Elegimos para la portada de esta edición una obra que lleva por nombre La Tierra. Su autora, Luisa María Úsuga Montoya, encontró la inspiración al observar en un documental cómo una superficie que deja de recibir agua comienza a secarse y agrietarse. En esas grietas reconoció algo profundamente humano: “Cuando estamos tristes y agobiados, siento que nuestra alma se parte en pedazos”.
La tierra se agrieta cuando le falta agua, enfrenta los efectos de las altas temperaturas, produce los alimentos que consumimos y es objeto de decisiones sobre sus usos y su futuro. Pero la tierra es también el lugar que habitamos. Sobre ella creamos, lideramos, buscamos respuestas, enfrentamos pérdidas y construimos formas de seguir adelante.
Por eso La Tierra resulta especialmente significativa para abrir esta edición: lo que ocurre en un territorio y lo que vivimos quienes lo habitamos está profundamente conectado.
Durante estos meses, el fenómeno de El Niño ha traído al Suroeste menos lluvias y mayores temperaturas. Hay sistemas de acueducto con alertas de desabastecimiento, incendios de cobertura vegetal y condiciones que pueden incidir en los cultivos. El agua, que en la obra de Luisa determina la aparición de las grietas, es también una preocupación concreta para varios municipios de la región.
Sobre esa misma tierra cultivamos. De ella depende buena parte de nuestra economía y nuestra alimentación. Por eso, la discusión sobre las Áreas de Protección para la Producción de Alimentos, cuyas declaratorias abarcan áreas de 19 municipios del Suroeste y podrían ser derogadas, plantea preguntas sobre sus usos, su protección y las distintas actividades que conviven en la región.
Las decisiones sobre un territorio adquieren sentido en la vida de las personas y las comunidades que lo habitan. Allí también están quienes trabajan por ellas, impulsan procesos colectivos y asumen liderazgos. El Festival de Cine de Jardín puso este año su mirada precisamente sobre los líderes sociales de Colombia, sus vidas y las violencias que han intentado silenciar sus voces. Hablar de ellos es también preguntarnos por las condiciones en las que se ejerce el liderazgo y por lo que ocurre con las comunidades cuando una de esas voces desaparece.
Hay otras ausencias que permanecen. Han pasado 1.635 días desde la desaparición de Andrés Camilo Peláez Yepes. Su madre, Claudia, conoce hoy parte de lo que ocurrió, pero continúa esperando encontrar sus restos, que haya justicia y que su memoria permanezca.
También existen dolores que no podemos ver. En septiembre, mes dedicado a la prevención del suicidio, volvemos sobre una conversación que sigue siendo necesaria: aprender a reconocer el sufrimiento emocional, hablar de él sin estigmas, escuchar y acompañar.
Y están quienes transforman lo vivido en otras formas de expresión. Luisa convirtió algunas de sus pérdidas en colores, formas y texturas. La misma mujer que durante años ha dudado si puede llamarse artista tiene hoy veinte bocetos esperando convertirse en nuevas obras y una pregunta que empieza a hacerse con mayor fuerza: “Si Botero fue Botero, ¿por qué Luisa no puede ser Luisa?”.
La Tierra, la obra de nuestra portada, nació de una superficie agrietada. En estas páginas, la tierra aparece también con sus grietas, sus desafíos y, sobre todo, con la esperanza que persiste aun en los momentos más difíciles.


