua desde la bocatoma hasta la planta de tratamiento. La avería obligó a suspender temporalmente el suministro de agua potable en la zona urbana mientras se adelantaban reparaciones en el sector del puente de Calle Larga.
En Hispania se encontraron numerosas viviendas agrietadas y daños en infraestructura educativa. La Institución Educativa Aura María Valencia presentó afectaciones que llevaron a suspender temporalmente las clases mientras avanzaban las revisiones técnicas.

En Titiribí resultó afectado el Palacio Municipal, una edificación de valor patrimonial, además de diferentes viviendas y la parroquia municipal. En Fredonia se reportaron daños en los templos de las parroquias Santa Ana y Santa María Magdalena, esta última en el corregimiento de La Mina, así como en el monumento a Cristo Rey, que debió ser desmontado preventivamente por las condiciones en las que quedó.
Jardín fue otro de los municipios donde las características patrimoniales de sus construcciones aumentaron la preocupación. Allí se encontraron daños en viviendas patrimoniales, equipamientos públicos, infraestructura educativa, la edificación donde funcionaba el archivo municipal y la Casa de la Música.
En Venecia, uno de los daños más visibles se presentó en el Santuario San José. Las grietas encontradas en las torres y otros componentes de la estructura obligaron inicialmente a cerrar y señalizar el templo mientras se realizaban evaluaciones especializadas. Las celebraciones religiosas tuvieron que trasladarse temporalmente.

Jericó, La Pintada, Pueblorrico, Salgar, Urrao, Valparaíso, Concordia, Angelópolis, Montebello, Santa Bárbara y Tarso también activaron recorridos, censos y evaluaciones para determinar la magnitud de los daños. En Urrao, por ejemplo, se reportaron inicialmente alrededor de cinco viviendas afectadas, una de ellas con necesidad de desalojo, además de daños en la sede de la Alcaldía, la Ciudadela Educativa y dos instituciones educativas.
De los primeros reportes a miles de viviendas afectadas
Con el paso de los días, las cifras permitieron dimensionar mejor lo ocurrido. Para el 21 de agosto, el balance departamental registraba 4.090 viviendas afectadas, de las cuales 33 habían colapsado. También aparecían 777 centros educativos, 30 centros hospitalarios, 72 iglesias o centros religiosos, 17 vías o puentes y 162 equipamientos no habitacionales con algún tipo de afectación.

El 21 de agosto, la Gobernación de Antioquia declaró además la Calamidad Pública Departamental con el propósito de fortalecer la coordinación institucional y orientar recursos y acciones hacia la recuperación de las zonas afectadas. Para entonces se registraban afectaciones relacionadas con el sismo en 107 municipios de Antioquia.
Comenzaron a llegar los materiales
Luego de dos semanas del terremoto, en algunos municipios del Suroeste la respuesta comenzó a pasar de la caracterización a las primeras reparaciones.
Caramanta, Betania e Hispania fueron incluidos en una primera fase para intervenir 268 viviendas: 129 en Caramanta, 51 en Betania y 88 en Hispania.

Hasta estos municipios fueron transportadas cerca de 96 toneladas de materiales destinados principalmente a la reparación de techos, cubiertas, muros y otros elementos afectados. La entrega incluyó 29.506 ladrillos y adobes, 726 sacos de cemento, 2.522 listones y largueros de madera, 2.277 tejas y 847 varillas de acero.
Los materiales fueron canalizados a través del Banco Virtual de Materiales de VIVA -Empresa de Vivienda de Antioquia, y las administraciones municipales asumieron el aporte de mano de obra para ejecutar las intervenciones.
Este mecanismo hace parte de la estrategia anunciada por la Gobernación de Antioquia para atender las viviendas afectadas. Desde los primeros días de la emergencia se planteó que el departamento aportaría materiales, mientras las alcaldías contribuirían con la mano de obra y las familias acompañarían la supervisión de los trabajos.
Andes y Ciudad Bolívar, primeros municipios de un modelo de reconstrucción
La recuperación no será igual en todos los casos. Algunas viviendas podrán repararse, mientras otras tendrán que ser construidas nuevamente. Andes y Ciudad Bolívar fueron priorizados para poner en marcha un modelo piloto que busca articular recursos públicos y privados para responder a ambas situaciones.
En este esquema participan la Gobernación de Antioquia, a través de VIVA; las administraciones municipales y entidades y empresas privadas como Proantioquia, Comfama, Cementos Argos y Syma Consultores y Constructores. La Corporación Presentes también acompaña el proceso.

