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Por Fer Campillo Comunicador Social - Locutor

Hace más de cinco décadas, cuando el parque principal de Urrao era testigo del ir y venir de comerciantes y campesinos, un hombre llamado Gabriel Antonio Jiménez Vargas comenzó a escribir una historia de esfuerzo y perseverancia. Corría el año 1975 cuando, desde una sencilla carreta, recorría el parque de Urrao vendiendo fríjoles, panela y frutas, construyendo poco a poco la confianza y el cariño de toda una comunidad.

Con el paso de los años, aquel sueño creció. Lo que inició como una modesta carreta se convirtió en un reconocido punto de venta de frutas en el corazón del municipio, conocido por generaciones de urraeños como El Paisa. Más que un negocio, era un lugar donde las conversaciones cotidianas, las sonrisas y la tradición se encontraban cada día.

La historia no estuvo exenta de desafíos. Cuando la plaza de mercado fue trasladada a una nueva ubicación, el futuro del puesto parecía incierto. Sin embargo, la perseverancia que siempre caracterizó a la familia volvió a hacerse presente. Según relata doña Adela, esposa de don Gabriel, a través del sindicato se tocaron puertas y se realizaron gestiones que permitieron que el puesto regresara al parque principal, el lugar donde había nacido su historia.

El 16 de diciembre de 2024, Urrao despidió a Gabriel Antonio. Su partida dejó un vacío entre familiares, amigos y clientes que durante años encontraron en su puesto mucho más que frutas: encontraron una historia de trabajo honesto y dedicación.

Pero los legados verdaderos no terminan con una despedida. Impulsadas por el amor, la gratitud y el deseo de mantener viva la memoria de don Gabriel, Mayavy Ramírez toma la decisión de continuar el camino que él había construido durante más de 50 años. Hoy, bajo el nombre de Mango”s Frutería, aquel puesto sigue siendo un símbolo de constancia, tradición y arraigo. Según relata Mayavy, lo que más le gusta de este trabajo, es ver la sonrisa de cada cliente cuando disfruta y comparte de sus productos.

Lo que comenzó con una carreta terminó convirtiéndose en una historia de trabajo, perseverancia y cercanía con la comunidad. A lo largo de los años, este emprendimiento se consolidó como un referente comercial de Urrao y un lugar que hace parte de la memoria cotidiana de muchos habitantes.

“Me gustan mucho los jugos de naranja y las manzanas, pero más que eso la amabilidad de los trabajadores”, señala Claudia Serna, una de las clientes que sigue encontrando allí la misma atención que ha caracterizado al negocio durante décadas.

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