Comparta esta noticia

¡Vida después de la vida! Un tema por el que he sentido desde siempre un profundo interés no exento igualmente de una explicable curiosidad. Y es que estoy convencido de que son, conmigo, muchos los seres humanos que, a lo largo de su existencia, han sentido o sienten un profundo deseo de saber si hay una vida después de la que se tiene en este mundo y, si existe, cómo será esta. En mi caso, durante los primeros años daba sencillamente por sentado que, al morir, nuestra alma va al Cielo o al Infierno, dependiendo de si en la vida terrenal uno fue o no un buen cristiano, de acuerdo con los principios y mandamientos de la Iglesia, porque esa era la información que había recibido desde el momento en el que empecé a tomar conciencia de mi condición de ser humano. No obstante, y luego de mi experiencia personal por haber convivido durante más de 7 años dentro de una comunidad religiosa, además de muchas lecturas sobre el tema, más que respuestas, lo que ha anidado en mi mente es un mar de preguntas sin resolver, pero también y paradójicamente, con la certeza de que la trascendencia del ser humano es una realidad compatible con la ciencia, así esta no pueda ser demostrada mediante una ecuación matemática. Es algo que, sencillamente, lo siento; algo que me lo dice mi yo interior.

¿Por qué hablar de un asunto como este? Mi interés se debe a que llegó a mis manos (o sería más exacto decir a mi computadora) un libro que es un aporte muy importante en este proceso de búsqueda de respuestas sobre la vida después de la vida terrenal. El libro, denominado La prueba del cielo, escrito por el médico Eben Alexander, neurocirujano norteamericano que ha dedicado su ejercicio profesional al tratamiento de pacientes con enfermedades del cerebro, durante el cual debió buscar respuestas para las manifestaciones de fenómenos como las alucinaciones, incluidos las de experiencias cercanas a la muerte, ECM, que narraban muchos de sus pacientes o de pacientes de colegas suyos que lograban sobrevivir a un caso de muerte cerebral, las que hacía exclusivamente con un enfoque científico, sin buscar para ello explicaciones de carácter religioso.

Sucedió, sin embargo, que Alexander tuvo que enfrentarse en el año 2008, de un momento a otro, a una meningitis bacteriana altamente agresiva, muy rara en los adultos (casi siempre se da en niños recién nacidos), como consecuencia de la cual estuvo en coma durante 7 días, tiempo a través del cual su cerebro estuvo desconectado. Durante ese período, sin embargo, este médico escéptico vivió, en el más auténtico sentido de la palabra, una experiencia extraordinaria con el mundo de la espiritualidad, experiencia que queda narrada, de una manera, en mi opinión, magistral, en el libro al que me estoy refiriendo, en cuya lectura encuentro un material de enorme importancia para la reflexión, del cual voy a referirme, solamente y de manera sucinta, a los tres puntos que señalo a continuación:

  • Existe algo que se llama la supraconciencia, sobre la cual hablan también otros científicos, entre ellos el, igualmente, médico cirujano español Manuel Sans Segarra y que es esa parte trascendente del ser humano que sobrevive a la muerte. El equivalente al concepto de alma en religiones como la cristiana; algo así como la antena a través de la cual está conectada la conciencia humana, que reside en el cerebro, con el mundo de la dimensión espiritual. Un concepto que, en mi opinión, es necesario conocer más a fondo para lograr entender este tipo de experiencias cercanas a la muerte, ECM.
  • El Universo tiene un propósito, al cual todo está conectado y del que todos formamos parte. Esta afirmación incluye la idea poderosamente atractiva de que el universo es Dios mismo, lo que me recordó lo que he leído sobre la tesis del filósofo holandés Baruch Spinoza. Esto llevó a Alexander a exponer su experiencia desde la perspectiva de que el Universo es una realidad fundamentalmente mental y espiritual, no física, lo cual ha venido siendo intuido ya a través de la física cuántica. Finalmente, es un estado inundado por un amor inconmensurable, incapaz de ser entendido en toda su dimensión por los humanos que jamás hemos vivido ese tipo de experiencias.
  • El Infierno existe, pero no en la forma como lo hemos entendido: un mar de fuego al que es condenado para toda la eternidad el mal cristiano. De manera reveladora, este concepto, para Alexander, está relacionado con lo que se llama la revisión de vida, que hacen las personas al morir. Lo nuevo, para mí, sobre esta afirmación, es que no se trata simplemente de presenciar todo lo que se hizo en vida como quien ve un documental de Netflix (digo yo); en realidad, se trata de volverla a vivir, pero desde la perspectiva de quienes fueron víctimas de las injusticias y errores y, desde luego, de quienes fueron sujeto de las obras de amor y solidaridad, de la persona que está haciendo esa revisión. En una de sus tantas entrevistas, este médico explicó lo que debió pasar con sujetos como, por ejemplo, Adolfo Hitler, para quien esa revisión tuvo que haber sido la de tener que soportar sobre sí mismo todo el sufrimiento que en vida le causó a tantos millones de seres humanos. Para ese señor, dice el escritor, este repaso de vida debió ser verdaderamente un infierno eterno. La presentación en estos términos, de una creencia tan crítica especialmente para los cristianos, me permite entender de una forma más lógica el concepto de castigo post mortem. En síntesis, y de acuerdo a este enfoque, quien castiga o premia el comportamiento del ser humano no es esa especie de juez sentado en un trono celestial desde el cual dicta una sentencia inapelable, como se nos ha dicho siempre, sino que es nuestra propia conciencia puesta en nosotros por Dios mismo, la que sin matices y sin consideración alguna, lo hace.

En resumen, el proceso espiritual vivido por Eden Alexander y que narra en el libro ya citado, finalmente lo llevó a la conclusión de que hay prueba de que el Cielo existe. Vistas las cosas desde esta perspectiva, yo también lo creo.



Por Rubén Darío González Zapata 
Nacido en la vereda La Lindaja 
Corregimiento Alfonso López 
(San Gregorio) - Ciudad Bolívar

Lectura recomendada

Una lección de política: la receta para tomar una adecuada decisión de voto

Comentarios
Comparta esta noticia