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Investigación de Daniel de Jesús Granados Rivera Maestro investigador, formador de formadores de la I.E.N.S.A. Magister en Educación en la línea de Formación de Maestros UdeA danielgranados1971@yahoo.es

Carlos Mario Velásquez, conocido en Támesis como “Mario Tigre”, es un educador cuya vida ha estado profundamente ligada al territorio, la historia y la escuela. Desde sus raíces campesinas en la vereda La Otrabanda hasta su formación como historiador y magíster en Educación, ha construido un camino marcado por la vocación docente, la investigación y el compromiso con las comunidades. Su trayectoria recoge no solo años de enseñanza, sino también apuestas por la memoria local, la innovación pedagógica y la construcción colectiva del conocimiento.

El maestro Carlos Mario es hijo de José Velásquez Cadavid, de origen campesino, y de Ana María Ramírez Botero, dedicada al hogar; ambos ya fallecidos. Nació en la vereda La Otrabanda, en el municipio de Támesis, conocida como “la tierra del siempre volver”. Creció en el seno de una familia numerosa, conformada por nueve hermano, seis hombres y tres mujeres. Hoy es padre de José y esposo de Johana Zapata.

Sus primeros acercamientos a la educación se dieron en el kínder de la maestra Lolita, en la vereda La Otrabanda; a quien recuerda por su vocación docente y por ser familiar de Rafaela Gómez, fundadora del pueblo. Así la evoca Carlos Mario: una maestra por vocación, más que por oficio. Posteriormente cursó la básica primaria en la Escuela Víctor Manuel Orozco y en la Escuela Rafael J. Mejía, y la educación secundaria en el Instituto Técnico Agropecuario de Támesis -ITA, donde obtuvo el título de bachiller agropecuario.

Su formación profesional es amplia y diversa: es licenciado en Educación Física, Recreación y Deportes del Politécnico Colombiano Jaime Isaza Cadavid, con sede en el municipio de Jericó; técnico en Gestión Empresarial; historiador de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín; y magíster en Educación, en la línea de Interculturalidad, de la Universidad Iberoamericana en Bogotá.

Carlos Mario, más conocido como “Mario Tigre”, inició su ejercicio docente como monitor de deportes entre 1995 y 2000 en el municipio de Támesis, bajo la administración municipal de la época. Más adelante se desempeñó como profesor de cátedra en el campo de la investigación universitaria, alternando esta labor con sus estudios de Historia.

En su camino hacia la docencia oficial, se presentó en dos ocasiones a concursos de mérito, pero renunció debido a la lejanía de los territorios asignados: San Pedro de Urabá y El Bagre, en el Bajo Cauca antioqueño. Entre 2007 y 2015 trabajó como docente provisional en la Institución Educativa San Antonio de Padua de Támesis, donde orientó procesos en la media técnica en turismo. De esta experiencia recuerda especialmente el registro de 12 rutas de ecoturismo construidas junto a sus estudiantes.

Su labor pedagógica también ha estado marcada por la innovación: ha desarrollado experiencias en cine del absurdo; participó en la fundación del periódico institucional El Samán, nombre inspirado en el árbol insignia de la institución; y ha sido autor de la monografía del municipio de Támesis en sus 150 años de historia. Asimismo, escribió el libro Los Iracundos, donde recoge aspectos historiográficos de la vida campesina local.

Durante aproximadamente 20 años fue columnista de la revista El Mirador del Suroeste y también participó en la revista institucional de la Institución Educativa San Antonio de Padua, en el marco de la conmemoración de sus 100 años de vida.

Además de su labor académica, ha contribuido a la planeación territorial, participando en la formulación de tres planes de desarrollo del municipio de Támesis entre 2012 y 2020, y como funcionario adscrito a la creación del banco de proyectos municipal.

Actualmente, como docente provisional bajo el Decreto 1278, en 2024 ha logrado gestionar, a través del Ministerio de las Culturas las Artes y los Saberes, aproximadamente seis proyectos. Entre ellos se destaca La escuela suena paz, ejecutado en la Institución Educativa San Antonio de Padua. También ha impulsado iniciativas orientadas a investigar los bajos niveles de atención sostenida en los estudiantes, señalando la ruptura entre cerebro, mano y papel como consecuencia del uso inadecuado de dispositivos tecnológicos, especialmente el celular. En esta misma línea, ha dado inicio al proyecto Támesis en colores, articulado a la enseñanza de la historia y patrocinado por la Asociación de Mejoras Públicas del municipio.

En el plano personal, recuerda que, cuando decidió estudiar Historia, su padre le cuestionó esa elección diciendo que “eso ya había pasado”. Sin embargo, fue su madre quien lo motivó profundamente, pues había participado en procesos de formación mediante la Escuela Radiofónica, utilizando el radio como herramienta educativa. A través de cartillas enviadas por correspondencia desde Bogotá, recibía formación en temas espirituales, urbanidad y educación para la mujer campesina en la década de 1960. Estas experiencias, desarrolladas en distintos momentos del día, combinaban lo que hoy se entendería como educación sincrónica y asincrónica.

También destaca la figura de Eladia Mejía González, una mujer tamesina dedicada a la instrucción pública y a la educación rural, fundadora de más de 146 escuelas en Colombia y Centroamérica.

Sobre su padre, recuerda con afecto el apodo de “El Tuerto Velásquez”, un hombre de apariencia ruda, como lo describía su esposa, pero con una voz extraordinaria que brillaba al interpretar melodías.

Finalmente, el origen de su propio apodo, “Mario Tigre”, se remonta a su infancia, cuando su hermano recibía ropa enviada desde Estados Unidos durante el gobierno de John F. Kennedy. En una ocasión, al usar un gabán siendo arquero y futbolista, su aspecto le valió ese sobrenombre que lo ha acompañado hasta hoy.

En ese recorrido, la vida de Carlos Mario da cuenta de un tránsito constante entre la educación, la historia y el territorio. Su experiencia como docente, sus iniciativas pedagógicas y su interés por la memoria local reflejan una práctica sostenida en distintos escenarios y momentos. Entre aulas, proyectos y escritos, su trabajo se inscribe en una apuesta por comprender y narrar el entorno desde la escuela, sin desligarse de las dinámicas y transformaciones del municipio.

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