La distribución de responsabilidades dependerá de la intervención necesaria. VIVA asumirá el mejoramiento de las viviendas que puedan recuperarse, mientras Proantioquia y las empresas vinculadas coordinarán la construcción de las viviendas nuevas que se requieran. El sector privado también participará en la recuperación de infraestructura educativa, hospitalaria y religiosa.

El número definitivo de casas que deberán reconstruirse o mejorarse dependerá de las evaluaciones técnicas. La intención es que la experiencia de Andes y Ciudad Bolívar permita determinar si este modelo puede extenderse posteriormente a otros municipios afectados.
Suroeste Solidario
Mientras avanzan las acciones institucionales, en algunos municipios las propias comunidades comenzaron a movilizarse para conseguir recursos.
En Ciudad Bolívar, donde se reportaron más de diez familias que perdieron sus viviendas y más de 250 casas con daños estructurales, ciudadanos, comerciantes, empresas, organizaciones e instituciones promovieron la jornada “Suma tu mano por Ciudad Bolívar, Antioquia”.
La iniciativa reunió cerca de 20 presentaciones artísticas gratuitas, además de ventas, rifas, subastas y donaciones. El balance preliminar conocido posteriormente se acercaba a los $205 millones, aunque todavía quedaban recursos por conciliar antes de establecer una cifra definitiva.

Los recursos serán destinados, después de los procesos de identificación, caracterización y priorización, a viviendas de familias de menores ingresos afectadas por el terremoto, mediante mejoramientos, reparaciones o construcción, dependiendo de cada caso.
En Andes se realizó el 23 de agosto la Teletón Todos Somos Andes. La jornada, desarrollada en el parque principal y acompañada por presentaciones musicales y artísticas, reunió donaciones en dinero y materiales por $100.520.900. La transmisión del canal comunitario AUPAN Televisión permitió además recibir aportes de personas que se encontraban fuera del municipio.

El reto de recuperar el patrimonio
La atención del terremoto tiene un componente adicional en municipios donde resultaron afectados templos, viviendas y edificios de valor histórico.
Uno de los casos más representativos es el Santuario San José de Venecia. Después del sismo se han realizado diferentes visitas para establecer el estado de la estructura, entre ellas las de un especialista en patología estructural del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes y un especialista de la Fundación Ferrocarril de Antioquia. El propósito es establecer el nivel de afectación, definir las intervenciones necesarias y calcular los recursos que requerirá su recuperación. Para ello se articulan entidades municipales, departamentales y nacionales, representantes de la Iglesia y otros sectores.

La ruta contempla reunir los diagnósticos técnicos y establecer un presupuesto preliminar de las obras. Mientras se define qué deberá hacerse, continúan las medidas preventivas y las restricciones de ingreso a las áreas delimitadas del Santuario.
Situaciones como esta muestran que la recuperación no se limita a reparar viviendas. El terremoto afectó también edificaciones que tienen un significado histórico, religioso y cultural para los municipios y cuya intervención puede requerir estudios especializados y recursos diferentes a los destinados a la atención habitacional.
Familias que no pueden regresar todavía a sus casas
Entre las medidas previstas por la Gobernación se encuentran 500 subsidios de arrendamiento durante seis meses para familias damnificadas, priorizando aquellas cuyas viviendas colapsaron o presentan daños que impiden seguir habitándolas.
A esta alternativa se suman ayudas humanitarias de emergencia, el banco de materiales, reasentamientos, mejoramientos mediante autoconstrucción asistida y otras intervenciones que deberán definirse de acuerdo con el diagnóstico de cada vivienda y municipio.
Mientras continúan los censos y las evaluaciones técnicas, en el Suroeste ya comenzaron las primeras reparaciones. El balance definitivo de los daños aún está por conocerse y la recuperación apenas comienza.



