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En el centro de la Institución Educativa San Antonio de Padua, sede Rafael J. Mejía, en Támesis, al lado del hermoso samán, hay una roca que parece silenciosa, pero guarda una de las memorias más antiguas del territorio. Cada día, los estudiantes pasamos cerca de ella camino al salón, al descanso o a las actividades escolares. A simple vista puede parecer sólo una piedra grande, sin embargo, no es una roca cualquiera, es una huella ancestral que convierte al colegio en un lugar con historia viva.

Esta roca no está guardada en un museo, ni encerrada en una vitrina, está aquí en medio de la vida escolar, acompañándonos a los niños, niñas y jóvenes del San Antonio de Padua. Por eso es tan especial, porque la historia antigua de Támesis no está lejos de nosotros, está en nuestro propio colegio. En ella se encuentran grabadas unas figuras llamadas petroglifos.

¿Qué son los petroglifos?

Los petroglifos son dibujos, señales o símbolos grabados sobre piedra. No fueron pintados con colores, ni escritos con lápiz, marcador o tiza. Fueron tallados directamente sobre la roca con herramientas fuertes, por personas que vivieron hace muchísimo tiempo.

Podemos imaginar los petroglifos como un mensaje antiguo escrito en piedra. Las comunidades que los hicieron no tenían cuadernos, libros, celulares ni computadores como los que usamos hoy. Pero tenían una forma profunda de observar el mundo, miraban el cielo, seguían el curso del agua, reconocían los caminos, entendían las montañas y encontraban en la piedra una manera de dejar memoria.

Por eso, cuando observamos un petroglifo, no estamos mirando un simple dibujo. Estamos frente a una pregunta antigua, frente a una señal que nos invita a imaginar cómo pensaban, cómo vivían y cómo se relacionaban con la naturaleza quienes habitaron este territorio antes que nosotros.

Una memoria de los antiguos habitantes de Támesis

No se sabe con exactitud cuántos años tiene cada petroglifo de la I.E. San Antonio de Padua. Los investigadores explican que estas figuras fueron realizadas por comunidades prehispánicas, es decir, pueblos que vivieron en estas tierras antes de la llegada de los españoles.

Algunos estudios sobre antiguos asentamientos de la región hablan de tiempos muy lejanos, posiblemente de más de 2.000 años. Por eso, aunque no podemos afirmar una fecha exacta para cada grabado, sí podemos decir que estos petroglifos pertenecen a una memoria muy antigua del territorio.

Las investigaciones mencionan pueblos indígenas como los Cartama y los Caramanta y muchos estudios relacionan especialmente estos grabados con la cultura Cartama. Estas comunidades conocían muy bien la naturaleza, observaban el sol, la lluvia, los ríos, las montañas, los animales, las épocas de siembra y los cambios del paisaje.

Ellos aprendieron a leer el territorio. Y una de las formas de dejar su pensamiento fue grabando señales sobre las piedras. Por eso los petroglifos son tan importantes. Nos recuerdan que Támesis no empezó solamente con las casas, la iglesia, el parque o las escuelas que vemos hoy. Antes de todo eso, ya había personas caminando estas montañas, mirando el cielo, cuidando el agua y dejando huellas sobre las rocas.

Los ocho motivos de la Roca de la I.E. San Antonio de Padua

La Roca tiene ocho petroglifos o motivos registrados. Para recordarlos de manera fácil, podemos decir:

Cuatro parecen personas.
Dos parecen caminos que giran.
Dos parecen baticas o figuras geométricas.

En una parte de la roca, llamada panel 1, se encuentran cuatro figuras antropomorfas. Aunque la palabra parece difícil, su significado es sencillo, son figuras que se parecen a personas. Estas formas pueden representar seres humanos, ancestros, sabios, líderes, chamanes o personajes importantes para la comunidad antigua.

También hay dos espirales. Las espirales parecen caminos que dan vueltas. Pueden recordarnos el movimiento de la vida, el agua, el tiempo, la lluvia, la siembra, el recorrido del sol y los ciclos de la naturaleza.

Además, en este panel aparece una figura geométrica llamada diábolo o “batica”. Algunas personas le dicen “batica” porque su forma se parece a una camiseta o a una bata. Esta figura puede hacernos pensar en equilibrio, unión, cuerpo o en un símbolo especial para quienes la grabaron.

