Por Diego Leandro Garzón Agudelo Leandro Renato Vélez Orozco

El pasado viernes veinte de marzo en horas de la tarde-noche, quince personas se reunieron para participar de la segunda tertulia de los Encuentros para leer. Actividad cultural que se lleva a cabo en el municipio de Amagá en las instalaciones de Cultivarte. La propuesta para el primer semestre del corriente año está orientada a reflexionar sobre textos que acercan al lector el complejo mundo de la minería. Como se ha advertido en otras memorias de los Encuentros, la literatura que aborda el universo de la mina suele estar incluida en la llamada literatura social. En este sentido, ha resultado interesante presenciar cómo las consideraciones de los lectores, lejos de centrarse en el binomio que enfrenta al obrero contra el patrón burgués, han mostrado interés por otros motivos que existen dentro de este tipo de literatura, como se verá en esta memoria.
En esta oportunidad, el acercamiento sirvió para leer desde múltiples voces dos textos. El primero, de la autora amagaseña Mariana Salas Valencia, se titula Boca negra, fue ganador del concurso de cuento Antioquia reimaginada de Comfama (2025). El cuento de Mariana ofrece una mirada íntima del fenómeno minero; invita al lector a adentrarse en la casa de una familia minera de Amagá, en las horas previas, durante y con posterioridad a la tragedia minera del 16 de junio de 2010. El segundo texto es el quinto capítulo (Febrero 14. Miércoles) de la novela La rebelión de las ratas del escritor sochano Fernando Soto Aparicio. En sus páginas se problematizan situaciones como la explotación laboral, la desigualdad social y la deshumanización de las personas en los contextos mineros.

En Boca negra, el protagonista destaca por su elocuencia, pese a que no pronuncia ni articula palabra alguna. Es cierto que el niño o niña (luego adolescente) que narra, su madre y su padre son los personajes en los que se centra de la historia. Sin embargo, la conversación que tuvo lugar en el encuentro permitió pensar el silencio como el verdadero protagonista. En efecto, el silencio se configura como una experiencia que atraviesa a las familias que pierden a sus seres queridos en una mina, y las sitúa en un espacio oscuro, tan difícil de atravesar como un socavón. El silencio es, en este sentido, una forma de oscuridad. Madre e hijo, cuando pierden al esposo-padre, pierden las palabras. Con dicha pérdida, se desvanece toda posibilidad de darle sentido a lo ocurrido. Si las palabras son luz, su ausencia instala a los sujetos en un espacio de oscuridad en el que no es posible formular preguntas, y mucho menos obtener respuestas. Sin respuestas, no hay conciencia ni comprensión de lo sucedido y, en consecuencia, no hay duelo posible, no hay memoria. Es por este motivo que el hijo, siendo adolescente, al adquirir conciencia de la muerte de su padre, se desplaza hasta la mina para pedirle que se lo devuelva, pero la mina lo único que le devuelve es un silencio que retumba.
Boca negra nos permitió recordar la tragedia, sí, pero desde la perspectiva de quienes la sobreviven y deben lidiar con toda la incertidumbre que deja. El relato de Mariana Salas Valencia es una forma de conjurar el olvido e instituir la memoria, la de quienes perdieron las palabras. El cuento, como lo expresó la autora en la conversación, surge de su deseo de entender, muchos años después, eso que sucedió a muchos niños y niñas con la tragedia minera de 2010: sus padres, tíos y hermanos no regresaron y en su lugar se instauró el silencio.
Ese mismo motivo, el de la tragedia de los mineros, aparece en el capítulo cinco de La rebelión de las ratas (1962). Rudecindo Cristancho, el protagonista, debe entrar a la mina, abrir paso entre la avalancha de peña, y rescatar los cuerpos de unos mineros muertos muchos días antes. El relato es la representación de una doble injusticia: la de quienes murieron y llevan días descomponiéndose sus cuerpos en el socavón, y la de quienes deben rescatarlos que deben llevar a cabo su tarea en medio de inhumanas condiciones laborales. El narrador, como es característico de esta literatura claramente comprometida con causas sociales, se despacha contra los capataces, los inversores extranjeros y todo el sistema de explotación del mineral y de los trabajadores. En este sentido, el relato guarda una relación muy estrecha con lo que ya habíamos leído en las páginas del chileno Baldomero Lillo, autor del conmovedor cuento La compuerta número 12.
Pero el tratamiento del fenómeno de la minería en La rebelión no se queda en denunciar la injusticia de los mineros del rango más bajo del sistema; Soto Aparicio retrata bien los efectos de ese sistema en las familias, en la vida de los menores de edad y de las mujeres. En el capítulo mencionado una mujer, Cándida, quien ha debido prostituirse para mantener a su pequeño hijo, es víctima de un acto de violencia que nos permitió conversar sobre las violencias basadas en género en nuestro territorio, al tiempo que particularizar este otro fenómeno en el contexto de comunidades mineras. Para nadie es un secreto que las comunidades mineras padecen, además, formas de violencia contra los menores y mujeres como efecto de la escaza educación, la pobreza, la drogadicción, el consumo de alcohol, entre otras causas. Ello ha hecho que en Amagá específicamente fundaciones y organizaciones no gubernamentales tengan sus centros de operaciones en zonas que tradicionalmente han vivido de la explotación del carbón.
Con la lectura de este capítulo de la novela de Soto Aparicio rendimos un homenaje a la novela minera por antonomasia en la tradición literaria colombiana. Se trata de una historia que fue llevada a la televisión y que se dio a conocer a partir de allí principalmente; por otra parte, es quizás una de las obras literarias más leídas en las instituciones educativas de nuestro país. No obstante, quizás no es lo suficientemente conocida en nuestro territorio y hoy encontramos actualidad y sentido a ese relato en el que nos leemos desde una perspectiva crítica.

Aún nos queda una sesión más de nuestros Encuentros para leer la mina. Esta tendrá lugar en el mes de mayo, día y hora por confirmar. Extendemos nuestra invitación a toda la comunidad interesada para que se vincule a este espacio de lectura, conversación y pensamiento crítico. Recuerden que siempre brindamos café, galletas y libros.
Lectura recomendada:
Leer la mina: literatura, memoria y conversación desde Amagá




