La existencia de vida después de la muerte es un asunto de enorme interés, para el individuo común y corriente, y cada vez más, para la ciencia. Un asunto que todo humano con algún sentido de curiosidad, tendrá que haberse planteado o se ha planteado alguna vez, bien sea para dar por sentado que una dimensión como esa sencillamente no existe, o bien sea para mantener la mente abierta frente a la posibilidad de su existencia, así la certeza absoluta sobre la misma tal vez nunca la pueda tener. Por otra parte, quienes son seguidores de una determinada religión, por ejemplo, el cristianismo, el judaísmo, el islamismo y el budismo, para citar solo algunas de las más conocidas, el tema carece de sentido, puesto que para ellos está muy clara la existencia de la dimensión inmaterial, aunque sus explicaciones no concuerden exactamente con lo que cuentan quienes han tenido experiencias cercanas a la muerte.
Dicho lo anterior, me propongo exponer aquí unas reflexiones sobre el libro La prueba del cielo, escrito por Eben Alexander, sobre el que ya hablé en mi columna anterior (Periódico El Suroeste, enero 2 de 2026) y la primera pregunta que surge es acerca de qué tanta credibilidad merece la experiencia espiritual narrada por este neurólogo en esta obra, dejando en claro desde ya que mis conclusiones no son las de un científico, ni las de un médico especialista o las de un investigador experto en experiencias cercanas a la muerte. Son, escuetamente hablando, la opinión de un colombiano de ruana y alpargatas, que busca saciar la sed de conocimientos sobre la naturaleza de los fenómenos que existen más allá del mundo material que alcanzamos a percibir con nuestros sentidos, así como darle sosiego a mi anhelo de encontrar el camino que lleve mi conciencia a la develación de una dimensión espiritual cuya existencia, de alguna manera, presiento como real, pero sobre cuya certeza absoluta tengo aun muchas preguntas.
Para tener una opinión objetiva de la credibilidad sobre la experiencia de Alexander, es importante saber algunas cosas sobre este médico, especialmente en lo que a su trayectoria profesional hace referencia, más allá de lo que él cuenta sobre sí mismo. En este caso, hay que señalar que Eben Alexander ha tenido incidentes profesionales, incluidos llamados de atención por alguna práctica incorrecta de procedimientos quirúrgicos realizados en condiciones inadecuadas, y, por lo menos, una demanda por 3 millones de dólares, si bien el demandante desistió posteriormente de la misma. Los tropiezos incluyen despidos de varios hospitales, igualmente por casos de negligencia médica.
En conclusión, Alexander es un ser humano con errores, pero evidentemente y basados en referencias que sobre su condición científica hacen, entre otros, el también neurólogo español Manuel Sans Segarra, Alexander es alguien, en términos generales, con una carrera destacada. ¿Le restan estas sombras credibilidad a su experiencia? Pienso que no, por cuanto de lo que se trata aquí es de una experiencia vivida por un ser humano, independientemente de su condición profesional, como sucede con tantos otros hombres y mujeres de toda clase de oficios y profesiones, cuyas experiencias cercanas a la muerte son igualmente válidas, al menos como objeto de investigación.
Digamos, pues, que no hay motivos razonables para pensar que la narración sobre este episodio de su vida hecha por este neurólogo sea un fraude o un montaje, por ejemplo, al estilo de la Inteligencia Artificial. En consecuencia y dentro de esta perspectiva, ¿qué tan creíble es la conclusión a la que llegó Alexander de que realmente hay pruebas de que el Cielo existe porque él así lo experimentó, dando para ello unas explicaciones de carácter científico que considera irrefutables o, por lo menos, razonablemente lógicas? La respuesta es que esta experiencia es creíble y que, por lo menos, merece el beneficio de la duda.
Desde luego y tratándose de un tema tan complejo y, aparentemente, tan ajeno a las matemáticas de la física experimental, como es el campo de la espiritualidad, es comprensible que para la ciencia la dimensión de lo inmaterial sea algo hoy día imposible de demostrar en el laboratorio. Algunos científicos que han comentado el libro de Alexander incluso consideran inclusive que sus afirmaciones, incluyendo el recurso a la física cuántica como una puerta que abre la posibilidad de una explicación científica acerca de la existencia del Cielo, en últimas, de la existencia de Dios mismo, carecen de soporte científico, incluso algunos lo consideran un fraude. El cuestionamiento talvez más serio que se le hace es la afirmación suya, según la cual durante su experiencia la parte del cerebro en la que reside la conciencia humana y que es el sitio donde se producen las alucinaciones, esto es, la corteza cerebral, estuvo totalmente desconectada, algo que, en opinión sus críticos, no está debidamente demostrado en el libro.
Me pareció interesante, por otro lado, una “reseña crítica” que encontré investigando en Google sobre el libro, hecha por un comentarista de nombre Jim Osman, perteneciente a una organización cristiana denominada Kootenai Church. De acuerdo con este señor, el relato de Alexander es anticristiano. Fundamenta su opinión en que las afirmaciones de este neurólogo contradicen el contenido de la Biblia. El libro es, según su opinión, una mentira inspirada por Satanás.3 Esto lo que demuestra es que toda hipótesis que ponga en tela de juicio nuestros paradigmas, bien sea científicos, religiosos o culturales, generalmente es rechazada, muchas veces sin tomarse el trabajo de someter su posible razonabilidad al tamiz del análisis de la objetividad.
Mi conclusión es que este es un campo abierto a la investigación en el que hay aún un espacio inagotable para el estudio, tanto científica como religioso. Un espacio en el que no se puede dar por sentado nada definitivo. Pero una cosa sí es cierta: no podemos negar la existencia de algo simplemente porque no lo hemos podido ver con los métodos de investigación disponibles hoy en día, como tampoco podemos caer en el facilismo de una credulidad ingenua, aceptándolo todo como cierto sin pasarlo previamente por el tamiz del análisis crítico. Mantengamos abierto, pues, el beneficio de la duda.
Por Rubén Darío González Zapata Nacido en la vereda La Lindaja Corregimiento Alfonso López (San Gregorio) - Ciudad Bolívar
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Por Rubén Darío González Zapata
Nacido en la vereda La Lindaja
Corregimiento Alfonso López
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