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Por Rubén Darío González Zapata 
Colaborador oriundo de Ciudad Bolívar
Corregimiento Alfonso López (San Gregorio)

¿Qué enseñanzas nos aporta la gran maestra del pasado?

Abordar el estudio de la historia con objetivos tan limitados como el de satisfacer una curiosidad o saborear las nostalgias del pasado, es un desperdicio inaceptable. Es como tomar una fruta y de la misma sólo comerse la cáscara para botar luego la pulpa. Igualmente, utilizar la historia como una herramienta para darle validez a unos intereses parcializados de una corriente de pensamiento es correr el riesgo de tergiversar su verdadera naturaleza. ¿Qué deberíamos, entonces, esperar del escrutinio del pasado cuando abocamos su estudio de una manera técnica, desprovista de prejuicios limitantes y contaminantes? Son varios los resultados que, en mi opinión, podemos obtener de la disciplina del estudio de la historia con una concepción como esta y, entre los más importantes, están el de entender por qué somos lo que somos, así como también identificar los pilares sobre los que se asientan elementos tan importantes para la vida del presente, como son la evolución del pensamiento, los conocimientos y la cultura dentro de la cual transcurre la vida del momento. A mí personalmente me parece muy útil y valioso, además, abordar el estudio de la historia desde una perspectiva pedagógica, porque de esta forma, la misma deja de ser una especie de trasto viejo para convertirse en un factor vital, como fuente de enseñanzas. Una maestra de vida.

Al hablar de la historia desde un enfoque como este y aplicarlo a un conglomerado humano específico como sería una comunidad, un pueblo, por pequeño que sea, en mi caso, por ejemplo, San Gregorio (Alfonso López), esta adquiere unas dimensiones sorprendentemente enriquecedoras, aunque inicialmente la sensación que se pueda tener sea la de que sobre un diminuto lugar es muy difícil encontrar algo significativo para decir. Por consiguiente, pretender encontrar elementos que permitiesen caracterizarlos como una fuente interesante de aprendizaje de vida parecía un objetivo difícil de lograr. ¿Qué podía haber de original en una reducida aldea que resultara interesante para un lector en cualquier parte del mundo? Pasó mucho tiempo sin que pudiera encontrar una respuesta a esta pregunta.

Sucedió, sin embargo, que al decidir que, de todas formas, valía la pena hacerlo, empecé a descubrir con asombro que cada persona, cada sitio, cada acontecimiento, por insignificante y pequeño que pudiera parecer, conlleva en sí mismo lecciones de vida cuyos efectos nadie puede predecir hasta dónde pueden llegar y de los que siempre podemos aprender si lo observamos con una mente abierta. Especialmente cuando dejé de ver a las personas, los lugares o los hechos como accidentes aislados sin interrelación alguna y pasé buscar en ellos una explicación que le diera razón de ser a su existencia, como parte vital de un engranaje que, visto en su conjunto, adquiere sentido y lógica propios. Entonces comprendí que una comunidad como la del San Gregorio actual, igual que la de cualquier otra comunidad pequeña en el mundo, no es un fruto del azar sino el resultado del esfuerzo conjunto de hombres y mujeres que trabajaron para lograr lo que hoy se tiene. Desde una visión como esta, las acciones de un líder o una lideresa que propicia un trabajo comunal; la fundación de una escuela, una iglesia; el aporte fugaz de un policía que pasó un tiempo en el lugar; la enseñanza de un maestro; el aporte espiritual de un sacerdote; la labor fundamental del arriero o del conductor de un vehículo de transporte; el servicio del comerciante; el trabajo duro que hombres y mujeres hicieron en el campo para mantener viva la economía de la comunidad. Ahí descubrí que detrás de cada uno de estas experiencias del pasado, pero vistas en su conjunto, hay profundas lecciones de vida: con sus aciertos, con sus errores, con sus fracasos y con sus éxitos. Con los acontecimientos positivos que un día llenaron de alegría a las personas o los acontecimientos tristes y trágicos que en días pasados trajeron amargura y dolor.

Comprendí, pues, que una comunidad es el resultado del trabajo de todos estos actores y la forma como, consciente o inconscientemente, se entrelazaron para dar como resultado el legado existente. Pero, ¿qué hacer con ese legado? Pues bien, es ahí donde la historia vista como una fuente de enseñanzas, adquiere toda su dimensión constructiva. Cuando le propuse a mis paisanos de San Gregorio, a sus líderes, al colegio Juan Tamayo, a la casa parroquial y a algunas otras instituciones que contacté, entre ellas la Secretaría de Educación de C. Bolívar, insistía en que con el aporte de cada uno de ellos se haría la construcción de la memoria histórica de San Gregorio, y que el propósito no era simplemente escribir un documento para dejarlo luego guardada en el baúl de los recuerdos, sino para que esta se convirtiera en un insumo fundamental en la construcción de un futuro proyecto social, mediante un esfuerzo que supone tener la capacidad para identificar no solamente los aciertos y éxitos que se han tenido, sino también para reconocer con humildad en qué nos hemos equivocado. Pero, más importante aún, un esfuerzo para convertir los aciertos y errores en elementos constructivos, que conlleva de manera especial el esfuerzo necesario para fomentar el surgimiento de nuevos líderes y lideresas que serán, en últimas, los responsables de llevar cabo esa tarea. El esfuerzo hecho hasta ahora en este sentido y los resultados obtenidos han sido posibles porque para ello he podido contar con un instrumento de difusión de vital importancia, una especie de socio estratégico en este aspecto, que ha sido el Periódico EL SUROESTE con el que tuve la increíble suerte de encontrarme en mi camino. También he contado con personas de mi corregimiento, hombres y mujeres oriundos de mi pueblo que desde allí o desde el lugar donde viven y trabajan, han creído en este proyecto. Para ellas y para ellos va todo mi agradecimiento y también el recordatorio de que, cada uno a su modo, como parte de un colectivo, está construyendo una comunidad que, en el futuro, buscará en el nosotros de hoy las enseñanzas de vida que estamos tejiendo.

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