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La maestra Tatiana Gómez es una joven maestra estadounidense, hija de padres colombianos y de abuelos maternos colombianos. Estudió Psicología con énfasis en Neurociencia y, aunque en un principio pensó en dedicarse a la terapia, descubrió que su vocación estaba en la docencia, una profesión que desde niña admiró por su cercanía con la infancia y por la posibilidad de transformar vidas desde el aula.

Actualmente ejerce como docente de primer grado en una escuela de Nueva York, donde comparte cómo transcurre una jornada escolar, las metodologías que emplea con sus estudiantes y la forma en que se organiza el aprendizaje durante el día. Su relato ofrece una mirada a una experiencia educativa distinta, que invita a conocer otras maneras de enseñar y aprender en la primera infancia, y se convierte en un valioso punto de comparación para docentes de Colombia y América Latina. Esta narrativa hace parte de una investigación del maestro Daniel de Jesús Granados Rivera sobre las prácticas pedagógicas desarrolladas en Estados Unidos y sus aportes a la educación inicial.

La maestra Tatiana Gómez tiene una experiencia seis años ejerciendo la docencia. Inició su carrera enseñando kindergarten y, durante los últimos tres años, ha estado a cargo de primer grado, con niños entre los 6 y los 7 años de edad. Sus primeros pasos como docente los ejercicio en una charter school de Estados Unidos.

La maestra nos narra acerca de la jornada escolar que inicia a las 7:30 de la mañana y finaliza a las 3:45 de la tarde. Al llegar al salón, los estudiantes desayunan mientras realizan actividades de matemáticas o escritura. Cada mañana reciben un paquete de trabajo que deben realizar mientras se alimentan.

Al terminar el desayuno, el grupo se reúne en círculo para saludarse. Cada niño da los buenos días y participa en la «pregunta del día», una breve actividad de conversación en la que primero dialogan con un compañero y luego comparten sus respuestas con toda la clase.

Posteriormente inician el trabajo con el método fónico de lectoescritura. En este espacio aprenden las letras y sus sonidos, fortalecen la lectura y desarrollan ejercicios de escritura.

Después llega el momento del Read Aloud, una actividad en la que la maestra lee un cuento en voz alta. Al finalizar la lectura, los estudiantes regresan a sus puestos para escribir sobre la historia que acaban de escuchar.

Más adelante, los niños asisten durante aproximadamente 45 minutos a una clase de especialidad como las ciencias naturales con otra docente. Una vez se termina este espacio, regresan al salón para comenzar la clase de matemáticas.

En esta área trabajan la resolución de problemas (Problem Solving), mediante situaciones cotidianas que les permiten desarrollar el razonamiento matemático. Un ejemplo consiste en plantear historias sencillas en las que deben descubrir, mediante operaciones, la respuesta correcta.

Hacia el mediodía llega la hora del almuerzo. Los estudiantes que llevan sus alimentos desde casa, toman la lonchera, mientras que quienes reciben el almuerzo escolar hacen fila para recibir el menú del día en la cafetería. Disponen de media hora para alimentarse y compartir con sus compañeros.

Después disfrutan de cerca de 30 minutos de recreo. Durante ese tiempo juegan en el parque, utilizan los columpios, los resbaladeros y otros espacios recreativos, mientras comparten con sus amigos.

Al regresar al salón retoman las matemáticas, aunque con contenidos diferentes según la programación. Algunas semanas trabajan conceptos relacionados con el tiempo; en otras, estudian figuras bidimensionales y tridimensionales o fortalecen habilidades para sumar y restar hasta el número 120. Esta clase se extiende aproximadamente hasta las 2:20 de la tarde.

Cada día de la semana incluye además una actividad especial. Los lunes tienen música; los martes, educación física; los miércoles, arte; y los jueves y viernes, baile.

Al finalizar estas actividades, los estudiantes organizan sus materiales y se preparan para la salida. Los padres los recogen alrededor de las 3:30 de la tarde, momento en el que concluye la jornada escolar.

La maestra Tatiana explica que la educación es gratuita y que todos los estudiantes usan uniforme. Los niños visten pantalón gris, camiseta tipo polo blanca y tenis negros sin cordones. Las niñas utilizan pantalón azul marino y camiseta polo blanca durante el invierno, mientras que en las épocas más cálidas usan un vestido gris con camiseta polo blanca.

La evaluación de los estudiantes se realiza mediante desempeños y calificaciones numéricas, en una escala de 0 a 100. Para aprobar el año deben obtener al menos un 75 %. Además, el desempeño debe ser integral: un estudiante que tenga buenas calificaciones en matemáticas, pero presente dificultades significativas en lectura, tampoco es promovido al siguiente grado.

La experiencia de la maestra Tatiana Gómez permite comprender que, más allá de las diferencias entre los sistemas educativos, la formación en los primeros años escolares se sustenta en principios comunes: el acompañamiento permanente, la construcción de hábitos, el aprendizaje a través de la interacción y el desarrollo integral de los niños. Su relato ofrece una mirada cercana a la cotidianidad de un aula en Estados Unidos y abre la posibilidad de reflexionar sobre las prácticas pedagógicas que pueden enriquecer los procesos educativos en Colombia y América Latina. Esta narrativa, que hace parte de la investigación del maestro Daniel de Jesús Granados Rivera, busca precisamente propiciar ese diálogo entre distintas experiencias de enseñanza, reconociendo que conocer otras realidades también contribuye a fortalecer la educación.

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