Por Álbaro Valencia Cano Texto publicado en septiembre 2006 Edición 21 del Periódico EL AMAGASEÑO
Durante años, en Amagá se ha llamado la atención sobre una problemática que sigue preocupando a los habitantes de este municipio: la contaminación del aire y los olores que afectan la calidad de vida de miles de personas.
Aunque este editorial fue publicado hace varios años, su contenido conserva una vigencia lamentable. Muchas de las preocupaciones planteadas entonces continúan siendo motivo de debate y reflejan un reto ambiental que sigue esperando respuestas de las autoridades, las empresas y la ciudadanía.
Texto publicado en la edición 21 del Periódico EL AMAGASEÑO:
Queremos aire limpio
Es alto el nivel de contaminación ambiental que se respira en la cuenca de La Sinifaná. Parece que, lamentablemente, los ciudadanos de estos municipios estamos «acostumbrándonos» a un aire pesado y enfermizo. El editorial hace un llamado a la reacción urgente, por parte de las autoridades, empresarios y ciudadanos, para asumir compromisos que ayuden a depurar el aire que respiramos todos.
Es alarmante que un porcentaje muy alto de los casos que atiende la ESE Hospital San Fernando de Amagá esté representado en pacientes con problemas respiratorios. Los casos que más congestionan el servicio de urgencias cada día tienen que ver con la atención que buscan personas de todas las edades que llegan asfixiadas al centro hospitalario. Se sigue deteriorando la calidad del aire que respiramos y parece que nos está afectando a todos el cerebro, pues no hay reacciones suficientes y eficaces de los organismos competentes ni de los ciudadanos, con miras a solucionar el problema.
La calidad del clima que tenemos en la zona nos ha llevado a ubicarnos como los primeros productores avícolas del departamento. Es cierto que algo de empleo se genera, pero no se compadece con la contaminación ambiental que producen los galpones ubicados en la región. La cría de cerdos es una actividad que también se ha incrementado, pero tecnológicamente hay mucho por mejorar para evitar que los olores sigan afectando. Es cierto que las procesadoras de desechos orgánicos animales contribuyen al equilibrio ambiental y generan buena cantidad de empleos, pero todavía, aunque no tanto como en otras épocas, los olores irritan las fosas nasales y los ojos, dejan sin ganas de comer y producen náuseas.
Las autoridades competentes del nivel departamental y local deberían gastarse unos cuantos millones para que todos sepamos la calidad del aire que respiramos y tomar las medidas de control que garanticen el tratamiento de aguas residuales y la emisión de gases. Las IPS también podrían meterse la mano al bolsillo e invertir algo allí. Ahorrarían, pues es más costoso tratar a los pacientes ya enfermos que prevenir para que las afecciones respiratorias no sigan aumentando.
Las explotaciones de carbón también contaminan; el transporte de carga pesada, por la emisión de gases; los tejares, con las combustiones a gran escala. En fin, la cosa es muy delicada y requiere, como ya lo dijimos, de acciones inmediatas.
Días atrás, la parroquia San Fernando Rey de Amagá lideró la firma de un comunicado denunciando una de las empresas contaminantes y pidiendo acciones inmediatas.
Entendemos la importancia de la generación de empleo y los ingresos por impuestos a los municipios, pero vale más la salud de toda la ciudadanía. Por ahora, lo que tenemos que hacer es contribuir, cada uno, a tener un aire más puro, porque somos contaminantes desde la casa o las oficinas, y luego generar ambientes de diálogo, de estudio y conocimiento sobre el asunto; acciones que lleven a defender y cuidar la salud pública. No creemos que las soluciones sean de choque, como cuando un pueblo entero, como Amagá, se organizó con todos sus estamentos para no dejar instalar en su territorio la empresa Sulfácidos. No se nos puede olvidar la historia. Las acciones por un mejor aire para respirar deben contar con el aporte de todos.
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Han pasado 20 años desde la publicación de este editorial, reiteramos, su contenido conserva una lamentable vigencia. Los olores ofensivos y la calidad del aire continúan siendo motivo de preocupación para los habitantes de Amagá. Recuperar este texto es también una invitación a mirar en perspectiva una problemática que ha permanecido en el tiempo y a recordar que los desafíos de ayer siguen exigiendo respuestas, compromiso y acciones concretas en el presente.



