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¿En definitiva, qué es lo que buscamos?


Por Rubén Darío González Zapata 
Colaborador oriundo de Ciudad Bolívar
Corregimiento Alfonso López (San Gregorio)

Con toda seguridad, uno de las taras más nocivas con las cuales hemos crecido, madurado y envejecido la inmensa mayoría de los colombianos (con las excepciones del caso, que siempre las hay), es la creencia según la cual el político es una especie de solución universal –a veces enviado por la Divina Providencia– que nos llega con todas las herramientas necesarias en sus manos para resolver los problemas del país y hasta –¿por qué no?– los problemas del mundo entero. De acuerdo con la lógica derivada de esta forma de ver las cosas, cada vez que creemos haber encontrado a ese ser providencial, nos aferramos a él y terminamos por entregarle toda nuestra voluntad, y hasta llegamos a poner a sus pies el bien más preciado con el que hemos sido dotados por la naturaleza: la conciencia misma. Por esta razón, países como el nuestro son terreno ideal para el surgimiento de ese espécimen tan peligroso, y casi siempre trágico, de la jungla humana: el caudillo.

Hay, sin embargo, otra forma de ejercer el derecho de elegir racionalmente y con madurez, sin caer en la sumisión y la entrega incondicional: es la decisión de voto que está basada no en una persona (por carismática que parezca, por bonito que hable o por muy de macho que sea la imagen que quiera proyectar en la propaganda y en las redes sociales), sino en un proyecto; un proyecto político más exactamente; y un proyecto político, dentro del contexto del que estoy hablando es, en síntesis, la respuesta a una pregunta muy sencilla: ¿qué clase de país queremos ser dentro de una perspectiva de largo plazo o, dicho de otro modo, qué clase de sociedad queremos construir a lo largo de las siguientes décadas; por ejemplo, dentro de una perspectiva de los próximos 50 años? Cuando miramos el panorama político dentro de un enfoque como este, las cosas cambian radicalmente y yo, como simple ciudadano, me declaro a favor de esta alternativa. ¿Por qué?

  1. Información.

Porque me obliga a basar mi decisión de voto en información sólida y objetiva; a no quedarme con las consignas, los señalamientos superficiales de los políticos y sus seguidores de ocasión; a no tragar entero la propaganda de las redes sociales o la información sesgada del sector de la prensa que apoya o se opone a un determinado partido. Me obliga, asimismo, a someter las afirmaciones de los candidatos y de sus seguidores a un proceso de análisis desprevenido; a cotejarlas con diversas fuentes de información o con otras opiniones, para llegar finalmente a las conclusiones que me dicta mi conciencia.

  1. Liderazgo.

Porque me da los elementos para identificar los liderazgos. En un proyecto político, el elemento liderazgo es crítico, fundamental. Y aquí hay que decir que ser líder no es ser un patrón, un capataz, un sargento o un caudillo. El auténtico líder o lideresa es quien une, quien genera sinergias, quien le permite a su equipo o, para el caso del político, el que logra que las gentes saquen lo mejor de sí mismas y se apropien del proyecto como si fuera algo suyo; quien no usa el odio o el miedo como herramienta para lograr adhesiones. Líder, en síntesis, es quien tiene la capacidad para lograr que todo el país o, al menos, inmensa mayoría de sus gentes, trabajen en una misma dirección, convirtiendo sus diferencias en factores de crecimiento y no en motivo de conflicto.

  1. Visión estratégica.

Me permite identificar la Visión del futuro hacia dónde deberíamos ir dentro de un horizonte de largo plazo. Les propongo que analicen las propuestas políticas de nuestros actuales candidatos y candidatas; se darán cuenta de que la mayoría de ellas están pensadas para un período de corto plazo, 2026 – 2030, aún aceptando que, de llegar a cristalizar sus programas de gobierno en caso de ser elegidos o elegidas, algunos de estos tendrían efectos para el futuro. En la práctica, sin embargo, uno se da cuenta de que en ellos lo que vaya más allá del 2030 es un campo nebuloso.

  1. El mejor proyecto.

No obstante, y otorgando el beneficio de la duda, se puede afirmar que en cada una de las propuestas de los actuales candidatos y candidatas hay elementos que, debidamente identificados y ordenados, permitirían armar un proyecto político, así no se encuentre explícitamente concebido. Identificar esos elementos y trazar sus características puede ser una tarea que cada uno de nosotros podría hacer como ejercicio. Ahora bien, una vez hecho el trabajo, ¿por cuál de los proyectos resultantes decidirse? Yo me decidiría por el que cumpla con estas condiciones:

  • Tener las estrategias suficientes para erradicar los tres problemas estructurales más graves del país: la desigualdad y la inequidad sociales; el atraso histórico (educacional, científico y cultural) y la dependencia económica y política con respecto a otros países.
  • Tener efecto inspirador, credibilidad y viabilidad para ser exitoso.
  • Ser lo suficientemente motivador para que, como colombiano de a pie, sienta el impulso de adoptarlo como mi propio proyecto y trabajar para él dentro de mis propias capacidades.

Es la esencia de mi visión política y lo que guía mi conciencia a la hora de dar mi voto. 

Lectura recomendada:

La montaña del misterio

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