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«Quizá, esto de leer

vale la pena»

Del Congo a Amagá. Relatos para pensar la minería en el territorio

Los seis Encuentros para leer la mina, que se llevaron a cabo entre 2025 y 2026 en la sede de Cultivarte, pueden ser entendidos como un viaje por el universo narrativo de las minas, del fenómeno de la minería, y de cómo ha sido tratado en escrituras de distintos países. Este viaje comenzó en las minas de carbón del sur de América, en Chile, y culminó en las minas de cobalto de en el Congo, en África. En ese ir y venir, de una geografía a otra, siempre estuvo presente Amagá.

El último encuentro de dos ciclos de lecturas dedicados al tema de la mina abordó uno de los episodios más dolorosos de la explotación de minerales y de seres humanos en la contemporaneidad: la extracción del cobalto en la República del Congo. Para ello leímos una selección de textos tomados del libro Cobalto rojo, del escritor, investigador y activista estadounidense Siddharth Kara, publicado en 2023. El libro es una inmersión en el sistema de explotación del cobalto en la República Democrática del Congo, lo que lleva al investigador a revisar documentos, políticas, informes, organizaciones, proyectos económicos multinacionales, entre otras fuentes para construir un panorama, una explicación posible, de una de las formas de esclavitud del mundo actual.

El cobalto es un elemento químico presente en algunos minerales, materia prima para la producción de las baterías recargables con las que funcionan los teléfonos celulares, los computadores y los carros eléctricos. La demanda de este elemento en plena era digital ha hecho que los grandes productores de tecnología se desplacen a los territorios donde abunda el cobalto, como el Congo. Una vez instalados, implementan formas de explotación que van desde los métodos más sofisticados con el uso de tecnología hasta formas “artesanales” que vulneran ecosistemas y comunidades. El libro de Siddharth Kara puede leerse como una denuncia de esto último. De ahí que los testimonios de las personas que han vivido la experiencia de la minería del cobalto ocupen un lugar central en el libro. Estas historias son las que acercan el contenido de ese libro a las realidades sobre la minería. Realidades que también se han representado en escrituras de Chile, Colombia y Perú, entre otros.

En el encuentro se leyó la historia de una mujer joven que encontró en la prostitución su forma de sobrevivencia en un contexto en el que se produce mucho dinero, mas abunda la pobreza en formas extremas; riquezas efímeras conviven con la falta de oportunidades; grandes empresas de tecnología crecen en medio de la carencia de educación. El resultado de esa desigualdad es el retrato de esta mujer de quince años, madre, portadora de VIH y ahora minera, porque en este contexto, las minas son el lugar al cual van a dar todas aquellas personas que no cuentan con otras opciones. Es la sangre de este tipo de personas la que aceita el correcto funcionamiento de este sistema de explotación.

La lectura permitió poner sobre la mesa, de nuevo, el lugar que ocupan las mujeres en el fenómeno de la minería. Tradicionalmente las mujeres han sostenido la labor de los mineros desde su quehacer doméstico. Son ellas las que cocinan, cuidan a los niños y arreglan la casa. Muchos de los relatos leídos en los Encuentros, hicieron evidente la incursión de las mujeres en el sistema de explotación de los minerales, como mineras propiamente. Ahora bien, los relatos permitieron tratar una verdad poco aceptada: el fenómeno de la minería ha tenido históricamente una relación estrecha con el fenómeno de la prostitución y con el de la violencia ejercida hacia las mujeres. Esto evidencia la necesidad de realizar lecturas críticas sobre el papel de la mujer en los contextos de explotación del carbón, el oro o el cobalto, por dar unos cuantos ejemplos.

Otro de los relatos leídos concluye con una frase contundente al tiempo que desesperanzadora: «trabajamos en nuestras tumbas». La historia narrada a partir de un diálogo es muy semejante a la de otros contextos mineros, de hecho, no es distinta a la de muchos mineros de Antioquia, de Amagá. Algunos de los aspectos que más llamaron la atención de las y los participantes del encuentro fueron la naturalización de la pobreza y de la muerte en los entornos mineros. Las tragedias ocurridas en la mina hacen parte de la historia de las poblaciones donde hay explotación minera; quizá lo problemático no es eso, sino la manera como esa memoria se ha instalado en la colectividad: sin preguntas, sin explicaciones, sin una crítica de las causas e implicaciones del suceso ¿Qué ha cambiado después de las tragedias mineras? ¿Ha tenido algún efecto recordar a los mineros como héroes? ¿Cuáles son las consecuencias sociales de una tragedia minera como las que hacen parte de cada generación en Amagá, por ejemplo? ¿Siguen los mineros trabajando en sus tumbas?

La pregunta más importante en poblaciones mineras no puede ser quién murió. Como tampoco la acción inmediata debe reducirse a una publicación en redes sociales que rinde un homenaje póstumo al difunto. El discurso no puede agotarse en atribuir al minero un papel de héroe, una figura que con frecuencia sirve para aliviar la conciencia de quienes presentan la explotación de los recursos naturales como la panacea capaz de erradicar la pobreza y resolver los males que aquejan a las comunidades -según se mire, por fortuna o por condena- su destino atado a la extracción de minerales. La pregunta verdaderamente necesaria es otra: ¿por qué siguen muriendo los mineros? Las lecturas de este ciclo nos han enseñado que solo cuando la atención se desplace del individuo a las condiciones que hacen posible y, en ocasiones, inevitable su muerte, será factible comprender que estas tragedias no son hechos aislados ni simples accidentes, sino la expresión de un modelo económico, político e institucional que ha normalizado el riesgo y convertido la vida de quienes trabajan bajo la tierra en un costo más de la producción.

Luego de estas sesiones de lectura y de discusión sobre el fenómeno de la minería, queda la impresión de que aún hay mucho por leer, por conversar y, al mismo tiempo, hay cierta tranquilidad por un deber cumplido. Es necesario que una comunidad interrogue sus propias realidades, así estas se hayan asumido como verdades inobjetables. El fenómeno de la minería en Amagá no ha sido lo suficientemente interrogado. De hecho, se tiene la impresión de haber estado reproduciendo un relato de exitismo, progreso y heroicidad sobre la explotación del carbón en el territorio que sería insensato negar, aunque más insensato es no cuestionarlo. Hay otra historia sobre la minería que la literatura, el periodismo y la historia nos han contado, que no conocemos, la cual podría ayudar a redimensionar el lugar de la mina en la historia de la comunidad, en la identidad que se insiste en singularizar. Estos encuentros para leer esperan haber contribuido a vislumbrar, un poco, ese otro relato.

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