Los aprendizajes de un niño no se construyen únicamente en la escuela. También hacen parte de ellos las experiencias vividas en familia, los maestros que han acompañado su formación y aquellos momentos que permanecen en su memoria. Reconocer esas historias es el propósito de las Narrativas Pedagógicas y Familiares, una serie de investigaciones pedagógicas orientadas por el maestro Daniel Granados Rivera en la Escuela Normal Superior Amagá. En este ejercicio, cada estudiante reconstruye su propia historia con el acompañamiento de su familia. Esta vez conocemos la de Esteban Muñoz Arboleda, estudiante del grado 5.º B.
Soy Esteban Muñoz Arboleda, tengo 9 años y actualmente curso el grado 5.º B de básica primaria en la sede María Auxiliadora de la Escuela Normal Superior Amagá. Soy un niño muy activo, me gustan el deporte y el arte y, ante todo, llevar mi vida de la mano de Dios. Mi vida está basada en la espiritualidad y el amor al prójimo. Soy un niño lleno de sueños.
Nací el 4 de noviembre de 2015 en el municipio de Caldas, Antioquia. Vivo con mis padres, Nelson Muñoz, quien es pensionado debido a un accidente, y mi mamá, Liliana Arboleda, quien se dedica a oficios varios. Tengo un hermano mayor que se llama Santiago y practica motocross. Nuestra familia se caracteriza por ser amorosa, respetuosa y de mucha fe cristiana.
Como parte de esa fe, recibí el sacramento del bautismo el 15 de noviembre del mismo año en que nací, cuando tenía apenas unos días de haber llegado a este mundo. Fue en la parroquia San Fernando Rey de Amagá, un acontecimiento muy importante para mi familia, que profesa la religión católica. Mis padrinos son Sergio Álvarez y Viviana Álvarez, quienes junto a mi familia agradecieron por tenerme con ellos y por poder encaminarme por el camino del bien.
Inicié mi etapa escolar a los tres años en la guardería de la profesora Lucelly Cardona, ubicada en el centro poblado Camilo C. En esta etapa tuve la oportunidad de conocer distintos espacios donde aprendí muchas cosas y también disfruté momentos de diversión que me dieron las bases para comenzar el preescolar.
A mis cinco años inicié el preescolar en el Centro Educativo Rural Urbano Ruiz, en Camilo C. Fue un año de muchos retos, pues tuvimos que abandonar la escuela de manera presencial debido a la pandemia de covid-19 y realizar el trabajo desde casa, de manera sincrónica, asincrónica y por aforo.
Esto no fue un impedimento para aprender y compartir desde la distancia, detrás de una pantalla. Mi maestra fue Elizabeth Restrepo, quien marcó positivamente el comienzo de mi etapa escolar con su dedicación y vocación, enseñándonos el amor por el estudio y el esfuerzo que implicaba trabajar desde casa y en familia en medio de esta situación.
El grado primero también lo cursé en esta institución. Teníamos una sola maestra, Diana Parra, una profesora muy amorosa y entregada a su profesión, a quien recordaré siempre por sus buenos consejos y las experiencias vividas. Recuerdo con nostalgia la celebración de la Antioqueñidad, cuando compartimos con los maestros y los padres de familia.
Para cursar el grado segundo, mi familia se mudó al área urbana del municipio de Amagá. Mis padres decidieron entonces que entrara a estudiar a la Escuela Normal Superior Amagá, sede María Auxiliadora. Allí mi orientadora de grupo fue la maestra Lina Girleza Ramírez, quien se distingue por cualidades como su paciencia y versatilidad.
Los grados tercero y cuarto los cursé con la profesora Estrella Enith Montoya Usma como orientadora de grupo. Además, tuve la dicha de compartir con otros maestros que nos aportaron conocimientos y experiencias que han contribuido a mi proceso de formación.
Este año he tenido la oportunidad de contar con el maestro Daniel Granados Rivera como orientador del grado 5.º B y con las maestras Lina Girleza Ramírez, Leidy Yohana Mesa y Jady Yocasta Leudo Maturana, quienes han aportado a mi proceso de aprendizaje.
Entre los momentos valiosos que he vivido también está mi primera comunión, que recibí el 8 de diciembre de 2024 en la parroquia San Fernando Rey de Amagá. Mi catequista fue Gloria Usma, quien me guio en este proceso y me acompañó, junto con mi familia, a reafirmar mi fe.
La historia de Esteban permite reconocer cómo la familia, la escuela y los maestros han estado presentes en las distintas etapas de su crecimiento. Su recorrido también reúne experiencias que han transformado su manera de aprender, desde iniciar el preescolar durante la pandemia hasta cambiar de lugar de residencia y llegar a una nueva escuela, en un proceso en el que la fe, el acompañamiento familiar y sus experiencias escolares han ocupado un lugar importante.