En otra parte de la roca, llamada panel 2, hay otra figura geométrica formada por trapecios invertidos. También se parece a un diábolo o “batica”. Esta forma nos muestra que los antiguos habitantes no grababan figuras al azar. Sus símbolos tenían intención, cuidado y significado.

¿Qué pueden significar estas figuras?

Es importante recordar que los petroglifos no se pueden traducir exactamente como una palabra de un libro. No son un abecedario igual al nuestro. No podemos decir con total seguridad: “esta figura significa sólo esto”. Lo que sí podemos hacer es observar, preguntar, comparar, investigar e imaginar con respeto.

Las figuras parecidas a personas pueden hablarnos de la comunidad, de los ancestros o de seres importantes. Las espirales pueden hablarnos de la vida, del agua, del tiempo y de la naturaleza. Las figuras como “baticas” pueden hablarnos de unión, equilibrio o símbolos sagrados.

La roca completa puede entenderse como un lugar de memoria, observación y conexión con el territorio. Por eso, la Roca la I.E. San Antonio de Padua no sólo tiene valor arqueológico, también tiene un profundo valor educativo.

Una escuela con historia viva

No todos los colegios tienen dentro de su sede una roca con petroglifos antiguos. El San Antonio de Padua sí. Eso significa que nuestra institución no sólo enseña historia en los libros, también tiene una parte de la historia de Támesis en nuestro propio patio.

La Roca convierte a la Institución Educativa San Antonio de Padua en un lugar con historia viva y sagrada. Esta roca nos enseña arte, historia, respeto por los pueblos indígenas, amor por Támesis y cuidado del patrimonio. También nos recuerda una idea fundamental para nuestra institución: el territorio también es aula viva.

En el Padua aprendemos en el salón, pero también aprendemos del paisaje, de las montañas, de las quebradas, de los caminos, de los relatos de los abuelos y de esta piedra antigua que permanece en el centro del colegio.

Cuidar la roca es cuidar la historia

La roca del colegio es como un libro muy antiguo. Pero no es un libro de papel, es un libro de piedra. Y como está al aire libre, necesita el cuidado de todos.

Cuidarla significa mirarla sin tocarla. Protegerla significa no subirse sobre ella, no sentarse encima, no rayarla, no pintarla y no remarcar sus figuras con tiza, marcador o pintura. También significa no echarle agua, no lavarla, no usar cepillos, ni jabones, no arrancar musgos o líquenes y no jugar de forma brusca cerca de ella.

A veces alguien puede pensar: “voy a limpiarla para que se vea mejor”. Pero los arqueólogos y expertos explican que esa acción puede hacerle daño. Mojar una roca caliente, rayarla, pisarla, lavarla o intervenirla sin conocimiento puede causar deterioro, desprendimiento de partes de la piedra o pérdida de los grabados.

Los estudiantes somos guardianes de la roca de la Institución Educativa San Antonio de Padua, eso quiere decir que aprendemos a mirarla con respeto, conocer su historia, valorar sus petroglifos y enseñar a otros a protegerla. Por eso, desde la actual rectoría del colegio se ha promovido una política institucional de cuidado, protección y educación patrimonial, para que la Roca del Liceo sea reconocida como una memoria ancestral de Támesis y como un aula viva dentro de la escuela. El compromiso es que nunca más vuelva a ser afectada y que cada estudiante se sienta responsable de conservar este tesoro arqueológico para las futuras generaciones.

Guardianes de la memoria

Los estudiantes del San Antonio de Padua debemos convertirnos en guardianes de la Roca del Liceo. Cada vez que pasamos cerca de ella, pueden recordar que no es una piedra cualquiera. Es una memoria antigua de Támesis dentro del colegio. Allí están grabadas señales de personas que vivieron mucho antes que nosotros y que dejaron una huella para el futuro.

La Roca del Liceo es una memoria ancestral de Támesis dentro de la Institución Educativa San Antonio de Padua. Si la cuidamos, protegemos la historia de nuestros antepasados, fortalecemos la identidad de nuestra comunidad y defendemos el patrimonio arqueológico del territorio.

Cada vez que un estudiante observa esta roca con respeto, comprendemos que la historia de Támesis no está solamente en los libros. También está en las montañas, en las quebradas, en los caminos y en esta piedra antigua que representa la esencia y el alma del Padua.

Construcción colectiva de estudiantes de la I.E. San Antonio de Padua de Támesis.

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