En EL SUROESTE siempre hemos sido una escuela. Desde nuestros primeros años, alrededor del periódico se han formado jóvenes, comunicadores y personas interesadas en aprender a observar, preguntar, escribir y contar lo que ocurre en el territorio.
Esa manera de entender el periodismo hace parte del legado de Álbaro de J. Valencia Cano, fundador de EL SUROESTE, quien impulsó la creación de colectivos de periodismo juvenil como espacios para que nuevas generaciones aprendieran a contar sus territorios. Por eso, cuando decidimos retomar este proceso en 2026, diez años después de su muerte, quisimos que esta nueva generación llevara su nombre: Colectivo de Periodismo Álbaro Valencia Cano.

Una de las primeras tareas de sus nuevos integrantes ha sido aprender a observar: recorrer el parque de Amagá, detenerse en aquello que normalmente pasa inadvertido, hacerse preguntas y descubrir que detrás de lo cotidiano también puede haber una historia para contar.
“Me parece espectacular, hemos aprendido muchas cosas, sobre todo cómo construir una noticia”, cuenta María José Vallejo, estudiante de noveno grado. En otro de los ejercicios, después de leer un cuento, los participantes tuvieron que convertir lo ocurrido en una noticia aplicando la estructura que habían aprendido.
Esta nueva etapa la desarrollamos a partir de un convenio con la Institución Educativa Escuela Normal Superior de Amagá y el canal comunitario Amagá Televisión, bajo la dirección de EL SUROESTE.

Un proceso que nació en Amagá
La historia de nuestros colectivos de periodismo juvenil comenzó en 2010 en Amagá. El primer grupo fue dirigido por Álbaro de J. Valencia Cano y abrió un proceso que, con el paso de los años, continuó con distintos grupos de jóvenes y se extendió a otros municipios del Suroeste.
Desde EL SUROESTE, junto con la Corporación de Comunicadores Comunitarios del Suroeste, SURCOM, llevamos esta experiencia posteriormente a municipios de las cuencas de La Sinifaná y del San Juan. En sus distintas etapas, jóvenes de 11 municipios participaron en espacios de formación en investigación, escritura y producción de contenidos, mientras se acercaban a las historias y realidades de sus comunidades.
Nuestro propósito iba más allá de aprender a hacer periodismo. Buscábamos aportar a su formación ciudadana como habitantes de un territorio, interesados en lo que ocurre a su alrededor, capaces de hacerse preguntas, escuchar distintas voces y participar en la vida de sus municipios.
La propuesta partía de aprender haciendo. Los jóvenes preguntaban, investigaban, escribían y producían contenidos que encontraban espacios reales de circulación. De estos procesos surgieron experiencias que vincularon el periodismo con la radio, lo audiovisual, la participación juvenil y el trabajo conjunto con otros medios y organizaciones del Suroeste.
A lo largo de los años cambiaron los grupos, los jóvenes y algunas de las experiencias, pero permaneció una misma idea: hacer del periodismo un espacio para aprender a mirar el territorio, comprenderlo y encontrar formas propias de contarlo.
Volver a aprender haciendo
En los primeros encuentros de 2026 hemos retomado esa idea de aprender el periodismo desde la práctica. Los estudiantes han realizado ejercicios de observación, lectura y escritura; han aprendido a identificar los elementos de una noticia y han comenzado a preguntarse cómo contar aquello que sucede a su alrededor.
Para Manuela Zapata, estudiante de noveno grado, estos encuentros también han abierto la posibilidad de pensar en el periodismo como una opción para el futuro: “siento que esto me puede servir mucho, porque sería muy bueno ser periodista. A mí me gustaría, porque es una profesión que me permite expresarme y mostrarles a las demás personas diferentes cosas desde mi propia manera de verlas”.

De la escuela al territorio
Para esta nueva etapa, contar con la Institución Educativa Escuela Normal Superior de Amagá como aliada resulta especialmente significativo. Su labor formativa trasciende las aulas y mantiene una estrecha relación con la vida del municipio, a través de procesos que buscan que sus estudiantes participen, comprendan su entorno y se reconozcan como parte activa de la comunidad. Esa vocación encuentra un punto de encuentro con lo que buscamos desde el Colectivo.
Lisney Andrea Zapata, docente de la institución y encargada de acompañar el proceso, lo expresa así: “el Colectivo es, en esencia, un puente entre la formación académica y la vida comunitaria, un espacio que nos recuerda que educar también significa escuchar y dar voz”.
Son apenas los primeros encuentros de esta nueva etapa. Vendrán nuevos ejercicios, historias y aprendizajes. Algunos de estos jóvenes quizá encuentren en el periodismo una profesión; otros llevarán lo aprendido a caminos distintos.
Por ahora, más de una década después de aquellos primeros colectivos, volvemos a comenzar en el mismo municipio donde nació esta historia. Una nueva generación se reúne alrededor del periodismo, observa lo que ocurre a su alrededor, hace preguntas y comienza a descubrir que el territorio que habita también puede ser contado con voz propia.
Y así, en EL SUROESTE seguimos siendo escuela.
Contenido publicado en la edición 220 de EL SUROESTE



